Víctor Naranjo sobre la empresa de tortillas que ya factura 7 millones: «María Pombo es socia fundadora»
Lo que empezó como una idea ligada al universo digital ha terminado convirtiéndose en uno de los negocios gastronómicos más sólidos del momento. La Martinica, la marca de tortillas fundada por María Pombo junto a sus socios, se ha consolidado en tiempo récord como un caso de éxito dentro (y fuera) del delivery. Víctor Naranjo, socio del proyecto, desvela las claves del triunfo.
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La Martinica fue creada en 2021 y en tan sólo cinco años ya ha alcanzado una facturación anual de 7 millones. Desde el inicio, María Pombo ha estado implicada en el negocio como socia fundadora, explica Víctor Naranjo, socio del proyecto, durante su intervención en el podcast Spinoff, donde desgrana las claves del crecimiento de la compañía.
María Pombo parte esencial de ADN
Naranjo subraya que María Pombo es parte esencial del ADN de la marca. No se trata sólo de una cara visible, sino de una apuesta empresarial con visión a largo plazo. «Pablo Castellano es uno de mis amigos más personales, y María entró a través de él».
Uno de los grandes retos de La Martinica ha sido demostrar que la calidad también puede escalar. «La calidad se puede escalar», afirma Naranjo con rotundidad. Eso sí, matiza: «Primero, no hay que equivocar. Estandarización con industrialización. Una cosa es calidad de ingredientes y otra cosa es la calidad de consistencia. Para mí es calidad».
Esa obsesión por mantener la esencia ha tenido resultados medibles. «Teníamos una reunión con Glovo. Nos decían que tenemos un índice altísimo de recurrencia», cuenta el socio, poniendo el acento en un dato clave en el negocio del delivery: quien prueba, repite.
La tortilla como recuerdo, como identidad y como icono emocional
Pero detrás de los números también hay emoción. «He probado La Martinuca y me ha recordado la tortilla de mi padre, que falleció hace un mes», confiesa Naranjo, en uno de los momentos más personales del podcast. Una declaración que conecta con el discurso que la marca ha defendido desde el principio: la tortilla como recuerdo, como identidad y como icono emocional. Por cierto, tienen una gran variedad, con chorizo, con y sin cebolla…
El salto de lo digital a lo físico no estuvo exento de vértigo. «Qué vértigo», dice, recordando el momento en el que La Martinuca decidió abrir locales propios y dejar de ser exclusivamente una marca nacida en las plataformas.
Y si el crecimiento nacional ya es una realidad, la ambición va mucho más allá. «La idea es llegar a Nueva York», adelanta Naranjo, convencido de que la tortilla española puede cruzar el charco.
El objetivo, insiste, es colectivo: “Nuestro propósito es claro: elevar la tortilla a icono mundial».
Una filosofía que explica por qué La Martinuca no sólo vende tortillas, sino que está construyendo algo mucho más grande: una marca con relato, con memoria y con ambición internacional.