Acaba de aparecer un Velázquez inédito. Se trata del primer retrato hecho por el sevillano al conde-duque de Olivares, el valido de Felipe IV, en este caso ataviado con armadura y fechado en 1626. El joven pintor apenas llevaba tres años en la Corte de Madrid y tuvo este abrumador encargo con motivo de la visita a España de Francesco Barberini, el poderoso cardenal y persona de confianza del Papa Urbano VIII.

Este retrato de Olivares realizado por el autor de Las Meninas, con formato de medio cuerpo y con el rostro ligeramente girado, es un secreto que ha sido recién revelado por el director del Detroit Institute of Arts (Míchigan) e historiador del arte, Salvador Salort-Pons, que ha publicado un detallado artículo sobre este hallazgo en Ars Magazine, la revista especializada en arte y mercado. «Se trata de la aportación más significativa al catálogo de Velázquez en los últimos años y constituye la primera imagen documentada del valido con armadura», defiende Salort-Pons.

Este descubrimiento se gestó hace alrededor de un año en Madrid durante la restauración de la obra. Los propietarios de la misma, identidad que no ha trascendido, pidieron a Salort-Pons que hiciera un estudio de la misma. Observó el lienzo el historiador y decidió profundizar en la investigación del mismo, llegando a la conclusión, argumentos que expone en la citada publicación, de que se trata del retrato del valido de Felipe IV: «Se le representa con armadura y la banda roja general, y con su cabello ligeramente despeinado, destacando un mechón de pelo que cae sobre el lado izquierdo de su frente».

Diego Velázquez. El conde-duque de Olivares con armadura. Óleo sobre lienzo. 60 x 48 cm. Colección particular. Imagen cortesía de Ars Magazine.

Por su parte, los resultados de las radiografías hechas al cuadro de Velázquez reflejan algunos repintes y cambios durante el proceso creativo. «En la cabeza del valido se reelaboró la oreja izquierda para posicionarla más cerca del rostro y se corrigió parte del hombro», escribe el historiador. Aunque es posible que lo más significativo sea que el pintor cambió la indumentaria Olivares, ya que, de acuerdo con los Rayos X, inicialmente representó al valido sin armadura y con una indumentaria oscura, tal vez forrada con una piel.

«Todas estas modificaciones parecen indicar que inicialmente se representó al valido con un atuendo de hombre de Estado y no como un militar», destaca Salort-Pons. Una marcada iconografía militar que permite «vincularla con los esfuerzos del valido por instaurar la Unión de Armas (un proyecto de centralización militar para la Monarquía Hispánica) entre 1625 y 1626. La visita del cardenal Barberini a Madrid brindó a Olivares la oportunidad inmejorable de difundir esta nueva imagen a través del retrato, asegurando que su liderazgo estratégico fuera reconocido en la corte pontificia».

Merece la pena, además, detenerse en la armadura, «posiblemente manufacturada en Bruselas hacia 1625-1626», y con algunos detalles que Velázquez plasmó en el cuadro. «Una inspección minuciosa demuestra que Velázquez pintó solo uno de los dos remaches situados en la parte superior del brazo izquierdo, justo debajo de la última lámina de la hombrera. Parece que el artista incluyó esta imperfección, para captar la atención del espectador y enfatizar su virtuosismo técnico», apunta el director del centro de Detroit.

El retrato no gustó a Barberini

Además de este retrato de Olivares, y de acuerdo con los diarios de viaje de Cassiano dal Pozzo, secretario del legado papal presente en la misión diplomática del Vaticano, Velázquez también habría retratado al cardenal Barberini, con el fin de hacer un intercambio de pinturas, un gesto frecuente en el s. XVII. Lo que sabemos hoy de este último retrato velazqueño es que está perdido y que, además, no fue del gusto de Baberini.

«Dal Pozzo expresó en su diario su decepción al ver el retrato realizado por Velázquez, que describió como ejecutado con un «aria malinconica» y «severa»;  Algo así como «aire de melancolía» o «atmósfera melancólica». Tal fue la decepción, relata salort-Pons, que se encargó otro retrato del italiano a otro pintor afincado en Madrid, Juan van der Hamen, que sí contó con su aprobación.

Determina el historiador del arte que «sorprende la opinión tan crítica del Dal Pozzo sobre la obra. Hoy en día, la gran mayoría de los especialistas coincide en que el desagrado hacia el retrato de Barberini y la elección de Van der Hamen como sustituto de Velázquez, podrían reflejar las tensiones y la resistencia que provocó el rápido ascenso del sevillano dentro del Alcázar».

Las semejanzas con el retrato de Felipe IV

Retrato de Felipe IV. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. @Museo Nacional del Prado

El exhaustivo análisis técnico del retrato de Olivares confirma que los materiales y la técnica son coherentes con la obra de Velázquez de mediados de la década de 1620; en particular, con el Retrato de Felipe IV del Museo del Prado, datado hacia 1626-1628.

Determina el análisis que el retrato del monarca, que hoy está en el Museo del Prado, fue pintado en origen con traje negro, aunque más tarde Velázquez le puso armadura, al igual que al conde-duque de Olivares. Se elaboraron con la misma técnica, la misma paleta de colores, compuesta principalmente por negros, rojos, amarillos y tonos ocres; y la misma preparación previa de la tela que usaba el sevillano en sus obras de la época.

Es más, los estudios hechos al retrato revelan que el lienzo es de una única pieza de tela y con la misma urdimbre que el retrato de Felipe IV con armadura. «Tienen el mismo número de hilos por centímetro cuadrado. Es decir, que Velázquez, probablemente, utilizó el mismo rollo de tela para los dos cuadros», apuntaba recientemente a ABC el historiador.

El retrato del conde-duque de Olivares formará parte de una exposición en Detroit en enero de 2027, sobre los primeros años de Velázquez en la Corte madrileña.

@MaríaVillardón