Empieza la primera semana de enero y con ello toca hacerse a la idea de volver al trabajo, hacer frente a la rutina y, junto a ello, cumplir con un listado de to do’s que han ido creciendo bajo el nombre de nuevos propósitos a medida que avanzaba el año. Justo en el momento donde más energía y ánimo se necesita, parece que esta se disipa para dar paso en su lugar a una sensación de impotencia y ansiedad que afecta corporal, personal y anímicamente. Los expertos denominan a esta sensación la depresión blanca y hemos consultado con ellos de qué se trata y cómo podemos hacerle frente.
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No es ningún secreto el hecho de que volver de vacaciones cuesta: rehacernos a los hábitos, los madrugones… Casi nos queda a la vuelta de la esquina el retorno de las vacaciones de verano, que al ser más extensas y de mayor desconexión que las navideñas pensamos que van a ser mucho más difíciles de afrontar. O eso parecía, porque en este punto la teoría no sigue a la práctica y lo que en principio debería ser una vuelta más orgánica tras la temporada navideña acaba siendo una cuesta arriba mucho mayor.
Depresión blanca: qué es y causas
Se conoce como la cuesta de enero, aunque en términos psicológicos lo más apropiado es hablar de la depresión blanca. Laura Mansell Rodríguez, Psicóloga General Sanitaria en ASPACE Cantabria, la define como «un término que se emplea a nivel popular para hacer referencia a un estado de ánimo temporal triste o melancólico que suele surgir en fechas señaladas por diferentes motivos», que se desarrollan tanto durante como tras las vacaciones de Navidad.

Estos motivos, continúa, pueden ser unas expectativas poco realistas sobre cómo «tendrían que ser» las navidades, o acentuando emociones como la soledad y la tristeza que pueden caracterizar procesos de duelo de aquellos seres queridos que ya no están para sentarse junto a nosotros en la cena de Navidad. Pero es importante señalar que en ningún caso se trata de una patología clínica en sí misma, puesto que la depresión va mucho más allá de una situación momentánea de tristeza, que es lo que atañe en estos casos.
«Dentro de la depresión mayor recurrente, existe lo que conocemos como Trastorno Afectivo Estacional (conocido popularmente como depresión estacional)». Se trata de un trastorno afectivo caracterizado, entre otras cosas, «porque los episodios depresivos tienden a reaparecer en la misma época del año, ya sea con patrón de invierno o de verano».

Si bien es cierto que Laura Mansell puntualiza que estos trastornos surgen con mayor tendencia en invierno «dado que hay factores que afectan más al estado de ánimo, como puede ser la disminución de horas de luz a lo largo de los días. Ello no quiere decir que la propia estación sea la causa de la depresión, simplemente indica a una tendencia a reaparecer en un momento determinado del año sobre el que influyen diversas variables».
El síndrome post-vacacional
¿Echamos de menos las vacaciones o no queremos hacer frente a la vida laboral? Es una de tantas preguntas que el primer día de oficina se repiten una y otra vez. En palabras de Laura Mansell, el síndrome postvacacional del que tanto se habla cuando tenemos que reincorporarnos tras haber estado de vacaciones, «no es otra cosa que una respuesta adaptativa temporal». «Podemos experimentar algo de malestar emocional, fatiga, o incluso problemas de sueño en lo que volvemos a una rutina mucho más exigente, demandante y menos atractiva para nosotros que la idea de poder estar asumiendo menos responsabilidades y pudiendo descansar».
Se trata de una respuesta emocional temporal que desaparece con el paso de los días. «En aquellos casos en los que esta sintomatología no desapareciera en el tiempo indicado, sería recomendable buscar asesoramiento psicológico, pues pudiera ser indicativo de que hay algo más sobre lo que se debe trabajar».
¿Afecta el tipo de trabajo que tengo?
Respecto a si las personas sufrimos mayor malestar emocional postvacacional en función de si trabajamos de forma individual, o colectiva, Laura Mansell sentencia que «no tengo evidencia de que esta sea una variable relevante». Ahora bien, «lo que sabemos es que dicha intensidad depende más del ambiente laboral, la satisfacción personal y la exigencia de las tareas. Siempre cuesta menos volver a un entorno laboral sano, en el que uno puede desempeñar su rol de forma satisfactoria y donde las expectativas puestas sobre el trabajador son realistas con los recursos existentes», apunta.

Después de la marcha, llega el cansancio
De igual manera que decimos que después de la tormenta llega la calma, cuando venimos de un mes donde las celebraciones y la vida social hacen del ocio nuestra prioridad, al parar notamos cierto bajón traducido en forma de cansancio. Recuperar el sueño en estos momentos no es tarea fácil, porque el cuerpo está desajustado por horarios irregulares, exceso de estímulos, alcohol y comida pesada.

Un error común que desde la National Sleep Foundation recomienda no seguir es el de pegarnos grandes atracones noctámbulos, durmiendo hasta 12 horas al día. Lejos de ayudarnos a sentirnos más descansados, lo que hará es que no consigamos regular el sueño y tengamos una mayor sensación de fatiga al afrontar un nuevo día. Por el contrario, ve ajustando la hora de acostarte y de levantarte entre 15 y 30 minutos cada día hasta volver a tu rutina normal. Además, reserva estas horas de dormir a la noche y no durante el día.
Un consejo para poder hacerlo es intentar ajustar tus ritmos de sueño a la fase solar, así como tratar de recortar las siestas, de modo que el núcleo de tu descanso quedará concentrado a las horas de sueño durante la noche. Por supuesto, si te cuesta dormir, trata de reducir o reprogramar las horas de tomar el café.

La cuesta de enero
Conocemos también de sobra esta expresión: la cuesta de enero. Podríamos bien asociarla al cansancio que mencionamos anteriormente, pero en este caso su acepción financiera también nos ayuda a explicar por qué sentimos más estrés en estos meses. Ese pequeño empujón económico que tenemos que hacer cuando el bolsillo exige más gasto de la cuenta por los regalos y comidas navideñas y la apertura de la temporada de rebajas. Y la capacidad financiera afecta más de lo que pensamos a la salud mental.

Sin ir más lejos, un estudio realizado el año pasado por Miravia revelaba que el 75 % de los jóvenes encuestados afirmaba que la cuesta de enero afecta a su salud mental. Incluso un 66 % afirmó haber experimentado ansiedad asociada a preocupaciones económicas.
Aquí el secreto es la prevención, un trabajo que debería comenzar unos meses antes de la llegada del mes y que consistiría en reservar una pequeña cantidad de ingresos para que la cuesta de enero esté menos inclinada. Y, más aún, para que esta no se sume a la lista de piedras que llevamos sobre la mochila en este mes.
La importancia de las metas
Fijarse metas a nivel tanto personal como laboral, es positivo para mejorar cualquier estado de ánimo deprimido, «pues a menudo cumplirlas va a requerir de lo que llamamos activación conductual», apunta Laura Mansell. «Las metas serán positivas siempre y cuando las expectativas que creemos y que nos propongamos sean realmente alcanzables. Cuando las expectativas fijadas son poco realistas, o inasumibles, es cuando pueden tener un efecto negativo sobre nuestra autoestima y nuestra salud mental», matiza.
