Durante más de una década, Melani Calabuig ha vivido las bodas desde todos los ángulos posibles: como creadora de espacios, gestora, emprendedora y acompañante silenciosa de cientos de historias personales. Junto a su hermana Adah, ha sido testigo del lado más ilusionante, y también del más caótico, del sector nupcial, una experiencia que hoy se traduce en MaryMe, una plataforma que combina intuición humana e inteligencia artificial para cambiar la forma en la que las parejas organizan uno de los días más importantes de su vida. En esta entrevista, Melani reflexiona sobre emprendimiento, innovación, emociones y el futuro de las bodas en un sector que empieza a mirar a la tecnología con otros ojos.
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La historia de dos hermanas que cambiaron las bodas para siempre con inteligencia artificial
Hay historias que no nacen con un business plan ni con una ronda de inversión, sino en una cocina cualquiera, entre niños pequeños, diagnósticos médicos, dudas y una ilusión tan grande que no cabe en el miedo. La historia de Adah y Melani Calabuig es una de esas. Una historia real, trabajada a pulso, imperfecta y profundamente humana. Y, precisamente por eso, capaz de cambiar para siempre la forma en la que se organizan las bodas.
Hace once años, cuando Adah acababa de cumplir 20 y Melani celebraba el primer mes de vida de su bebé, todo empezó con una idea tan sencilla que parecía casi ingenua: «¿Y si compramos un carrito de chuches?». Pidieron 200 euros a través de un pequeño crowdfunding y montaron ese primer carrito para el 60 cumpleaños de su madre. No había estrategia, ni visión a largo plazo, ni ambición desmedida. Sólo ganas de hacer algo juntas.
Lo que vino después fue creciendo casi sin que ellas mismas se dieran cuenta.

Adah, que estudiaba protocolo, empezó a trabajar en bodas. Y lo hacía con una calma poco común, con una sensibilidad especial para leer a las personas y una capacidad enorme para sostener emociones ajenas. Muy pronto se convirtió en una de las wedding planners que más bodas organizaba en Valencia. Todo mientras convivía con mioclonías, una enfermedad neurológica que le obligaba a esforzarse el doble que cualquier otra persona. «He aprendido a organizar desde el respeto, también al cuerpo», reconoce.
Melani, por su parte, tenía, y tiene, un talento natural para visualizar espacios, imaginar recorridos, resolver problemas antes de que aparezcan. Lo hacía mientras cuidaba de sus hijos y convivía con una enfermedad cardíaca que la obligó a reinventarse y a replantear su ritmo de vida. «No podía permitirme improvisar», explica. «Tenía que pensar todo muy bien».

Juntas dieron un paso más: alquilaron una alquería para hacer bodas «a su manera». Después la compraron. Más tarde llegaron otras. Y sin apenas darse cuenta, estaban gestionando tres masías llenas de historias, familias, nervios, lágrimas y celebraciones irrepetibles.
Fue precisamente esa experiencia desde todos los ángulos, como wedding planners, como proveedoras, como gestoras de espacios, la que empezó a hacerles ver algo que se repetía una y otra vez. «Veíamos parejas completamente perdidas, sin saber por dónde empezar», explican. «Proveedores saturados, información dispersa, mucho estrés y una ilusión enorme que nadie estaba ayudando a ordenar».

«Veíamos parejas completamente perdidas, sin saber por dónde empezar».
Un día, Melani tuvo una visión muy concreta. «Me imaginé a una novia viendo su decoración en tiempo real. Entendiéndola de verdad. Emocionándose porque, por fin, podía ver su boda». Ese momento lo cambió todo. Adah puso la experiencia operativa y humana; Melani, la visión creativa y estratégica. De esa suma nació MaryMe.
«Me imaginé a una novia viendo su decoración en tiempo real. Entendiéndola de verdad. Emocionándose porque, por fin, podía ver su boda»
MaryMe no es sólo una plataforma tecnológica. Es, sobre todo, una forma distinta de acompañar. «Está creada para algo muy simple y muy difícil a la vez: que las parejas se sientan seguras», explican. Desde el inicio del proceso, la herramienta permite organizar toda la boda, visualizar estilos, resolver dudas a cualquier hora y ahorrar tiempo, dinero y frustraciones.

En el centro de todo está Mary, una inteligencia artificial que responde como lo harían ellas mismas después de once años de bodas. Pero con una diferencia clave: «Mary no está entrenada con bases de datos frías ni con estadísticas impersonales», aclaran. «Está entrenada con bodas reales, con emociones reales, con problemas que hemos visto mil veces y con el instinto que se desarrolla sólo después de acompañar a tantas parejas».
«MaryMe no está entrenada con bases de datos frías ni con estadísticas impersonales», aclaran. «Está entrenada con bodas reales, con emociones reales, con problemas que hemos visto mil veces y con el instinto que se desarrolla sólo después de acompañar a tantas parejas».
Por eso insisten en algo que repiten con orgullo: MaryMe tiene corazón. «No nace desde fuera del sector, nace desde dentro», dicen.

Una de las partes más transformadoras del proceso llega cuando las parejas empiezan a imaginar su ceremonia y su look. «Ahí aparece la magia», reconocen. Pero MaryMe va mucho más allá de la inspiración: es un planificador 360º que integra presupuesto, estilo, decoración, espacios, proveedores y organización completa. «Es como tener una wedding planner personal disponible las 24 horas», explican.
«Es como tener una wedding planner personal disponible las 24 horas».
En la app, las parejas pueden buscar proveedores de cualquier tipo, filtrar por precio, ciudad, estilo y disponibilidad, y crear un presupuesto en minutos. Muy pronto, además, podrán contratar proveedores para cualquier evento en segundos. En la web, el nivel de detalle es aún mayor: desde la web de boda hasta la gestión de mesas, el diseño, la coordinación completa o incluso la elección del vestido.

Uno de los conceptos que más llama la atención es su promesa de visualizar la boda en 15 segundos. Y no es marketing vacío. «Funciona como la imaginación humana», explican. Primero, un moodboard que capta de un vistazo la esencia; después, un decorador IA que recrea cómo será la ceremonia según gustos, colores, flores y espacio. «No pretendemos hacer un render técnico. Queremos algo más difícil: que la pareja sienta su boda».
«No pretendemos hacer un render técnico. Queremos algo más difícil: que la pareja sienta su boda».
La clave de que todo resulte realista está en que los rangos y sugerencias vienen del mundo real, no de un Excel. «El sector nupcial está poco digitalizado, pero nuestra experiencia es muy concreta», aseguran. «Y eso ayuda muchísimo a las parejas que empiezan desde cero».

«El sector nupcial está poco digitalizado, pero nuestra experiencia es muy concreta», aseguran. «Y eso ayuda muchísimo a las parejas que empiezan desde cero».
Las historias que reciben lo confirman: parejas que escriben diciendo que MaryMe les quitó un peso de encima, que se sintieron acompañadas a cualquier hora, que ahorraron dinero porque dejaron de contratar por miedo y empezaron a hacerlo con sentido.
MaryMe lo usan parejas jóvenes, otras que se casan más tarde, quienes apuestan por bodas pequeñas o quienes organizan bodas destino, una tendencia imparable en Estados Unidos y Latinoamérica. «Todas buscan lo mismo: claridad, ilusión y seguridad», resumen.

Sobre el futuro, lo tienen claro. La inteligencia artificial automatizará lo operativo: presupuestos, cálculos, búsquedas, organización. «Será indispensable», dicen. Pero lo emocional seguirá siendo irremplazable. «La IA puede inspirar, proponer, imaginar… Pero nunca sustituirá la intuición de una persona que mira a una pareja a los ojos y entiende su historia».
«La IA puede inspirar, proponer, imaginar… Pero nunca sustituirá la intuición de una persona que mira a una pareja a los ojos y entiende su historia».
Por eso MaryMe no nace para sustituir a nadie. «Nace para aligerar el camino y multiplicar la ilusión».

El siguiente paso es ambicioso y natural a la vez: una nueva versión de la app que permitirá contratar en segundos proveedores no sólo para bodas, sino para fiestas, eventos corporativos, cumpleaños o aniversarios. «Es la evolución lógica de nuestra historia», concluyen. «Pasar de organizar bodas una a una a ayudar a organizar miles de celebraciones, desde cualquier lugar del mundo».
Y hacerlo, como siempre, desde el mismo sitio desde el que empezó todo: la vida real.
