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Miriam Hernández: la guardiana del Ajo Fino en el corazón de Chinchón

miriam hernandez restaurante
(Foto: La Casa del Pregonero)
  • Nacho Sandoval
    • Actualizado:

Hay lugares que no se visitan, se sienten. Y hay personas que no sólo cocinan, sino que custodian la memoria de un territorio con una lealtad inquebrantable. En Chinchón, esa plaza circular que parece detener el tiempo entre balconadas de madera y aroma a anís, habita una mujer que lleva el oficio grabado en el ADN. Hablar de Miriam Hernández es hablar de hostelería, de familia y de una cocina que, lejos de ser estática, late con la fuerza de quien conoce sus raíces para poder volar alto.

Miriam nació en el Madrid de finales de los setenta, pero su alma es chinchoneta por los cuatro costados. Se crió entre los muros de piedra y las cuevas del Mesón Quiñones Cuevas del Murciélago, ese bastión histórico que ya celebra más de medio siglo de vida. Allí, sus padres, María Jesús y Jesús, junto a sus hermanas, levantaron un imperio de hospitalidad en un edificio del año 1800 que fue el último cuartel de los Caballeros Quiñoneros. Esta institución, creada por nobles segovianos para velar por la seguridad de la zona frente a las incursiones árabes, ya aparecía en las crónicas del Cantar de Mío Cid. Por eso, aunque Chinchón geográficamente mire a Toledo, su paladar es segoviano y castellano. De ahí bebe Miriam: del asado, del fuego y de la sobriedad elegante de Castilla.

miriam hernandez entrevista
(Foto: Nacho Sandoval y Miram Hernández)

Una vocación forjada en el servicio y la superación

El destino de Miriam no fue una imposición, sino un poso que fue calando. Todo comenzó a los siete años, cuando sus padres la pusieron a ayudar junto a sus hermanos, Jesús y Rubén. Aquella niña que montaba mesas aprendió pronto que la hostelería es, ante todo, servicio. Con el tiempo, pasó por las partidas de ensaladas y postres, pero su curiosidad la llevó fuera del delantal: estudió Administración de Empresas, posteriormente estudió Turismo y se especializó con un máster en gestión empresarial y otro en recursos humanos. Miriam se preparaba para dirigir, sin saber que la vida la llamaría de vuelta a los fogones por el camino más difícil.

En 1990 la familia abrió la Terraza Los Huertos, un refugio estival que las lluvias torrenciales de 1992 destrozaron. Tras la reforma de 1994, Miriam se forjó allí hasta 2008. Pero el punto de inflexión llegó con La Casa del Pregonero. Inaugurado en 2002 en la casa del último pregonero de la villa, el restaurante estaba liderado por su hermano Jesús. La tragedia golpeó con su fallecimiento en 2005. Ante el vacío y el deseo familiar de cerrar, Miriam decidió que el homenaje a su hermano sería mantener encendida su cocina. Mientras él estaba ingresado, le daba las pautas de gestión; ella escuchaba y sentía cómo el veneno del fuego la atrapaba. En 2008 tomó el mando definitivo, combinando la dirección de los tres negocios familiares con una creatividad que empezaba a despuntar.

la casa del pregonero
(Foto: Nacho Sandoval)

La Cruzada por el Ajo Fino: oro blanco de Chinchón

Si algo define la madurez gastronómica de Miriam Hernández es su obsesión, en el mejor de los sentidos, por el producto que define su identidad: el Ajo Fino de Chinchón. No es un ajo cualquiera; es un bulbo que encierra la bravura del clima castellano y la mineralidad de su tierra. Sin embargo, este tesoro corría el riesgo de desaparecer, diluido por variedades foráneas más rentables, pero menos profundas.

Desde 2017, Miriam lidera un proyecto de recuperación en colaboración con el IMIDRA (Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario). No es una labor cosmética; es ciencia aplicada a la tradición. El objetivo es recuperar la simiente original, una tarea que requiere años de selección y cultivo controlado.

«El Ajo Fino es nuestra bandera. Es más pequeño, pero su potencia es inigualable», afirma Miriam. «Recuperar la semilla es asegurar que las futuras generaciones de cocineros tengan un lenguaje propio en sus platos».

miriam hernandez la casa del pregonero
(Foto: Nacho Sandoval y Miram Hernández)

Las características de un producto único

El trabajo de Miriam con el IMIDRA se centra en poner en valor las diferencias organolépticas de esta variedad:

  • Intensidad: es notablemente más picante y sabroso que el ajo común.
  • Concentración: posee una mayor cantidad de alicina, lo que potencia sus propiedades beneficiosas.
  • Persistencia: su aroma es limpio y largo en el paladar, fundamental para los guisos de cocción lenta.

En su cocina en La Casa del Pregonero, el ajo deja de ser un actor secundario para convertirse en protagonista. Miriam ha desarrollado técnicas para domar su bravura: desde confitados a baja temperatura que transforman el diente de ajo en una mantequilla sedosa, hasta espumas y aceites esenciales que perfuman sus reinterpretaciones del recetario tradicional. Su meta es que, en un par de años, el Ajo Fino de Chinchón se comercialice con una marca de calidad que proteja al agricultor local y garantice al consumidor un producto de excelencia.

miriam hernandez
(Foto: Nacho Sandoval)

El legado de una embajadora

En 2019, Miriam Hernández hizo historia al convertirse en la primera mujer embajadora de la marca M Producto Certificado. Este reconocimiento no fue casual; es el resultado de años apoyando el producto de proximidad, desde los aceites de la zona hasta los vinos de la D.O. Vinos de Madrid. Su formación con grandes como Mario Sandoval en Coque, Darío Barrio o en la Escuela Hofmann le dio la técnica, pero su corazón siempre ha estado en la despensa madrileña.

Comer hoy en La Casa del Pregonero es asistir a un diálogo entre siglos. Es una cocina chinchoneta que abraza al turista pero que no olvida al vecino. Miriam sigue viajando, recorriendo la geografía española para aprender de otras tradiciones, porque sabe que para innovar hay que ser una eterna alumna de la cocina popular.

la casa del pregonero ajo fino
(Foto: Nacho Sandoval)

Un futuro con aroma a tradición

La apuesta de Miriam Hernández por el Ajo Fino es, en realidad, una apuesta por la supervivencia del entorno rural. Al trabajar mano a mano con los investigadores, está creando un modelo de negocio donde la gastronomía es el motor de la agricultura. Es la H de Hostelería unida a la T de Territorio.

Si pasan por Chinchón, busquen la casa donde vivió el último pregonero. Allí encontrarán a una mujer que, entre el recuerdo de su hermano Jesús y el aroma de los ajos recién recogidos, sigue escribiendo la crónica de una cocina que no tiene miedo a actualizarse porque sabe exactamente de dónde viene. Miriam Hernández no sólo cocina; ella hace que Chinchón sepa a gloria, protegiendo aquello que nos hace únicos.