Granada es una de esas ciudades que parecen hechas a medida para una escapada de fin de semana, y cuando se combina con la cercanía de Sierra Nevada, el plan se vuelve simplemente irresistible. A los pies de la Alhambra y con la montaña nevada visible en el horizonte durante el invierno, la ciudad ofrece una mezcla única de historia, cultura, gastronomía y naturaleza. Llegar a Granada es sumergirse en un ambiente acogedor, con barrios llenos de vida, tapas generosas y una luz especial que invita a pasear sin prisas. Desde aquí, en apenas 40 minutos, se alcanza Sierra Nevada, lo que convierte el destino en una opción ideal tanto para quienes buscan relax como para los amantes del deporte y la aventura. ¡Te compartimos nuestro itinerario perfecto!
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Día 1: Historia, miradores y rituales de relax
La visita a la Alhambra es imprescindible y merece su tiempo. Pasear por sus palacios nazaríes, patios silenciosos y jardines es un viaje en el tiempo que nunca decepciona. Después, el plan continúa en el Albaicín, un barrio que se descubre mejor perdiéndose. Calles empedradas, casas blancas y rincones con encanto llevan hasta miradores menos conocidos, como el mirador de Albarracín, perfecto para ver caer el sol sobre la ciudad sin multitudes.
Para cerrar la tarde, nada como un momento de auténtico relax en un hammam árabe. Agua caliente, aromas suaves y silencio absoluto para resetear cuerpo y mente. Y si aún queda energía, una parada en una tetería tradicional del Albaicín como Kasbah o Tetería Palacio Nazarí, entre cojines, faroles y té especiado, es el broche ideal.

Cena estrella Michelin en Faralá
La noche pide algo especial, y ahí entra en escena Faralá, restaurante con estrella Michelin. Su menú degustación es una experiencia en sí misma: cocina andaluza reinterpretada con técnicas actuales, productos de temporada y platos que sorprenden tanto por sabor como por presentación. Cada pase está pensado para disfrutarse sin prisas, con una narrativa cuidada que va de lo sutil a lo intenso, y un final dulce que deja huella. Una cena perfecta para celebrar el viaje. Al terminar la cena cambiamos de escenario y subimos a Sierra Nevada. En apenas 40 minutos, el paisaje urbano da paso a la alta montaña.

Día 2: Rumbo a Sierra Nevada, nieve y vistas infinitas
Tras el desayuno, toca ir a la estación de esquí más meridional de Europa, la cual ofrece pistas para todos los niveles, desde debutantes hasta expertos. Borreguiles concentra el ambiente más animado, mientras que las zonas altas regalan descensos largos y panorámicas espectaculares.
Aquí no es raro cruzarse con la jet set y algunos famosos, atraídos por la calidad de la nieve, el ambiente exclusivo y unas vistas difíciles de igualar. En días despejados, desde lo alto se puede llegar a ver el mar Mediterráneo, un contraste único que convierte cada bajada en una experiencia memorable.
Día 2: Dormir a pie de pista en el Meliá Sierra Nevada

El día termina en uno de los alojamientos más deseados de la estación: el Meliá Sierra Nevada. Dormir a pie de pista es un auténtico lujo que marca la diferencia. Tras una jornada intensa, el spa del hotel se convierte en el mejor aliado para relajar músculos, mientras que la oferta gastronómica del Meliá combina calidad y variedad, con espacios acogedores para desayunar, comer o cenar sin necesidad de desplazarse. Habitaciones amplias, vistas a la montaña y una atmósfera cálida hacen que el descanso sea tan protagonista como el esquí. Todo está pensado para ofrecer comodidad, descanso y una experiencia de montaña con un toque de lujo.
