Una vieja gofrera doméstica, olvidada durante décadas, es hoy una de las piezas más fotografiadas del diseño deportivo. No está en un museo tecnológico ni en una sede corporativa de Oregón, sino en Madrid, como corazón simbólico de la exposición «Nike. Diseño en movimiento», abierta en TeamLabs/. Allí comenzó todo: el origen casi artesanal de una marca que acabaría conquistando el mundo.
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La muestra propone algo más que nostalgia sneaker. Es un recorrido por cómo el diseño, la experimentación y el error pueden cambiar la cultura global. Y lo hace desde el principio, cuando Nike aún no se llamaba Nike. A finales de los años sesenta, Bill Bowerman, entrenador de atletismo de la Universidad de Oregón, buscaba desesperadamente mejorar el agarre de las zapatillas de sus atletas. Las pistas habían cambiado, el rendimiento bajaba y Bowerman no era de los que se resignaban.
La anécdota ya es legendaria: un desayuno de domingo, una gofrera sobre la mesa y una idea inesperada. Bowerman vio en el molde de los gofres la estructura perfecta para crear una suela con tacos. Vertió caucho, falló, lo intentó de nuevo y volvió a probar. Ensayo y error puro, sin plan de negocio ni estrategia de marketing. De aquella cocina nació la famosa suela Waffle, todavía reconocible hoy en muchas deportivas.

Esa gofrera original abre el recorrido de la exposición. A su alrededor, más de 175 piezas cuentan la evolución de Nike desde sus primeras Moon Shoe hechas a mano en 1972 hasta los prototipos creados con inteligencia artificial en 2024 para atletas de élite. El visitante entiende rápido que Nike no es sólo una marca deportiva, sino un laboratorio cultural en permanente movimiento.
La exposición bebe directamente del Department of Nike Archives (DNA), un archivo normalmente cerrado al público donde diseñadores e historiadores rastrean el pasado para construir el futuro. Desde allí llegan bocetos originales de Tinker Hatfield, prototipos del sistema Nike Air, piezas de investigación biomecánica y modelos icónicos como las Air Jordan, que consolidaron la fusión entre deporte, estética y cultura urbana.

Pero el relato no se limita al rendimiento. A lo largo de las tres plantas del edificio –la histórica Casa de las Alhajas, recuperada ahora como espacio creativo– se despliega la relación de Nike con la música, la moda, la diversidad y la sostenibilidad. Colaboraciones con Comme des Garçons, Sacai o AMBUSH conviven con proyectos como Be True, de apoyo a la comunidad LGBTQIA+, y con iniciativas medioambientales como Move to Zero.
Hay zapatillas de leyendas como Steve Prefontaine, equipaciones de Rafa Nadal o Serena Williams, y también experimentos futuristas impresos en 3D. Todo dialoga con una idea central: el diseño como herramienta para expresar identidad.
Al salir, la imagen que permanece no es sólo la de unas Air Jordan relucientes, sino la de aquella gofrera rudimentaria. Porque Nike empezó así: mirando un objeto cotidiano y preguntándose «¿y si…?». Y esa pregunta, convertida en método, sigue impulsando a la marca seis décadas después.
