Cuántos poetas, escritores, cantantes y artistas han tenido la ciudad de Madrid como inspiración en sus obras. La ciudad se ha colado entre los versos de la literatura, la música y, en general, el arte durante generaciones, convertida en musa, escenario o bien codiciado. Ahora, Madrid les rinde homenaje a todos ellos a través de la exposición Madrid, musa de las letras que tendrá lugar dentro del Espacio Cultural Serrería Belga hasta junio. Hemos hablado con Mónica Vacas, comisaria de la exposición junto a Daniel Castillo, para conocer un poco más sobre la muestra.
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Madrid, musa de las letras, que se exhibe en el Espacio Letras, en el corazón del Barrio de las Letras. La reiteración del concepto de esta exposición evidencia desde el primer momento la intención tras esta muestra: poner en manifiesto el lugar que la ciudad ha jugado en la literatura a lo largo de los siglos. Esa premisa se manifiesta en todos los aspectos que forman la identidad de esta exposición, incluido el principio más primario: su ubicación.

Madrid entre letras
Madrid, musa de las letras reivindica ese papel de la ciudad como partícipe de la vida y obra de sus autores. «Nos interesaba que la exposición no se percibiera como algo «encerrado» en una sala, sino como una experiencia que dialoga con la ciudad, con sus ritmos y con la vida cotidiana». El Barrio de las Letras es, en ese sentido, el escenario perfecto para esta exposición ya que el propio espacio tiene una condición muy literaria: «es un lugar de paso, de encuentro y de descubrimiento», apunta la comisaria de la exposición.
Este lugar de la geografía madrileña fue el epicentro del motor literario del Siglo de Oro español. Ilustres vecinos, como Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Góngora vivieron entre sus calles. Las mismas donde se encontraba la histórica imprenta que dio vida a la primera edición de El Quijote. A día de hoy, todos estos recuerdos convergen entre sus calles en forma de poemas escritos en el suelo o estatuas que homenajean a esos personajes de la historia literata, y ello también era un pilar para la exposición.

«Aquí la literatura no está en una vitrina; está en las calles, en las placas, en los nombres, en la memoria del paseo»
«No es solo un telón de fondo, es parte del relato. Aquí la literatura no está en una vitrina; está en las calles, en las placas, en los nombres, en la memoria del paseo. La exposición funciona casi como una prolongación del barrio: entras con una idea y sales con ganas de leer, caminar y mirar Madrid de otra manera».
¿Podría trasladarse? Es la pregunta que muchos nos hacemos y Mónica Vacas nos responde con sinceridad: «Sí, pero cambiaría de naturaleza. Podría enfocarse como una exposición sobre Madrid y la literatura (y conservar su contenido), pero aquí gana algo irrepetible: la capa de realidad. En el Barrio de las Letras, lo que contamos se verifica al salir por la puerta. Es una exposición que no termina en el umbral, porque la ciudad continúa la experiencia«.
Si profundizamos más aún en el lugar donde se encuentra la exposición, encontramos como dentro de este epicentro cultural, hay un lugar que refleja esta identidad literaria de la ciudad, y este es la Serrería Belga. «Tiene un estrecho vínculo con la literatura que se desvela en una proyección al inicio de la exposición», apunta la comisaria.

«La exposición dialoga con la ciudad, con sus ritmos y la vida cotidiana»
La exposición está integrada por varias estructuras en forma de libro. Cada una funciona como un volumen abierto que reúne un movimiento literario y lo sitúa en su contexto.
Históricamente, su papel dentro de la evolución de este barrio ha sido significativo, al ser uno de los edificios industriales más interesantes y singulares que se conservan en el centro de Madrid; con una historia, una arquitectura muy particular y un papel cultural cada vez más destacado en la ciudad. Se construyó en 1925 como una serrería industrial, siendo una obra del arquitecto Manuel Álvarez Naya, bajo el encargo de la Sociedad Belga de los Pinares de El Paular.
Esta fue su función hasta finales de los 70, cuando el edificio quedó abandonado. Esta joya de la arquitectura industrial sería rehabilitada entre 2009 y 2012 por el estudio Langarita-Navarro, liderado por María Langarita y Víctor Navarro, y ha sido galardonado y reconocido en numerosas ocasiones: el Premio de la XII Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo (2013), el Premio COAM (2013) y el Premio Sacyr a la Innovación (2014), así como el COAM +10 (2023) por la calidad de la intervención.

«La exposición está formada por libros abiertos que muestran cómo Madrid y su literatura cambian con el tiempo»
Fueron ellos quienes, respetando la identidad industrial del edificio, convirtieron sus cerca de 4.000 metros cuadrados en un espacio dedicado a la cultura contemporánea y ubicado, como no, en pleno corazón del Barrio de las Letras, entre la calle de la Alameda, la calle Cenicero y la Plaza de las Letras.
‘Aventuras Literarias’, un antecedente museístico
La museografía ejemplifica, entre tanto, la evidencia literaria de todos los artistas que dan forma a su contenido. En la sala, seis grandes tomos que permiten a los visitantes leer la ciudad a través de las diferentes etapas históricas. «La exposición está integrada por varias estructuras en forma de libro. Cada una funciona como un volumen abierto que reúne un movimiento literario y lo sitúa en su contexto. Juntas forman una línea cronológica que ayuda a entender cómo Madrid cambia y cómo cambia la manera de escribirla a lo largo del tiempo».

Su intención, hacer que los visitantes puedan leer la ciudad y profundizar en la lectura de cada tomo, enfatizando en el Barrio de las Letras, donde la literatura emanaba entre sus calles y corralas. Mónica Vacas y Daniel Castillo han comisariado diversos proyectos culturales cuya experiencia hoy se refleja en el contexto de Madrid, musa de las letras.
Uno de los más importantes es Aventuras Literarias, un proyecto de gestión cultural enfocado en fusionar literatura clásica con cartografía, creando mapas literarios detallados que ubican geográficamente los escenarios de novelas célebres.

«Aventuras Literarias fue, para nosotros, un laboratorio muy valioso. Nos ayudó a entender qué sucede cuando abordas la literatura fuera de un formato convencional (un libro): el ritmo, la claridad y, sobre todo, la capacidad de convertir una referencia literaria en una experiencia que el visitante puede habitar«, explica Mónica. Una experiencia que les valió para aprender a trabajar con la literatura como un material vivo y a diseñar recorridos que se leen con el cuerpo.
«Esa experiencia nos sirvió directamente en Madrid, Musa de las Letras en tres aspectos”, apunta. Primero, en la narrativa, porque volvimos a apostar por una estructura que acompaña y no abruma. Segundo, en el diseño del contenido, «donde afinamos el equilibrio entre información y emoción para que todo sea accesible y a la vez sugerente». Y, finalmente, «en la mirada urbana, porque Aventuras Literarias ya nos había enseñado que, cuando pones a la ciudad en el centro, el público se apropia del relato: de pronto un libro se convierte en un lugar, y un lugar en una historia».

«Hay secretos sobre la Serrería Belga que preferimos que los visitantes descubran»
Si bien es cierto que Mónica confiesa que llegar a toda esta documentación no ha sido un camino sencillo. «La verdad es que todas han sido un reto, porque cada período pide un tono distinto y un equilibrio diferente entre información y diseño». «Por nuestro trabajo editorial llevamos años documentando y leyendo la literatura asociada a Madrid e investigando los espacios que se citan en los textos, así que el trabajo ha consistido más en un proceso de selección que en una investigación puntual» matiza. Para la que fueron necesarios varios meses de investigación sostenidos por ese fondo de documentación acumulado durante años.
«Pero tenemos una debilidad», confiesa, y esta se ubica en el Siglo de Oro: “no solo por la riqueza del momento, sino por su vínculo directo con el Barrio de las Letras. Y aún hay más, porque hay secretos sobre la propia ubicación de la Serrería Belga que fueron descubiertos durante la investigación literaria pero, como nos cuenta Mónica, «si nos lo permites, preferimos no desvelarlo aquí y que sean los visitantes quienes lo descubran dentro del recorrido. Es una historia muy bonita y muy sorprendente».
