Entre los canales de Venecia se están gestando muchas novedades que convergen entre el hoy y el ayer. No hace mucho que veíamos cómo Madonna revivía uno de sus icónicos videoclips en una foto en los canales junto a Julia Garner, despertando el hipocampo de los seguidores de la reina del pop. Esta misma nostalgia es la que despierta otro de los nuevos proyectos que están viendo emerger las aguas venecianas: el Orient Express Venezia. Dando así la bienvenida a la nueva insignia de cinco estrellas de la ciudad en un edificio que lleva siglos siendo testigo del trasiego de transeúntes y góndolas. ¿Entramos?
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Orient Express Venezia es un destino en sí mismo, donde la línea del tiempo entre el pasado y el presente se diluye al paso por los canales de Venecia. Su nombre puede llevarnos, erróneamente, a divagar entre carriles con las experiencias que llevan su nombre, pero este proyecto se aleja de la línea ferroviaria de Belmont. En su lugar, tal y como hizo pública la edición argentina de Forbes, Orient Express es una sociedad creada entre Accor y el imperio del lujo LVMH.

Que esto sirva de precedente para entender la fusión entre lujo y experiencia que aterrizará este mes de abril en uno de los canales venecianos. Porque Orient Express Venezia tiene todo a su favor para ser una de esas aperturas con identidad, carácter, huella y experiencia.
La historia empieza en la fachada
Sin aún haber cruzado las puertas de Orient Express Venezia, uno puede hacerse a la idea de la magnitud del proyecto. El hotel toma como sede un edificio construido en 1436 siglo XV, reformado por el arquitecto Gian Battista Meduna en el siglo XIX donde residió el duque de Urbino, las familias Donà y Giovannelli y que llegó incluso a hacer de pinacoteca. Y que recientemente ha sido devuelto a la vida como un hotel de lujo tras ocho años de reforma a cargo de la arquitecta Aline Asmar d’Amman.
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Dentro de los muros, la experiencia evoca un viaje a través de todas las etapas de la historia veneciana. El trabajo de la arquitecta ha conseguido devolver a su esplendor la obra neogótica y barroca que confeccionaba el interiorismo de este hotel. Gracias a un meticuloso proyecto de restauración, ha devuelto el protagonismo a detalles tan singulares y característicos del paso de los siglos, como son la escalera octogonal del siglo XIX de Meduna que preside el corazón del edificio. O los detalles originales intrínsecos en los frescos y sus candelabros de Murano, esencia viva de la riqueza de esta ciudad.

Todo manteniendo la intimidad de un lugar que fue hogar y punto de encuentro a partes iguales. Lo hace con una oferta limitada a solo 47 estancias, todas ellas impregnadas de esta huella de haber sido sede de una rica herencia cultural. En ellas, los detalles de la pintura hecha a mano enternecen el alma del palacio. Están acompañadas por techos abovedados, ribetes y cabeceros de seda que evocan un ambiente onírico. Además, hay una paleta de colores que da coherencia a la narrativa entre todos estos elementos e invitan al huésped a sucumbir a la máxima relajación.
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Así, cada estancia tiene una identidad singular y ofrece una experiencia diferencial y auténtica a cada huésped. Hablemos también de la variedad entre ellas, pues las habitaciones van desde la intimidad de las Habitaciones Clásicas de 30 metros cuadrados hasta los espaciosos Apartamentos de 148 metros cuadrados. De todas las estancias, son precisamente los apartamentos los que merecen una mención aparte. En su interior, la historia cobra vida en las seis Signature Suites, cada una contando una historia diferente: Orient Express Suite, Colori Persi Suite, Del Conte Suite, Teatro Suite, Cherubini Suite y La Minerva Suite. Y albergando una colección de arte original del hotel única y singular.

Aunque el bienestar encuentra su culmen en el se inspira en La Serenísima, el Spa del Hotel. Articula sus tratamientos en base a la antigua herencia termal romana, el poderío marítimo de Venecia y los envolventes rituales de los hammams otomanos.
Abierto a celebraciones
Si de algo presumen los palacios de la época como el que hoy ocupa el Orient Express Venezia es de haber sido punto de encuentro de la alta corte a lo largo de los siglos. De igual forma, actualmente el hotel acoge diferentes salones para poder celebrar eventos y celebraciones. El más espectacular: el salón de la Victoria, diseñado en el siglo XVI para la boda de la princesa de Parma. A este le acompaña la Sala della Cultura, un espacio para el intercambio de ideas, testigo de las tertulias académicas que antaño animaban el Palazzo. Y la Sala della Musica, cuyo interiorismo evoca los salones aristocráticos de antaño y que está dispuesta a servir de punto de encuentro para la cultura.

Gastronomía a la dolce vita
Italia se visita, pero también se disfruta sobre la mesa. Esta regla no es una excepción; en el Orient Express Venezia se puede encontrar un espacio para disfrutar de la gastronomía en todas sus versiones. La más lujosa y gourmet toma forma de la mano del aclamado chef con tres estrellas Michelin Heinz Beck Venezia. En sus fogones, los productos se transforman en una experiencia de alta gastronomía única. De ahí se pasa a la elegante y relajada atmósfera de La Casati, donde poder disfrutar de un bocado en cualquier momento del día. O, por último, en la sofisticación desenfadada del Wagon Bar.
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