Es una de las firmas de moda de invitada más codiciadas del momento. Prendas versátiles, complementos elegantes, una clara apuesta por el color y patrones que hacen que todo el que lleva uno de sus conjuntos escuche: «Ese modelo es de Panambi, ¿verdad?». Hace 14 años que la firma salió a la luz identificada con la creatividad de su creadora Lola Jiménez. Día a día se desenvuelve entre un frenesí de diseños, campañas y la continua expansión de Panambi, pero hemos conseguido hacernos con un hueco para adentrarnos en los inicios de la firma y preguntar a Lola, ¿cómo ves el futuro de la moda de invitadas?
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Panambi significa mariposa, un concepto identificado con la idea de evolución, cambio, transformación… ¿no? Sin embargo, hay otro detalle que identifica a este animal y que habla en clave visual, en la estética que le caracteriza: el color. No fue por la metamorfosis, «pero ahora siento que nos ha venido al dedo», explica Lola. «Mucha gente nos ha dicho que se termina convirtiendo en algo evolucionado y bonito, pero el contenido real era por la mezcla tan brutal de la mariposa de color», que hoy vemos en la expresión cromática de Panambi.

«Yo en aquel momento estaba obsesionada con la brutalidad de color que tiene mariposa en sí. Busqué como se decía mariposa en varios idiomas y lo encontré en guaraní. Me encantó y decidí que tenía que ser Panambi. Además, hice una encuesta en casa con mi padre, mi madre, mi hermano… y todo el mundo me decía que les gustaba».
Las invitadas buscan versatilidad
Hoy hablamos de Panambi como un referente en el mundo nupcial de invitadas porque fueron ellos quienes triunfaron con una fórmula que hoy es tendencia: hacer prendas versátiles para el día a día y hacer del vestido de invitada un hito en la ceremonia.
«Existe el traje de algodón que te pones con un buen taconazo y un complemento para ir a una boda y que te puedes poner con una sandalia plana para una cena de verano o para ir a trabajar con una sandalia de deporte».
A través de sus diseños dieron respuesta a una gran necesidad: la idea de que las invitadas también quieren sentir que sus looks son protagonistas. Una realidad que se ve acentuada hoy en día, «sobre todo con las redes sociales, que las invitadas ya no pueden repetir modelos. Entonces ha perdido el sentido dejarte un dineral en un conjunto que sólo vas a poder ponerte en un día».

Una de las preguntas obligatorias en este momento es: ¿Hacía dónde está yendo el diseño de moda en el mundo de invitadas? «En el campo de los vestidos de invitada hemos pasado a una parte muy práctica, que a mi me encanta. Hace 14 años, cuando yo empecé, veíamos invitadas muy vestidas y nosotros hacíamos mucho pantalón, mucha falda con top… mucha parte para poder combinar. Eso es algo que todavía no se entendía tanto como ahora que, ahora tú te compras un traje para una boda y, a no ser que sea una boda especial, quieres algo que luego te pongas».
“Hace 14 años las invitadas iban mucho más vestidas; hoy quieres algo que luego te pongas”
«¿Tú te acuerdas cuando tu madre te decía que tenía los vestidos en el armario invitada? Pues esta parte ya no la tenemos». El nuevo contexto de la moda nupcial se encuentra en un momento en el que podemos ver los trazos de esa evolución hacia la practicidad y la versatilidad de las prendas.
«Existe el traje de algodón que te pones con un buen taconazo y un complemento para ir a una boda y que te puedes poner con una sandalia plana para una cena de verano o para ir a trabajar con una sandalia de deporte. Esa evolución de la moda de invitada me parece super acertada», espeta.

Las nuevas colecciones
«Somos un concepto cero minimalista»
Hoy damos paso a una época donde la moda de vestidos de invitada parte de una idea: estamos en el momento de «todo se lleva». «Hemos pasado una época muy minimalista, en la que la gente no quería arriesgar y nosotros somos un concepto cero minimalista!, donde el colorido y el sello Panambi se ha reasentado con fuerza. En la siguiente colección prevista para este año, esta evolución del color se mantiene latente, aunando los pilares estéticos de la firma con la exploración de nuevos estilos y patronajes.
«Tiene muchísimo toque flúor, unos tejidos muy bordados, muy trabajados, muchas cosas terminadas a mano muy bonitas. Y muy diferente: te diré que el 70% es patronaje nuevo, pero sigue con ese sello de identidad súper nuestro cuando veas todo el conjunto vas a decir que es Panambi pero evolucionado».
Le pedimos que nos de algún consejo para una invitada y esto es lo que nos cuenta: «Que no se disfrace, que vaya como realmente a ella le gusta ir normalmente, como ella se ve guapa. No trates de ir disfrazada a una boda y de ponértelo todo cuando tú eres a lo mejor super minimalista. Cómprate una falda ideal con un cuerpo más liso. Yo sólo veo lo fundamental: verte tú misma y verte guapa»

Panambi: una identidad colorida para las bodas
«Yo ya no me fijo tanto en la tendencia; tú sola vas evolucionando con ella»
Panambi empezó hace 14 años, cuando la vida de Lola Jiménez cambió el rumbo que había comenzado dedicada al mundo del marketing y la comunicación. «Yo tenía la típica época de bodas donde todas mis amigas se casan y yo me hacía toda la ropa a medida porque me divertía muchísimo. Es verdad que mi familia viene de una firma de moda y de complementos que era El Caballo. De repente dije: oye, me encanta lo que hago, yo me me pongo la ropa y me gusta, así que voy a intentar hacer una pequeña colección de 15 prendas».
Esa primera colección nació de su talento y de un viaje de amigas: «Hice un viaje a la India con mis amigas y pensé en contactar con un productor que hacía bolsos de latón para incluir en mi campaña». Se vendió la colección a tres tiendas multimarcas – una en Sevilla, otra en Málaga y otra en Cádiz. «Al mes me acuerdo que me llamaban que me dijeron lo he vendido todo y me pedían que les mandase» y así empezó a crecer.

«Me inspira absolutamente todo. Creo que mientras más sales a la calle y más cosas ves, más te inspiras»
Poco después llegaría la llegada a la capital de las colecciones y, con ello, el inicio de la expansión de la firma, «entonces ya me fui a NAC en Madrid, ¿sabes cuál es la tienda? Pues empecé ahí a vender». Después la expansión continuaría por otras grandes ciudades como Barcelona. En un crecimiento progresivo y seguro, consiguieron en un año tener presencia en 90 puntos de venta multimarca.
En esos primeros años el proyecto fue una apuesta firme tanto por Lola como por su marido: «Él se metió conmigo y al año me hacía los escándalos de las prendas, me ayudaba con la página web. Apostamos por Panambi los dos solos porque dijimos que esto funciona. Empezó en ese momento como una ilusión mutua y decidimos ir por todas y nos metimos los dos a lo mismo que era, en aquel momento, súper arriesgado, pero creo que cuando lo trabajas a tope si te sale mal te llevas un aprendizaje tan brutal que siempre va a ser positivo».
La evolución natural llegaría años después con la apertura de su primera tienda propia, un momento que Lola recuerda entre luces y sombras. Puede que como cualquiera que eligiese 2020 para iniciar un nuevo proyecto. «Fue brutal, fue una campaña que teníamos con Malena Costa en febrero y rompimos con todo lo que pensábamos de ventas. Teníamos muchísimos pedidos, habíamos abierto nuestra primera tienda en Sevilla, emocionados por abrir en Madrid y, de repente, el 15 de marzo nos encierran. Aquel invierno, que lo teníamos entero hecho, tuvimos que quedarnos sin fabricarlo».
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«Después de catorce años, tenemos un sello de identidad tan gordo que creamos lo que nos mueve. Es verdad que yo ya no me fijo tanto en la tendencia porque tú sola vas evolucionando con la tendencia.»
«El año siguiente quería salir a campaña en febrero, habíamos hecho una espectacular y me puse a fabricarlas. Al final, salió en septiembre con todo cerrado. Se las vendimos a las tiendas multimarcas y nos decían que seguramente tendrían que devolvernos la colección. Abrí mi primera tienda en Madrid en enero y febrero eran cuentas de cero euros hasta que, en marzo empiezan las bodas pero no había ropa arreglada en ningún sitio. Y de un día para otro empieza a entrar gente: cola los probadores, cola para pagar… Le preguntamos a la gente por qué estaban ahí y nos decían que era porque Panambi era el único sitio en Madrid donde había ropa arreglada».
Marca inspirada en España y creada en España
Panambi es la identidad en patronaje de su creadora: colorido, alegre y elegante. Desde los comienzos, las prendas se empezaron a producir en un pequeño pueblo colindante a Sevilla «y sigue centralizado todo ahí», puntualiza Lola. «En ese momento eran todos pueblos en Sevilla, que siguen siendo mis principales talleres».
Catorce años después, esos talleres siguen siendo el corazón de producción de la firma. «Siguen trabajando las mismas mujeres con las que yo empecé, llevan conmigo 14 años y ya tenemos un trato totalmente de amigos, claro. Cada vez que abrimos un nuevo punto de venta, como este año que abrimos Corte Inglés, ellas se vuelven locas y me llaman: «Ay Lola, que contenta». Es que llevamos mucho tiempo juntas y nos han visto crecer, es algo que hace mucha ilusión, la verdad».

Respondiendo al crecimiento de la firma el número de talleres y sus sedes también se han diversificado, pero sin perder los talleres nacionales como centros de producción de las colecciones. «Ya he abierto mucho más, porque ahora producimos mucha cantidad, y también tengo talleres en Madrid, en Barcelona… Tengo talleres por todos lados».
Inspiración en lo cotidiano
«El 70% de la colección es patronaje nuevo, pero sigue teniendo un sello de identidad súper nuestro»
Si nos adentramos en su fuente de inspiración, Lola apunta directamente a sus raíces. Se crio en el seno de una familia de creadores, con una familia de músicos, arquitectos… «muy artistas todos», dice con tono risueño. «En casa somos todos autónomos y mi padre siempre nos inspiró para hacer lo que nos guste, perseguir nuestros sueños e intentar hacerlo por nuestra cuenta. Siempre nos metió esa parte empresarial y creativa en la cabeza».
Como herencia creativa, si apuntamos a su fuente de inspiración Lola nos cuenta que se encuentra en cada detalle de las cosas cotidianas. «Me inspira absolutamente todo. Es una pregunta que me hacen mucho pero es que estoy aquí sentada, miro esa butaca y me empiezo a quedar como quedaría con el gris marengo que tiene ahí al lado, con el otro que tiene detrás… y rápidamente apunto la mezcla de color que me ha gustado. O ves un azulejo o un plato… todo. Si estás como yo alerta todo el tiempo de lo que miro te das cuenta que todo inspira. Hasta el dibujo que hace mi hija. Creo que mientras más sales a la calle y más cosas ves, más te inspiras».

«Después de catorce años, tenemos un sello de identidad tan gordo que creamos lo que nos mueve. Igual nos llega una tela en Burdeos y nos apetece meterla y luego coincide con que es el color de la temporada. Es verdad que yo ya no me fijo tanto en la tendencia porque tú sola vas evolucionando con la tendencia. Entonces yo voy creando mi campaña y ya voy viendo lo que me gusta como Panambi, lo que yo me pondría y lo que el sello de identidad tiene”. Siempre fieles al sello de identidad donde se muestra la hombrera, el volumen por arriba y la falda lápiz.
No así en la estética andaluza, pese a ser una lectura que se repite con frecuencia al analizar los diseños de Panambi. «Panambi es muy alegre y es verdad que me dicen que es muy andaluz, pero yo no lo considero tan andaluz, ¡porque sería capaz de hacerlo mucho más andaluz!».
Además de ropa de invitada, Panambi también democratizó la firma con colecciones de sport. «Son campañas que recuerdo con cariño porque me apetecía mucho. Me pareció más difícil en una parte tan de básicos, como es el chaleco de punto, hacer cosas distintas y salirme un poco del habitual de Panambi».
