Existen nombres que son iconos del cine y sus trabajos han hecho historia en un universo que se basa en el arte visual. Películas que cuentan relatos que nos hacen evadirnos de la realidad, con hechos que muchas veces son reales o una ficción que ha salido de una mente brillante. De una manera u otra, estas terminan siendo un escenario improvisado con escenas que se calculan al milímetro. Para ello, es necesario tener una inspiración que se presente en figura de musa y haga que la imaginación vuele. Eso es lo que le pasó a Woody Allen con Barcelona.
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Reconocido como uno de los mejores cineastas del mundo, hace años grabó una película en la capital catalana, Vicky Cristina Barcelona. Aunque él ya era un enamorado de España, este proyecto hizo que surgiera un cariño especial, lo que provocó que asentara parte de su vida en la ciudad condal. Situada en la zona de El Putxet, se trata de una mansión modernista de la que se encandiló durante el rodaje del proyecto con Penélope Cruz y, según contaron los anteriores inquilinos. «Se enamoró nada más verla». Pero esta historia tiene su final y es que ha salido a la venta.
Entre colinas y calles silenciosas, cuando pisó la localización para grabar, Woody Allen lo dejó claro y admitió que «no es una vivienda cualquiera». La propiedad es característica por mezclar elementos clásicos con toques modernos, creando un resultado colorido y atractivo a la vista. La propiedad fue proyectada en el año 1917 por el arquitecto Enric Sagnier, uno de los grandes nombres del modernismo catalán, y está catalogada como Bien Cultural de Interés Nacional.

La casa se asienta sobre una parcela de 1.600 metros cuadrados, unida a una construcción de 1.000 metros construidos, que se reparten entre varias plantas. Lo primero que se observa es que la protagonista absoluta del espacio es la luz, la cual se adentra a través de ventanales curvos con aspecto señorial, que crean contraste con el resto de la casa. Woody Allen ha sabido decorarla y los suelos de madera se unen a muebles llenos de color y piezas de diseño.

Organizada en varias plantas, en la principal se sitúa un salón de más de 70 metros cuadrados, que se convierte en una de las estancias sociales protagonistas, donde estamos seguros de que han surgido conversaciones de lo más interesantes entre el director y sus allegados. Colindante a este, se encuentra una amplia cocina, preparada para catering y dar un servicio exquisito, además de un comedor, perfecto para doce personas con un detalle curioso. La mesa, que destaca en color rojo, no tiene una forma clásica y cada silla cuenta con un diseño diferente, pero la misma cromática: beige y blanco.

En la parte superior, se encuentran las estancias de descanso, entre las que destaca el dormitorio principal. Como bien decíamos, la decoración entabla conversación con un clasicismo que habla sobre los edificios más clásicos de Barcelona.

Vemos una gran moqueta que se mimetiza con una moldura gigante, la cual funciona como cabecero, cortinas y detalles en la cama en tono mostaza y, por último, obras de arte que aportan un matiz diferente y equilibran un poco más la combinación.

Además de esto, las escaleras forjadas en metal siguen conservando sus detalles, además de las escaleras de madera de roble, una fachada ricamente ornamentada en piedra, cerámica y otros motivos florales. En definitiva, este espacio se convirtió en el edén personal de Woody Allen durante mucho tiempo, pero ahora se pone a la venta por nada más y nada menos que 25 millones de euros.
