Hace unas semanas nos hicimos eco de las nuevas adquisiciones del jugador de fútbol del Real Madrid Jude Bellingham: dos propiedades de La Moraleja por las que pagó 32 millones de euros. Dos viviendas diferenciales, alejadas de la tradicional propiedad que acostumbramos a ver en este tipo de urbanizaciones que actúan como hub de superlujo de las grandes fortunas que habitan en la capital. Aunque desde distintos ámbitos hemos tratado de confirmar esta operación, lo cierto es que nadie ni la confirma ni la desmiente. Pero sea o no cierto, lo que está claro es que la construcción de estas villas son expectaculares. Para conocer más en profundidad sobre el proyecto The Trilogy hemos hablado con su arquitecto, Fran Silvestre.
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«El objetivo fue potenciar la relación con el jardín como parte esencial de la experiencia doméstica»
The Trilogy es un proyecto arquitectónico firmado por Threeseven y Fran Silvestre Arquitectos con una clara base: el entorno. No hay elementos diferenciales o pilares centrales del proyecto. Más bien, explica el arquitecto, la concepción de un espacio donde la conversación entre los espacios interiores y exteriores se lleva a cabo gracias al diseño. «El objetivo fue potenciar la relación con el jardín como parte esencial de la experiencia doméstica», explica.

«La idea central fue desarrollar una arquitectura que se entrelaza con el jardín, ampliando al máximo el perímetro de contacto con el paisaje y diluyendo los límites entre lo construido y lo natural», apunta Fran Silvestre. En lugar de plantear una volumetría compacta, el proyecto adopta un trazado ascendente compuesto por piezas longitudinales que se van acomodando en el terreno. Esto permite que la arquitectura dialoga constantemente con el exterior y genera una secuencia de espacios intermedios donde paisaje y arquitectura se entrelazan.

Un proyecto diferencial en la meca del lujo madrileño
«La casa no se sitúa simplemente en el paisaje, sino que se construye a partir de él»
Conviene, por tanto, comenzar con la ubicación, un área privilegiada en La Moraleja, históricamente conocida por ser una de las urbanizaciones más exclusivas, seguras y lujosas de España, situada al norte de Madrid. Concretamente, el proyecto The Trilogy se ubica en una zona ajardinada en la calle Camino de Mesoncillos, con espectaculares vistas al Real Club de Golf La Moraleja.

Este proyecto cuenta con tres villas, Villa Laván, presentada como una superposición de dos volúmenes muy rotundos; Villa Lago, compuesta por diferentes desniveles para adaptar su espacio al máximo a la orografía del terreno; y Villa 18, cuya estructura se organiza en tres volúmenes de diferentes alturas dispuestas orgánicamente sobre plataformas irregulares.

En ellas, «la disposición de las piezas genera cinco jardines con identidades propias, casi como patios abiertos, que multiplican las relaciones visuales con el exterior». Estos espacios, «están pensados para acoger especies de gran porte con el paso del tiempo, de modo que el paisaje evoluciona junto a la arquitectura». De hecho, Fran Silvestre confiesa que esta configuración es uno de esos detalles que diferencian este proyecto.

«No se trata de un único espacio exterior, sino de cinco ámbitos distintos que surgen de la propia disposición de las piezas. Cada uno tiene su propia atmósfera y establece relaciones visuales diferentes con la casa, haciendo que el paisaje sea siempre una presencia activa”, apunta el arquitecto

A diferencia del resto de viviendas de este lugar, donde en muchas viviendas de este tipo de urbanizaciones la arquitectura tiende a concentrarse en un volumen compacto rodeado de jardín, aquí vemos «una arquitectura que se despliega en el terreno y que convierte el jardín en parte esencial del proyecto». «La casa no se sitúa simplemente en el paisaje, sino que se construye a partir de él», matiza Fran Silvestre.
Conexión a través de los materiales
«La materialidad se plantea como un fondo silencioso que refuerza la continuidad entre arquitectura y paisaje»
Gran parte de la búsqueda de la serenidad para lograr los objetivos del proyecto se centraron en una minuciosa y detallada selección de materiales. En palabras de Fran Silvestre, esta selección «responde a una búsqueda de precisión y serenidad». Para ello en las viviendas se opta por soluciones constructivas que permitan expresar la geometría del proyecto con claridad, evitando elementos superfluos y aquellos que fomenten el ruido visual de los espacios.
Desde ese prisma, «la materialidad se plantea como un fondo silencioso que refuerza la continuidad entre arquitectura y paisaje, permitiendo que la proporción, la luz y la relación con el jardín sean los verdaderos protagonista», argumenta el arquitecto.

Sostenibilidad y luz natural como elementos estructuradores del proyecto
«La arquitectura no busca aislarse del entorno, sino intensificar su presencia»
«La disposición longitudinal de las piezas permite que los espacios sean pasantes y mantengan siempre una relación directa con el exterior». Esto genera una iluminación cambiante a lo largo del día y refuerza la percepción de continuidad entre interior y jardín. «La arquitectura no busca aislarse del entorno, sino intensificar su presencia», apunta Fran Silvestre.

Una de las estrategias principales es la propia configuración del proyecto. «La fragmentación en piezas y la presencia de jardines intermedios favorecen la ventilación cruzada, la iluminación natural y la creación de zonas de sombra. La arquitectura se adapta al lugar y a su orientación, reduciendo la necesidad de recursos artificiales y aprovechando las condiciones ambientales del entorno».
