La casa Ansorena pone a subasta seis litografías sobre papel que Maruja Mallo (Viveiro, 1902 – Madrid, 1995), la artista de la Generación del 27 tan de moda en este momento, editadas para una exposición dedicada a la pintora en 1979 en Madrid. Los dibujos originales se hicieron entre los años 20 y 30 del s. XX para varias portadas de la Revista de Occidente, la publicación cultural y científica fundada en 1923 por José Ortega y Gasset. El lote, que parte de los 3.000 euros, incluye las obras firmadas y justificadas 32/200 a lápiz en la parte inferior, así como dos viñetas creadas por la propia artista y un fotomontaje (estilo collage) que evoca su momento en las vanguardias.

Luis Pradillo, director de subastas de Ansorena y especialista en arte contemporáneo, detalla que estas litografías de Maruja Mallo tienen una historia detrás. «Están basadas en los dibujos originales que hizo para la Revista de Occidente y se editaron en el año 1979 para una exposición en la Galería Ruiz-Castillo, de la calle Fortuny de Madrid, que en ese momento dirigía Ana Vázquez de Parga», galerista casada con el pintor Joaquín Pacheco, gran especialista en Óscar Domínguez, al que expuso en la Galería Biosca en 1973.

El lote ya está pujado y cree Pradillo que lo más probable es que suba más, aunque con Maruja Mallo y sus pujas, detalla, nunca se sabe porque suele «alcanzar remates muy dispares, a pesar de que sale muy poca obra a la venta». No obstante, apunta la posibilidad de que ahora, con la exposición en el Museo Reina Sofía, «salgan más trabajos al mercado de esta autora. De hecho, el cliente que lo ha traído para subastar ha sido cauteloso a la hora de traerlas; sabe que está activa esta muestra en Madrid».

«Ella quería triunfar»

Maruja Mallo en su estudio de Madrid, mayo de 1936. @Maruja Mallo, VEGAP, Santander, 2024

Desde el punto de vista del mercado, estas piezas a subasta, que son evidentemente menores al lado de las pinturas que se han mostrado en el Museo de Arte Reina Sofía, son muy interesantes porque la figura de Maruja Mallo, «mitad ángel y mitad marisco», como la definía Dalí, está viviendo un momento de auténtico esplendor.

Es más, aquellos que la conocieron y trataron cuando regresó a España de su exilio en Buenos Aires aseguran que Maruja Mallo estaría feliz de estar arrasando, llenando salas de centros de arte, museos y auditorios de personas interesadas en su obra y en su personalidad y pensamiento. «Ella quería triunfar, así que estaría encantada de ver sus obras en el Reina Sofía y saber que hay personas esperando en la puerta para escuchar una conferencia sobre su obra», señalaba Estrella de Diego, catedrática de Historia del Arte y amiga de Maruja Mallo, en una reciente conferencia en el citado museo.

Y es que la pintora, que fue muy conocida durante los años 20 y 30 en España, y muy activa en la sociedad de entonces, está siendo ahora redescubierta por el gran público y también ampliamente reconocida por el sector y la crítica. «No podría saber la razón por la que esta figura de Maruja Mallo no ha llegado hasta al gran público, ya que ella era un personaje que, cuando regresa de Buenos Aires a España, se prodiga socialmente por todas partes, está en todos los saraos y, como digo, en la Galería Ruiz-Castillo le hacen una exposición muy puntera en aquellos años, estuvo con Paloma Chamorro en su programa, etc.», comenta Pradillo.

De todos modos, la resurrección de Maruja Mallo debería ser un ingrediente que empujara el precio de su obra en el mercado, aunque, como bien apuntan desde Ansorena, «es complicado saber cómo va a ser el remate de estas seis litografías», pero parece, de momento, complicado que supere las cinco cifras, como sí ha pasado con la reciente adquisición que ha hecho el Museo de Arte Reina Sofía. La pinacoteca estatal ha comprado Joven negra, una pintura realizada en 1948 durante su exilio argentino, por 300.000 euros, la compra pública más cara de 2025 y una cifra inusual para una obra de Maruja Mallo.

Una producción reducida en número, pero de calidad rotunda

Al redescubrimiento de la artista por parte de un amplio espectro de la sociedad actual, debemos sumar que la producción de Maruja Mallo es pequeña, lo que provoca que haya poca obra en el mercado. Los expertos en su pintura, como el galerista Guillermo de Osma, explican que trabajaba de una forma muy metódica, con mucha técnica y también lenta. Por tanto, su producción es escasa con respecto a otros artistas españoles, como podrían ser Picasso o Dalí, su amigo del alma en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid hasta que el surrealista marcha a París.

«Así es la obra de Maruja Mallo: reducida en número, pero de una calidad exigente y rotunda para expresar con un extremo rigor y en la composición de su mundo visual, de una profunda originalidad, en constante búsqueda, evolucionando a través de series. Su calidad plástica y su poderoso imaginario hacen de la artista una de las más interesantes y originales de su generación: la generación de Frida Kahlo, Georgia O’Keeffe, Remedios Varo, Amalia Peláez, Leonora Carrington, Ángeles Santos o Dorothea Tanning, etc.», expone Guillermo de Osma en el Catálogo Razonado de Maruja Mallo. 

En el mismo espacio, explica el galerista, que Maruja Mallo tenía «un muy alto concepto de su obra y era extremadamente puntillosa con el paradero de la misma. Dejó listados de sus obras con los nombres de sus coleccionistas, escritos o transmitidos verbalmente a gente de su confianza como su hermano Emilio Gómez, que se ocupó tanto de ella, su galerista Manolo Montenegro u otras personas». Entre los coleccionistas había nombres de Buenos Aires, como Norberto y Nicha Blumenzweig o Tota Atucha, condesa de Cuevas de Vera; de Chile, tiene obra el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo; y en EEUU, Winifred Dodge, George Wallenstein o Relly de Mollo, entre otros. Explica De Osma que las obras de estos coleccionistas son conocidas, algunas están en España y todas están identificadas gracias a las fotografías del Archivo, aunque varias siguen en paradero desconocido.

Los cuadros A y B de Maruja Mallo: una leyenda urbana

Maruja Mallo. Joven negra. 1948. Óleo sobre lienzo. 47 x 38,5 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

En algunos momentos, cuando se ha hablado de la obra de Maruja Mallo, se han llegado a conocer teorías de que la artista tenía cuadros A (buenos y auténticos) y cuadros B (los que hacía para comer y llegar a fin de mes). «Esta teoría, que he escuchado incluso en Buenos Aires, no tiene ningún fundamento. Conociendo la autoexigencia de Maruja hacia su obra, de compleja y lenta elaboración tanto intelectual como material, es impensable que hubiera realizado cuadros de segunda. Sólo hace falta ver el nivel de calidad que tienen los bocetos. Qué más quisiera un historiador, un coleccionista y no digamos, un galerista que hubiera cien o cientos de cuadros más de Maruja Mallo. Es muy difícil crear un mercado importante de una artista con tan poca obra», concluye Guillermo de Osma.

En este sentido, en una ocasión, durante una cena con un galerista español, este me confesó que una de las primeras obras de las que se había desprendido al heredar la colección de su padre pertenecía a Maruja Mallo. «Siempre me he arrepentido», se lamentaba, «porque, además, ya no podré recuperarla nunca».

@MaríaVillardón