La Organización Mundial de la Salud estima que más de 2.000 millones de personas sufren deficiencia de algún micronutriente. Estamos en la era del fitness, de la nutrición, de los suplementos y de la preocupación por el bienestar pero, paradójicamente, también en un momento donde la alimentación parece insuficiente. Cómo nos afecta o cómo podemos entender la respuesta de nuestro cuerpo para adelantarnos a esta falta de nutrientes son preguntas recurrentes a las que hemos dado respuesta de la mano de los expertos.
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El cuerpo es muy sabio y avisa antes de colapsar, pero en el camino podemos perdernos pequeñas señales que nos va dejando. Generalmente porque normalizamos situaciones de malestar que el propio organismo emplea como llamado de atención. Salena Sainz, farmacéutica con especialidad en dermatología, creadora de Annue Body Elixie y nutricionista fundadora de Naturae Nutrición, afirma que «en muchos casos, nos hemos acostumbrado a dar por hecho que tenemos un déficit, simplemente comparándonos con otra persona o por un texto leído e incluso simplemente porque hay un gurú de turno que nos asegura que nos falta por ejemplo magnesio». Pero estas causas van más allá.
La experta sitúa entre las más frecuentes el sentimiento de cansancio persistente y falta de energía mental, el hambre constante o antojos intensos, incluso después de comer, problemas digestivos (entre las que destacan hinchazón, digestiones lentas, diarrea o estreñimiento), el frío corporal, mareos o bajadas de tensión.

Incluso hay señales que resultan más evidentes, donde encontramos la caída del cabello, uñas frágiles o piel apagada, cambios de humor, irritabilidad, ansiedad o apatía. Y aquellas que pueden llegar a nuestra salud y que se manifiestan en forma de infecciones frecuentes o mala recuperación tras el ejercicio.
Estás, afirma Sainz, no suelen aparecer de golpe, «sino de forma progresiva y silenciosa». No por ello son indetectables. ¿Cómo podemos identificarlas y darles respuesta? Principalmente a través de reconocimientos médicos que permiten reconocer, de forma real, el estado en el que se encuentra cada persona. «En mi caso es fundamental siempre valorar con una analítica en cada paciente para ver que verdaderamente existe un déficit, ya que la tomar suplementos a ojo puede traer consecuencias igual de negativas que ciertas carencias», subraya.

Cada caso es individual
No todas las personas necesitan las mismas concentraciones de los nutrientes para sentirse funcionales. Por tanto, «como hemos dicho en otras ocasiones, siempre es fundamental personalizar». Según Salena Sainz, podemos seguir este orden para identificarlo y darle respuesta:
- Escucha el patrón, no un síntoma aislado: ¿se repite?, ¿empeora?, ¿coincide con cambios en la dieta o el estrés?
- Revisa la calidad de la alimentación, no solo las calorías: variedad, densidad nutricional, presencia de alimentos reales.
- Valora digestión y absorción: no basta con comer bien si no la digerimos bien.
- Analítica bien interpretada, no sólo “dentro de rango”, sino funcional.
- Ajusta primero con comida y hábitos (sueño, estrés, ritmos).

Un déficit prolongado afecta a la salud general
El problema de tener una mala nutrición no es algo de lo que se centre solo en el corto plazo. Cuando la falta de nutrientes se da de forma continuada, los efectos pueden afectar al sistema inmunitario de forma irreversible. Los déficits prolongados, explica Sainz, «pueden incluso afectar al sistema inmunitario, siendo más débiles ante un posible ataque vírico, bacteriano o incluso a desarrollar una patología de alteración hormonal o de cualquier sistema como el digestivo, reproductivo o circulatorio». Por tanto, lo primero en lo que debemos centrarnos es en cubrir nutricionalmente todas las necesidades a través de la alimentación.

Lo que ocurre cuando este déficit es prolongado es qe el cuerpo entra en modo supervivencia: «reduce el gasto energético, prioriza órganos vitales y deja «para después» piel, cabello, hormonas o sistema inmune. aumenta la inflamación de bajo grado, se altera la señalización hormonal (saciedad, hambre, estrés), aparecen desequilibrios metabólicos como la resistencia a la insulina, fatiga crónica o desregulación del apetito».
Identifica el síntoma para encontrar la causa
Como mencionábamos anteriormente, hay muchas formas en las que el déficit nutricional se manifiesta: «Existe mucha variabilidad según cada paciente, su genética, su entorno, ya que cada persona puede expresar un déficit de forma diferente». Y, aunque no exista un patrón cerrado que explique cada caso, sí que hay ciertas carencias generales que se reconocen con más facilidad. «Ciertos déficits como por ejemplo el del hierro nos puede orientar a patología digestiva como intolerancia al gluten o incluso la celiaquía», apunta. De forma resumida:
- Proteínas: fatiga, pérdida muscular, mala recuperación. Huevos, pescado, legumbre bien preparada, lácteos fermentados.
- Hierro: cansancio, caída del cabello, falta de aire . Carne roja de calidad, legumbre + vitamina C, pescado.
- Magnesio: calambres, ansiedad, mal descanso. Verduras verdes, cacao puro, frutos secos, semillas.
- Omega 3: inflamación, piel seca, dificultad de concentración. Pescado azul pequeño, nueces, semillas de lino o chía.
- Vitaminas del grupo B: apatía, niebla mental . Huevos, legumbres, cereales integrales reales, vísceras.
- Zinc y selenio: inmunidad baja, problemas hormonales. Marisco, pescado, frutos secos, huevos.

Los suplementos no son la respuesta general
Como respuesta automática y dado el auge de los suplementos, seguramente la respuesta automática a estas carencias sea recurrir a los suplementos alimenticios, pero esta no es siempre la mejor opción. En estos casos, Sainz señala que la clave se encuentra en la búsqueda de una correcta nutrición, «un planteamiento personalizado bien orientado cubre por encima de las necesidades del paciente». Pero siempre hemos de estar pendientes de sintomatología, y hacer estudios que nos puedan referir necesidades especiales como las que comentamos a continuación.

Esto no quiere decir que los suplementos no puedan ser el camino correcto, de hecho, esa sería necesaria cuando hay déficits confirmados, existen problemas digestivos o de absorción, el gasto es elevado (estrés, deporte intenso, embarazo) o la dieta ha sido restrictiva durante mucho tiempo. «Tomar suplementos sin criterio no corrige el problema de fondo y puede enmascarar síntomas» añade Salena Sainz.
