Joyas

El huevo de Fabergé que ha batido récord en subasta: 25 millones, platino y 4.000 diamantes

(Foto: Christie's)

El lujo histórico siempre ha tenido un lugar especial en el mundo de las pujas y es que no hay muchas ocasiones en las que surjan oportunidades como esta. Piezas llenas de glamour, con una belleza propia y que sólo con escuchar el nombre, sabemos que estamos delante de algo único. Esto fue lo que pasó con esta pieza de joyería, la cual perteneció a una de las dinastías más trágicas de la historia: los Romanov. Con el comienzo de 2026, recordamos una de las joyas que batió récord en subasta y es este huevo de invierno de Fabergé.

Esta casa, que fue fundada en 1842 en San Petersburgo, Rusia Imperial, por Gustav Faberge, evoca riqueza, opulencia y los huevos de Pascua más extravagantes del mundo. En 1872, Peter Carl Fabergé asumió el negocio de joyería de su padre y, junto con su hermano menor, lo convirtió, de una manera bastante acelerada, en una marca reconocida a nivel mundial.

En definitiva, podríamos afirmar que sus creaciones cambiaron el curso de la joyería de lujo y los diamantes, zafiros o rubíes tuvieron que competir con estos, e incluso incorporarse en ellos. Aquí fue cuando surgió la joyería y los objetos decorativos centrados en el diseño, que destacaban las piedras semipreciosas, naturales, de colores y las técnicas de esmaltado refinadas.

(Foto: Christie’s)

Su fama fue en aumento y crearon una serie de diseños que pasaron a pertenecer a la familia imperial rusa. En 2025 fueron muchas las joyas y objetos de coleccionista exclusivos que se subastaron y hay un huevo que alcanzó cotas insospechadas. No estamos hablando de una alhaja cualquiera. El huevo de Fabergé de invierno es una pieza que fue creada en 1913 por la mítica marca, como regalo del zar Nicolás II a su madre, la emperatriz María Fiódorovna. Una tradición que, durante décadas, convirtió la Pascua en una excusa perfecta para inventar auténticas obras de arte en miniatura.

(Foto: Fabergé)

Inspirado en el invierno ruso, el huevo está recubierto de cristal de roca tallado, platino y más de 4.000 diamantes. Su diseño imita el hielo, la escarcha y esa delicadeza que deja el frío extremo, pero con una elegancia que solo Fabergé sabía conseguir. Como todas las piezas producidas por ellos, en su interior esconde una pequeña sorpresa: una cesta de flores realizada con piedras preciosas. Un detalle íntimo, delicado y con aires poéticos. Lo curioso es que su diseñadora fue Alma Theresia Pihl, una de las pocas mujeres que trabajaron para la firma rusa, algo no muy habitual en aquella época. Un detalle que sumó un punto adicional a la creación, para alcanzar el precio de subasta que se pagó.

(Foto: Christie’s)

Llegó un momento en el que todo cambió y es que la Revolución Rusa puso fin a una era de lujo, poder y exceso. Muchos de los tesoros imperiales fueron confiscados, vendidos o desaparecieron sin saber paradero. Algunos acabaron en museos y otros, como este huevo, pasaron por manos privadas y reaparecieron décadas después, envueltos en misterio y deseo. Hoy, cada vez que uno de estos huevos sale a subasta, no solo se compra una joya, sino que el afortunado adquiere un pedazo de historia.

(Foto: Christie’s)

Este Huevo de Invierno se ha convertido oficialmente en la pieza de Fabergé más cara jamás vendida, alcanzando una cifra que supera los 25 millones de euros. Para muchos esta cantidad puede parecer exagerada, pero al igual que las piezas de Liz Taylor o el broche de Napoleón, que perdió en la batalla de Waterloo, no se está adquiriendo una simple creación de joyería, sino que el que la posee, tiene en su poder un trozo de historia.