Si eres fan de Zara, Carolina Herrera, Loewe o Bimba y Lola, probablemente nunca te hayas preguntado quién está detrás del mobiliario que da vida a sus tiendas o showrooms. Esa es precisamente la especialidad de Martínez Otero, la firma gallega que combina tradición artesanal con diseño. Desde sofás y mesas hasta estanterías y detalles de tienda, han ayudado a que las marcas de lujo mantengan un estilo reconocible y coherente en sus espacios.
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Además de las marcas ya mencionadas en moda, en su porfolio están también Uterqüe, Scalpers, Aristocrazy o las tiendas de Adidas. En hoteles, sus trabajos se pueden ver en The Palace, Royal Mansour Casablanca o Mandarin Oriental Ritz Madrid.
Ahora, Portobello Capital, gestora española de capital privado, negocia su compra. Portobello no fabrica nada, pero aporta capital, estrategia y expansión internacional, con el objetivo de consolidar empresas con potencial de crecimiento. De tal modo que así, Martínez Otero podría reforzar su presencia fuera de España, llegando a más tiendas, hoteles y proyectos de diseño de lujo en Europa, América o Asia.

Según el medio especializado, Cinco días, esta operación, valorada en torno a 50 millones de euros, busca crear una plataforma fuerte en el sector del mobiliario premium. Y es que, Martínez Otero no es una empresa cualquiera. Constituida en 1942 como un taller de ebanistería artesanal, se consolidó como referencia en diseño e instalación de interiores (tanto comerciales como residenciales) gracias a alianzas con gigantes como Inditex en la década de los 90. Pero su alcance va mucho más allá de Galicia: tiene filiales y proyectos en Estados Unidos, Emiratos Árabes, Reino Unido o Marruecos.
Ena empresa familiar
La historia de Martínez Otero no es sólo la de una empresa de muebles, sino la de una mujer que convirtió la adversidad en oportunidad. Fundada por María Martínez, la compañía sigue siendo hoy propiedad de la familia, manteniendo viva la tradición artesanal que le dio origen.

María Martínez se quedó viuda muy joven, con cuatro hijos pequeños, en un momento en el que las dificultades económicas y sociales podían haber frenado cualquier proyecto. Pero su determinación y fuerza de voluntad marcaron el rumbo de su vida y de su empresa. Con una visión clara y un profundo sentido de la responsabilidad, puso en marcha una ebanistería y carpintería dedicada a la producción artesanal de mobiliario, donde cada pieza era un reflejo de cuidado, precisión y estética.
