Hay cifras que invitan a la reflexión. Y luego está la de 100.000 € para celebrar San Valentín. Con ese presupuesto puedes regalar (o autorregalarte) un Rolex Daytona de acero, un Porsche 911 de segunda mano en perfecto estado, un SUV premium nuevo con todos los extras, una vuelta al mundo en business sin mirar escalas o incluso la entrada de un apartamento en una buena zona de Madrid… O puedes hacer algo mucho más irracional (y, precisamente por eso, mucho más inolvidable): cerrar simbólicamente el hotel de Barcelona más top para que el amor sea el único huésped.
- Un San Valentín para sibaritas: dulces, vinos y experiencias que enamoran
- Regala tiempo, belleza y bienestar: ideas para San Valentín y celebrar el amor
Eso es exactamente lo que propone el Majestic Hotel & Spa Barcelona con L’Amour Majestic, una experiencia creada para una sola pareja en el mundo y cuyo precio parte de los 100.000 €. No por noche. Por tres días diseñados como una obra a medida.

Cuando el lujo deja de ser objeto y se convierte en historia
Madrid ya ha demostrado que sabe disparar el termómetro del lujo cuando la ocasión lo merece. Durante la visita de Taylor Swift, el Rosewood Villa Magna se convirtió en uno de los epicentros más exclusivos de la capital, con suites que superaban ampliamente los 20.000 € por noche y experiencias privadas diseñadas para una clientela internacional dispuesta a pagar por estar en el centro de la escena.
Algo similar ocurrió con la llegada de la NFL, que tensionó el mercado hotelero cinco estrellas hasta cifras que rozaban los 15.000 y 18.000 € por noche. Barcelona, sin embargo, ha decidido que no necesita un concierto ni un evento deportivo para justificar el exceso. Basta una fecha: 14 de febrero.
Rolls Royce, alfombra roja y la suite más grande de la ciudad
La experiencia comienza con una llegada en Rolls Royce al Paseo de Gracia. Alfombra roja, acceso privado y ascenso directo a la Majestic Royal Penthouse, la suite más grande de Barcelona, con 467 metros cuadrados y dos terrazas panorámicas que dominan la ciudad.
El espacio no se entrega tal cual: se interviene según los gustos de la pareja. Flores seleccionadas a medida, velas artesanales, atmósfera personalizada. Un perfumista crea una fragancia exclusiva que solo existirá para ellos y un compositor firma una pieza musical original que se convierte en banda sonora de la estancia. Todo acompañado por servicio de mayordomo permanente.

Una azotea cerrada al mundo
La icónica terraza La Dolce Vitae se cierra para ofrecer una cena privada bajo las estrellas. Barcelona se despliega a sus pies: Sagrada Familia, Casa Batlló, Torre Glòries iluminando el horizonte.
El chef ejecutivo David Romero diseña un menú degustación exclusivo para esa noche, con maridaje seleccionado al detalle y música en directo. Y, porque cuando uno invierte seis cifras en San Valentín lo mínimo es querer certezas, la velada culmina con la lectura del futuro de la pareja a cargo de un astrólogo. Romántico, teatral y ligeramente excesivo.
Un spa sin huéspedes (sólo los enamorados)
Al día siguiente, el área Spa & Wellness del hotel se cierra por completo. Ritual privado, masaje sincronizado a cuatro manos y tratamientos faciales con firmas catalanas de alta cosmética como Natura Bissé y Alqvimia convierten el espacio en un santuario urbano reservado exclusivamente para dos.
La experiencia continúa fuera del hotel con acceso privado, fuera de horario, a un icono cultural de Barcelona (aún por concretar), visita guiada incluida y cena servida in situ por el equipo de Majestic Catering.

El recuerdo final tampoco es estándar: álbum fotográfico encuadernado a mano, la fragancia irrepetible creada durante la estancia e invitación prioritaria vitalicia a futuras experiencias del hotel.
Volvamos a la pregunta inicial. Con 100.000 € puedes comprar un coche. Un reloj que pase de generación en generación. Una colección de piezas de alta joyería. Incluso podrías financiar varias escapadas de lujo durante años. Pero ninguna de esas opciones te garantiza algo que el Majestic sí promete: ser, durante tres días, la única historia que importa.
