¿Sabes por qué no se te quita la rosácea? Los expertos coinciden en que la época del año en que no encontramos, donde el sol, los cambios de temperatura, el viento, el polen… no es la más adecuada para las pieles con rosácea. Pero, más allá de culpar a la meteorología y a la estación del año, puede haber ciertos patrones o rutinas que lleves en tu día a día que, sin saberlo, estén empeorando la situación. Para poder solucionarlo, hemos preguntado a diferentes expertas cuales son los errores más comunes que cometen las personas que tienen rosácea y cuál es su solución.
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ERROR 1: no darle la importancia necesaria
Algo en lo que coinciden todas las expertas es que el mayor mito acerca de la rosácea es pensar que simplemente se trata de tener la piel sensible. Diana Vitoria, Farmacéutica, Nutricionista, experta en Dermocosmetica y colaboradora de Vitry, matiza que «es una enfermedad inflamatoria crónica con base médica, en la que hay una alteración de la función barrera de la piel, de la respuesta inmunológica y de la regulación vascular». No algo estético, sino una convalecencia real de la barrera cutánea.
ERROR 2: achacar su origen a cosas erróneas
Otro mito relacionado a la rosácea que nos desmiente María Jesús Vergara, farmacéutica y asesora técnica en CosmeClinik, es que tampoco es una enfermedad contagiosa, únicamente se trata de una «enfermedad inflamatoria crónica de la piel sin ningún componente infeccioso transmisible». De igual manera, no es una reacción que sólo se de ante situaciones en las que la piel se expone a cierta irritación.

«Su origen es multifactorial, es decir, no hay una única causa, sino que intervienen factores genéticos, alteraciones en el sistema inmunológico cutáneo, disfunción vascular y cambios en la microbiota de la piel», puntualiza Diana Vitoria. Marta García, esteticista y experta en medicina estética, fundadora y responsable de los centros Marta García, añade que «aparece por una combinación de factores, por una alteración de la barrera cutánea, por disfunción de la microcirculación y una como respuesta inflamatoria exagerada frente a estímulos tantos internos como externos».
Izaskun Ruiz Amestoy, farmacéutica y directora de formación de Skin Perfection by bluevert, determina que «no se puede categorizar a las personas en grupos que tengan más tendencia a padecer rosácea, ya que es un cúmulo de razones con más complejidad de la que se suele pensar». Si bien es cierto que Regina Pallás, farmacéutica y directora de I+D+i de HD, añade que hay cierto arquetipo en el perfil de pacientes con esta condición y, generalmente, suelen ser «personas adultas, con la piel clara y sensible, y la suelen padecer con más frecuencia las mujeres«. Esto no quiere decir que las personas cuya piel entra en ese perfil sean las únicas. «También existe un componente genético que, sumado a los factores externos, puede hacer que haya cierta predisposición familiar», añade la experta.

ERROR 3: sobre tratar la irritación
Marta García por su parte subraya que una de las respuestas más comunes puede ser tratar la piel de más, «es decir, utilizando muchos productos, exfoliantes o activos potentes». La rosácea es una condición inflamatoria altamente relacionada con la alteración de la barrera cutánea. Según explica la experta, «esta confusión hace que muchas personas no la traten correctamente o la minimicen, utilizando productos inadecuados o cambiando constantemente de rutina, aplicando cosas para piel sensible…»
Y la rosácea no es una sensibilidad puntual, «sino una piel que reacciona de forma exagerada a estímulos internos y externos, y que necesita un enfoque específico, constante, integral y muy respetuoso». En realidad, «la rosácea es una piel altamente reactiva, con la barrera cutánea alterada, y el exceso de estímulos suele empeorarla. Más que tratarla de forma agresiva, hay que calmarla, protegerla y reforzar su equilibrio«.

ERROR 4: no saber identificar lo que es
Identificar cuando es rosácea o inflamación es uno de los primeros pasos para poder darle tratamiento. Podemos identificarla en función de dónde aparezca; en palabras de Regina Pallás, suele darse como un «enrojecimiento persistente, sobre todo en la zona central del rostro (mejillas, nariz, frente y barbilla)». Clínicamente, María Jesús Vergara apunta que la rosácea se manifiesta con:
- Episodios de flushing (enrojecimiento transitorio)
- Eritema persistente en la zona central del rostro
- Telangiectasias (vasos sanguíneos visibles)
- Pápulas y pústulas (similares al acné, pero sin comedones)
- En casos avanzados, rinofima (engrosamiento de la piel de la nariz)

«Puede afectar también a ojos (rosácea ocular), generando irritación, sequedad y sensación de cuerpo extraño. Son episodios de eritemas transitorios frecuentes en cara, orejas, cuello y a veces en el tórax«, añade. Según la experta, los factores desencadenantes pueden ser:
- Endógenos: predisposición genética, hipersensibilidad cutánea, cambios hormonales (como menopausia o embarazo) o enfermedades sistémicas que aumentan la reactividad de la piel.
- Exógenos: exposición solar, cambios bruscos de temperatura, viento, estrés emocional, ejercicio intenso, cosméticos irritantes, consumo de alcohol, comidas calientes o picantes, y el uso prolongado de corticoides tópicos en el rostro.
ERROR 5: el skincare no es suficiente
Hay quienes piensan que el skincare tiene cierto efecto milagroso en el tratamiento de todas las enfermedades o dolencias de la piel. En el caso de la rosácea «no se soluciona únicamente con cosmética, aunque una buena rutina es una parte esencial del tratamiento», responde Diana Vitoria.

El abordaje debe ser integral: por un lado, tratamiento médico cuando está indicado (tópico u oral), y por otro, un cuidado dermocosmético adecuado que ayude a restaurar la barrera cutánea y a reducir la inflamación.
La rutina debe ser muy respetuosa: limpieza suave, hidratación enfocada en reparar la barrera y fotoprotección diaria. A esto se suma la educación del paciente para reconocer sus desencadenantes y adaptar hábitos, lo cual es clave en el control a largo plazo.
ERROR 6: evitar la prevención
No siempre se puede prevenir completamente la rosácea, explica Regina Pallás, «pero sí podemos evitar que aparezcan brotes o que empeore. La clave está en identificar y controlar los desencadenantes personales«. A través de ciertas rutinas, puedes evitar someter a la piel a condicionantes que empeoran la rosácea.
«La clave está en cuidar la barrera cutánea desde el principio, evitar cambios bruscos de temperatura, exposición solar sin protección, estrés o productos irritantes, y mantener una rutina suave y constante. La prevención es más mantener la piel estable que tratar y corregir cuando ya está alterada», apunta Marta García. Además, añade: «En muchas personas con rosácea hay un desequilibrio en la microbiota de la piel, incluyendo una mayor presencia de un microorganismo llamado Demodex. Este ácaro vive de forma natural en la piel, pero cuando se multiplica en exceso puede contribuir a la inflamación y al enrojecimiento».

Por eso, más que prevenir en el sentido estricto, el enfoque que plantea la experta es mantener la piel en equilibrio: respetar su barrera, no sobreestimularla y ayudarla a defenderse mejor. Cuando la piel está fuerte y estable, es mucho menos probable que aparezcan brotes.
Un enfoque integral que propone María Jesús Vergara incluiría:
- Identificación y evitación de desencadenantes: alcohol, comidas picantes, bebidas muy calientes, estrés o cambios térmicos bruscos.
- Fotoprotección estricta diaria: uso de protector solar de amplio espectro durante todo el año.
- Rutina cosmética adecuada: limpieza con productos no agresivos, hidratación adecuada y evitar exfoliantes físicos o químicos irritantes.
- Evitar fricción: no frotar la piel ni utilizar dispositivos abrasivos.
- Control del estrés: ya que influye directamente en los brotes.
- Ejercicio moderado en ambientes adecuados: evitando el calor excesivo.
ERROR 7: no dar a tu piel los activos que necesita
Sabemos que la piel con rosácea es más sensible de lo común y, por tanto, no cualquier activo es óptimo para entrar en la formulación del skincare. María Jesús Vergara explica que los activos más recomendados son aquellos que refuerzan la barrera cutánea, reducen la inflamación y mejoran la tolerancia de la piel.

«Es importante evitar ingredientes potencialmente irritantes y alergénicos como alcoholes, perfumes o exfoliantes agresivos». Por el contrario, opta por ingredientes:
- Reparadores de la barrera cutánea: ceramidas, niacinamida, ácido hialurónico.
- Calmantes: bisabolol, extractos de boswellia.
- Antiinflamatorios: niacinamida, boswellia.
- Descongestivos vasculares: escina, ruscus.
- Emolientes e hidratantes: pantenol.
- Pre-probioticos: mejoran la microbiota de nuestra piel, implicada también en esta patología.
