Pablo Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, Francia, 1973) tiene un idilio eterno con las modelos que han posado para él. Siempre han sido mujeres y casi siempre han sido sus mujeres. Por esta razón, las conquistas del artista son muy sencillas de recorrer: de Olga Picasso pasando por Fernande Olivier, Dora Maar o Marie Thérèse Walter hasta llegar a Jacqueline Roque, su última esposa. En esta cronología podemos hacer la apreciación, además, de que las mujeres cambian, pero que la mirada de Picasso sobre ellas siempre es la misma: pasional y dominante. Sobre las musas de Picasso reflexiona Naomi Campbell, a través de un breve texto que acompaña a una interesante exposición del malagueño en Suiza.

La evolución de las relaciones de Picasso con sus mujeres, a menudo modelos de sus obras, es siempre la misma. Su mirada inicial está inmersa en la ternura y la adoración, sin embargo, a medida que la relación se torna en turbulenta, esa forma de verlas y de representarlas se transforma en algo dramático, incluso violento. Las figuras se convierten en angulosas y punzantes, pasando del amor al odio. No descubrimos nada nuevo aquí, si mencionamos que Picasso no solía dejar a una amante para disfrutar con otra, lo más normal era que solapase una relación con otra, e incluso hubo momentos a tres bandas. Enredos amorosos que, evidentemente, convertían las relaciones en un infierno.

El artista y la modelo, una obsesión en Picasso

El pintor y la modelo, 1963 Picasso. © 2026 Estate of Pablo Picasso / Artists Rights Society (ARS), NYC.

De cualquier modo, cabe destacar que esa mirada subjetiva de Picasso sobre sus amantes no se podía controlar porque el poder lo ejercía él. Nadie tenía la oportunidad de poder cambiarla o matizarla. Recordemos, por ejemplo, el retrato que le hizo a la mecenas Gertrude Stein, y la queja de ésta: «No me parezco en nada». Picasso respondió: «Ya te parecerás». «Y es verdad, al final terminó pareciéndose a su retrato. Las modelos y las mujeres se parecen cada vez más a sus cuadros», recuerda Estrella de Diego, catedrática de Historia del Arte, en una conferencia con Fundación Ibercaja. Y no es la primera vez que este fenómeno se materializa, las modelos terminan pareciéndose a lo que Picasso representa. ¿Sugestionadas por su mirada?

Esa relación de Picasso con sus modelos, centrándose en este caso en su segunda mujer, Jacqueline Roque (París, 1926 – Mougins, 1986), es la protagonista de la nueva exposición de la Nahmad Contemporary Gallery, con sede en Nueva York, en el espacio Tarmak22, ubicado en Gstaad (Suiza): Picasso. El pintor y la modelo. Reflexiones de Naomi Campbell. La muestra, que se inaugura el 14 de febrero, está compuesta por 14 pinturas del español, todas ellas procedentes de la serie tardía El pintor y su modelo, realizadas entre 1963 – 1965, la última etapa de creación en su casa de Mougins, en la Costa Azul de Francia.

La escena del pintor y la modelo se repite incesantemente a lo largo de la vida artística de Picasso. Es una representación que pinta casi con obsesión y que se acrecentó en los años 50 y 60 del S. XX, en especial en su relación con Jacqueline Roque, de la que hizo cientos de retratos en diferentes técnicas en la última etapa de su vida. Las obras, que se van a mostrar en Suiza y que proceden de espacios como el Museo Reina Sofía de Madrid, el Centro Pompidu de París o Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, entre otros, nacen de un momento de radical introspección del español y muestran un alter ego de Picasso frente a una mujer desnuda, que interpretamos que es su esposa, dando lugar a una escena íntima donde la mirada del pintor ejerce de autoridad sobre lo observado.

Qué une a Picasso como observador con Naomi Campbell puede ser complicado de entender en un principio. Podemos pensar, a priori, que se trata de una relación un tanto surrealista que, sin embargo, toma toda coherencia si le prestamos atención. Desde la Nahmad Contemporary Gallery, explican a OKDIARIO que este binomio surgió del galerista Joe Nahmad, que consideró que la modelo podría «aportar una perspectiva singularmente creíble a la cuestión de la mirada. Pocas figuras han pasado toda su vida con tanta conciencia de lo que significa ser visto. Su contribución ofrece una comprensión profunda de la dinámica entre artista y musa, y amplía concienzudamente el debate sobre la creación de las imágenes y la autoría».

«Una persona puede seguir siendo privada, incluso cuando es vista constantemente»

Ilustración de Naomi Campbell a partir de una fotografía de Vogue Italia, 1994 Michel Comte, Portraits.

Naomi Campbell aporta una reflexión sobre las pinturas de Picasso, a partir de su propia experiencia de ser observada casi de forma permanente. Unas palabras que versan sobre la dicotomía y a la íntima relación entre la visibilidad y la vulnerabilidad de ser vista. «He pasado la mayor parte de mi vida frente a la cámara. Desde muy joven he sido fotografiada, observada, y consciente de que la manera en que soy vista moldea cómo se me comprende. La mirada nunca es neutral. Viene acompañada de expectativas y poder», escribe la modelo en su relato El peso de la mirada. 

Expresa también que estos cuadros de pintor – modelo, evidentemente, le han recordado a su experiencia de ser observada por el fotógrafo cuando se pone delante de la cámara. «Hay una distancia entre ser visible y ser verdaderamente conocida, lo fácilmente que la apariencia se confunde con la comprensión y cómo una persona puede seguir siendo privada, incluso cuando es vista constantemente. En estas pinturas de Picasso, la modelo es vista, pero también permanece esquiva, es una superficie donde se proyectan las ideas, pero no es completamente conocida. Tienes el poder de convertirte en el lienzo definitivo sin rendir el yo por completo», determina.

«En un mundo donde la autoexposición se confunde con poder, estas obras resultan muy relevantes. Nos invitan a considerar qué significa mirar y ser mirado, en un momento en el que las imágenes circulan sin cesar y la intimidad se aplana cada vez más». Cree Naomi Campbell, además, que lo que hace esta serie de Picasso, el pintor y su modelo «especialmente cautivadora», es la claridad con la que se revela que la mirada «puede elevar, pero también confinar».

Jaqueline Roque, una servidora de su «señor»

En este sentido, John Richardson, biógrafo y amigo del pintor, señala que Picasso podía elevar o hacer tropezar a imagen de su esposa, únicamente a través de un ajuste de su imagen. «Sólo con eso, podía humillar a Jacqueline o ponerla a prueba, mostrarle su amor o su ira», detalla. Eso sí, desde el punto de vista cuantitativo, de la producción, Picasso impulsó a Jacqueline Roque, quien se refería a su marido como «Dios» o «Monseñor».

El rostro de la parisina fue omnipresente durante los 20 años que estuvieron juntos: más de 400 veces plasmó sus facciones en pinturas, dibujos y grabados, apareciendo por primera vez en 1955 en unas planchas dedicadas a las variaciones de Les femmes d´Alger de Delacroix.

Pablo Picasso, Le Peintre et son modèle (El pintor y su modelo) (1963). © 2026 Estate of Pablo Picasso / Artists Rights Society (ARS), Nueva York.

Centenares de veces aparece el perfil de Jacqueline Roque en sus composiciones, mostrando el momento de prolífica creación que vive y la inspiración que le despierta la modelo. No representa a la figura con un rostro realista, como sí retrató a Olga Picasso, su primera mujer, sino que usa su rostro como vehículo de expresión, sometiendo sus facciones a una permanente metamorfosis.

Refiriéndose a los cuadros de la joven esposa en 1980, John Richardson, biógrafo del pintor, comentaba lo «poco parecidos y apropiados» que eran aquellos retratos de Jacqueline Roque. «Era complicado relacionar a aquella chica tan tímida con ese aire tan dramático, tan intenso y el cuello largo, esa no era su característica más sobresaliente. No obstante, otra vez el interior de Picasso se hacía realidad a los pocos meses, y la amante terminó por parecerse a sus retratos en personalidad y hasta en apariencia. Un Dorian Gray al revés», exponía.

La joven y el pintor se conocen en un taller de cerámica en Vallauris, Francia. Quienes conocieron al matrimonio, describían que ella era servil hasta rozar lo enfermizo. Esa esclavitud fue quizá el ingrediente secreto para la eternidad de aquella pareja, a la que le separaban 46 años de edad. Estuvieron juntos hasta la muerte del malagueño en 1973, una década más tarde, deprimida y con problemas de alcohol, Jacqueline Roque se pegó un tiro en la cabeza.

@MaríaVillardón