La moda es algo global, aunque todos sabemos que son los grandes grupos los que tienen el control. Pero es verdad que detrás de estas empresas se encuentran nombres que retumban en la escena internacional y que, con sólo mencionarlos, sabemos que son leyendas dentro de la profesión. Desde los Ortega en Inditex, pasando por los Arnault en LVMH o Pinault en Kering, estos clanes mezclan moda, tendencias y negocio al mismo tiempo. Pero no sólo los vemos en Europa. Hay uno en concreto, con renombre en Latinoamérica, que establece un impecable trabajo a través de la elegancia. Así es el grupo que pertenece a la familia de Juliana Awada.
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Los comienzos familiares de los Awada
La historia comienza con Pomi Awada, madre de Juliana, y su esposo, Abraham Awada, una pareja con un objetivo y un sueño en Argentina: hacer moda accesible y con identidad. En los años 60, lo que era una humilde boutique infantil llamada La Reinita se fue transformando poco a poco en Awada, esa marca que hoy muchos asocian con sastrería minimalista, líneas limpias y prendas atemporales.

Como hemos podido averiguar y según cuenta la leyenda, los primeros pasos fueron muy artesanales. Comenzaron con telas cedidas como parte de pago, un coche ganado en una rifa y lo más importante, la intuición de una pareja con aspiraciones. Si algo tenían claro estos emprendedores era ver oportunidades donde otros solo veían dificultad.
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Hoy en día, con el crecimiento que le ha concedido el trabajo duro y los años, la empresa que pertenece a la familia de Juliana Awada no es sólo una etiqueta en prendas de diseño, sino que cuenta con una enorme presencia de 180 tiendas y sólo la marca que lleva el apellido de la familia factura casi 3 millones de euros al año. Esto le ha hecho consolidarse como una de las etiquetas locales con mejor posicionamiento entre mujeres profesionales, urbanas y amantes del estilo elegante sin estridencias.
Juliana Awada, una ex primera dama con amor por la moda
Esta nació en el corazón de la moda y nunca mejor dicho. Por lo que ha comentado en alguna entrevista, su intención no era ser una cara conocida, pero la vida tenía otros planes para ella. Creció entre hilos, reuniones de producción y bocetos en mesas largas, con una infancia que se basaba en viajes a París, Londres y Nueva York. Una vida que fue una lección para un futuro que le esperaba. Sobre todo en la actualidad, puesto que se especula que es la tercera en discordia entre el Rey Felipe VI y la Reina Letizia.

Cuando regresaron a Buenos Aires, Juliana Awada decidió meterse de lleno en la empresa familiar y darle un giro que mezclara el clasicismo con un toque moderno y fusionándolo con la actualidad. Su aporte no sólo fue creativo, sino que detrás había una estrategia clara y revivió una marca que comenzaba a estancarse, dándole un aire nuevo y fresco, sin perder la esencia de la casa.
La llegada a la Casa Rosada
Cuando en 2015 el marido de Juliana Awada, Mauricio Macri, llegó a la presidencia de Argentina, el país no sólo le miraba a él, sino que también tenía el objetivo puesto sobre ella. No tardó en convertirse en una de las primeras damas más observadas por la prensa internacional, no sólo por su estilo, sino por su forma de desempeñar el rol de manera elegante y natural. Aunque muchas primeras damas sean una figura decorativa y complementaria del presidente, en este caso era todo lo contrario. Supo ser auténtica e incluso durante la cumbre del G-20, por ejemplo, Juliana Awada no solo se limitó a acompañar, sino que fue parte activa de la agenda cultural, diseñó menús que destacaban productos locales e incluso dio discursos sobre igualdad y oportunidades.

El apellido de Juliana Awada como sinónimo de éxito empresarial
Grupo Altatex es la empresa que funciona bajo las ejecuciones de la familia y se compone de tres marcas: Awada, Cheeky y Como Quieres. En 2025, el grupo inauguró una nueva planta en Tigre, Buenos Aires, que demandó una inversión de más de 8 millones de euros. Con esto buscan poder ampliar su capacidad exportadora. La nave industrial cuenta con 20.000 metros cuadrados cubiertos y más de 400 trabajadores. El grupo, liderado por Daniel Awada, uno de los hermanos discretos de Juliana Awada, busca la expansión de sus marcas, incluyendo la homónima y el crecimiento de Cheeky, en mercados como Madrid.

A su vez, al año fabrican unos 10 millones de presas y quieren hacer crecer este número. Según datos, esta ha conseguido una facturación de unos 250.000 euros en España en su primer año, una cantidad que no es grande, aunque con intención de hacerla crecer. Actualmente, su facturación se ubica en los 111 millones de euros, pero con pretensión de poder doblar estos números.
