Tal es la afición de Sydney Sweeney por los coches que la actriz de La asistenta se lanzó hace un par de años al mundo del motor con una colaboración con Ford para crear una colección de ropa de trabajo (muy COOL) para mecánicos (de ahí la foto que abre este artículo). La línea, fabricada por Dickies, se inspira en su infancia en una familia de mecánicos en Spokane y en el Mustang de 1965 de su familia, apodado Britney. La primera edición se agotó en pocas horas (¡y no nos extraña!). Recordamos esta campaña y los coches que ama.
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Ford F100 (1956)
Su amor por los clásicos nació con el Ford F100 de su bisabuelo y cuentan que, desde antes de sacarse el premiso de conducir, era una gran mecánica, gracias a su madre. Esta creación es uno de los grandes clásicos de la casa norteamericana y se le conoce por su diseño robusto y mejoras mecánicas, ofreciendo opciones de motores V8 potentes.

También muestra un parabrisas panorámico y, además, fue el primer año con cinturones de seguridad opcionales, destacando por su durabilidad y atractivo estético, mezclando estilo clásico con potencia fiable para su época. Sus líneas curvas hablan de un diseño que hemos podido ver en muchas películas clásicas ambientadas en la década de los 60 y supuso una evolución para la marca en cuanto a imagen.

Ford Mustang ‘Briney’ (1965)
Este ejemplar es el sueño de muchos y ha sido elemento central en varias de nuestras películas favoritas. Básicamente, Sydney Sweeney tiene un auténtico tesoro en su garaje, al que bautizó como Britney. Su diseño deportivo presenta unas proporciones muy equilibradas, con un capó largo y una parrilla frontal enmarcada por el emblema del caballo al galope.

De la paleta de colores que se podían haber escogido, es el tono Brittany Blue, un azul claro y luminoso propio de la paleta original de la época. El interior es bastante sobrio, con asientos de cuero en negro, con una disposición pensada para que la conducción diaria sea cómoda. Su interior cuenta con un motor V8 de seis cilindros, algo que le hace rugir como los amantes de los coches saben. Una creación que representa la libertad, juventud y espíritu deportivo en la América de los años sesenta.
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Fiat 500 Jolly Sky‑Blue (1975)
La inspiración se basa en el Fiat 500 clásico, de finales de los años cincuenta y sesenta, con una carrocería abierta que tiene ausencia de puertas. A cambio de estas, pusieron cuerdas laterales y una lona de techo plegable, que refuerza mucho su carácter veraniego y despreocupado. El interior cuenta con asientos de mimbre y el concepto minimalista habla por sí solo. Mecánicamente, mantiene el pequeño motor trasero refrigerado por aire, suficiente para desplazamientos tranquilos en entornos urbanos o costeros. En definitiva, una creación para vivir la dolce vita. Seguro que Sydney Sweeney lo sabe disfrutar y tiene los estilismos adecuados para pasearse en él.

Ford Bronco Cherry‑Red (1969)
En rojo, al igual que el primer modelo del que hablábamos, este refleja la evolución deportiva de la marca y despide las líneas curvas, abrazando una estética más recta, con una clara vocación aventurera. El interior es sobrio a la vez que práctico, con mandos grandes, instrumentación esencial y materiales resistentes pensados para un uso exigente tanto en carretera como fuera de ella. En cuanto al apartado mecánico, ofrece un motor de seis cilindros en línea o, lo que ahora sería un V8, junto a sistemas de tracción total y suspensiones preparadas para terrenos difíciles, lo que hace que sea un vehículo versátil y perfecto en cualquier tipo de camino.

