Armani nos enseñó que la elegancia no entiende de excesos y es uno de esos diseñadores que nos ha mostrado que había un denominador común en cada colección: la sobriedad. Pero estaba claro que no sólo lo aplica sobre la pasarela. Ese saber hacer italiano también se instauraba en los hoteles repartidos por el mundo e incluso en esos espacios que eran suyos y que protegían su intimidad. Eso sí, no pudo disfrutarlos todos. Hay uno en concreto que se quedó en el tintero. Lo compró, pero no llegó a tener la suerte de habitarlo. Hablamos de un espectacular piso en Nueva York.

En su gran herencia y legado, el diseñador italiano dejó una enorme fortuna, además de los establecimientos hoteleros y alguna que otra casa de lujo. Giorgio Armani valoraba Nueva York como un epicentro de inspiración moderna y estilo, reflejando su gusto por la elegancia funcional. Mantuvo un sofisticado apartamento en el Upper West Side diseñado con líneas limpias y colores armoniosos, demostrando una conexión personal con la ciudad y su energía urbana.
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Hace no mucho, terminaron de construir The Giorgio Armani Residences, un edificio en el 760 de Madison Avenue, con una arquitectura interior y exterior que representaba el lujoso mundo estético del creador. Un claro ejemplo es el hotel de Dubái, que solo ocupa algunas plantas del Burj Khalifa, el cual se caracteriza por la madera oscura, el cuero y las líneas limpias. Algo que se asemeja a lo que se encuentra en estas residencias.
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El italiano se había reservado un apartamento en exclusiva para uso personal. Este en concreto forma parte de la colaboración entre Armani y la firma de arquitectura COOKFOX. Con una mezcla que surge de los edificios modernos de cristal y los históricos de piedra, esta construcción ha cobrado vida, aunando lo clásico con lo actual. Cada material encaja a la perfección y las proporciones que componen el edificio, en general, están muy equilibradas, reflejando un lujo al que podríamos denominar como atemporal y, sobre todo, silencioso.

Con un ascensor que sube directo desde el lobby, este abre las puertas hacia un vestíbulo que está vestido de piedra caliza. A escasos pasos se accede a una casa de 180 metros cuadrados, con el estilo y la sobriedad como protagonistas. No hay colores estridentes. Los blancos rotos, grises, incluso algún toque beige, conquistan cada esquina del lugar. Lo primero que se observa es un salón de estar con dos sofás triples, dos butacas y dos mesas de madera oscura decorando. Las paredes se visten con imágenes de hombres en traje y dos mesitas de mármol con lámparas en blanco.

El suelo es, en general, de parqué, de estilo Versalles, pero cambia por estancias. En la primera que acabamos de ver es más claro y en una segunda sala de estar, que podría funcionar como comedor informal, se oscurece. Las paredes se mimetizan en el mismo tono, y los detalles de la mesa y la pared son en mármol. Lo que marca la diferencia: una chimenea en la que disfrutar de momentos de lectura a solas o un rato de charla con amigos. Algo ideal para Armani, puesto que era un personaje muy social.

Cuenta con dos zonas de descanso, que son auténticos santuarios. Por un lado, encontramos la suite principal, la cual posee un vestidor hecho a medida y, cómo no, un baño tipo spa forrado en cuarzo brasileño y algo muy Nueva York, es decir, bañera independiente y ducha acristalada. Toda la casa se encuentra domotizada, y que así sea controlada desde cualquier dispositivo. Un espacio diseñado por y para Armani que, ahora, sale a la venta por 8 millones y que, por desgracia, nunca llegó a estrenar.
