La tiara de Irene de Grecia que llevó la infanta Elena y podría entrar en el joyero de los Borbón
Cuando se habla de realeza, se establece una sincera conversación sobre personajes que pertenecen a un universo bastante curioso y concreto. Pero lo que más nos gusta de sus legados, además de las historias que hayan sobrevivido durante siglos, son los joyeros que se han ido formando con el paso del tiempo. Actualmente, todo lo que se diseña para las casas reales puede respirar minimalismo y tendencia actual, pero nada se compara a esas piezas de antaño, aquellas con formas singulares que mantienen viva la historia de las casas reales. La última que hemos visto y que posiblemente cambie de manos es la de Irene de Grecia.
La hermana de la reina Sofía fallecía el pasado 15 de enero, un duro golpe para esta, puesto que era su principal apoyo. Siendo la hermana menor, siempre mantuvo un perfil discreto, casi ajeno al foco mediático que acompañó a otras figuras que formaban su entorno. Uno de sus legados es su joyero, un tesoro con piezas que se asemejaban a su personalidad y que cuenta con diseños que son únicos y que, si en algún momento salen a subasta, podrían alcanzar un resultado millonario. Pero hay una que destaca y que siempre nos ha llamado la atención: su tiara.
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Al margen de otros diseños que hayamos visto durante décadas e incluso siglos, no es una de las majestuosas tiaras históricas asociadas a coronaciones o celebraciones de Estado, es decir, es una creación cuyo valor reside precisamente en su carácter íntimo y familiar. Aunque han existido decenas de oportunidades para darle uso y mostrarla al mundo, la tiara de Irene de Grecia siempre ha estado vinculada a celebraciones privadas o eventos familiares de especial relevancia. En definitiva, se complementaba con la personalidad discreta de su propietaria.
Ahora, una de las grandes incógnitas es saber qué pasará con ella, y es que muchos expertos afirman que, gracias a su estrecha relación con la familia real española, podrían comenzar a formar parte del joyero real de los Borbón. Su carácter era peculiar y sus sobrinos españoles la apodaron como «tía pecu». De joven, Irene de Grecia debutó en el palacio real de Atenas y lo hizo con una tiara que quitó el aliento a todos los asistentes. El diseño de esta cuenta con un círculo central y siete semicírculos que van decreciendo según avanzan sobre la creación.
La pieza data de 1889, cuando el rey Humberto I de Italia la regaló a la princesa Sofía de Prusia con motivo de su boda con Constantino I de Grecia. Originalmente estaba compuesta por cuatro tres cuartos de circunferencia y del círculo central de la misma colgaba un diamante en forma de lágrima. La tiara no sólo ha sido usada por Irene de Grecia, sino que la cuñada del rey emérito Juan Carlos I se la prestó a la infanta Elena, en 1993, para asistir a la boda de Federico de Wurtemberg.
Realmente no es una creación que se haya visto mucho con los años y reside en ella la incertidumbre de quién heredará esta pieza. Aunque lo más probable es que comience a formar parte del joyero real español, a disposición de la Reina Letizia o incluso de la princesa Leonor o la infanta Sofía, hay rumores de que podría pasar a manos de Irene Urdangarin, la hija pequeña de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, que lleva su nombre en honor a esta.