La última visita del rey Juan Carlos I a Sevilla no sólo ha estado marcada por su regreso a la vida pública durante la Semana Santa, sino también por el lugar elegido para su estancia: un enclave que combina historia, elegancia y una de las panorámicas más privilegiadas de la ciudad. Acompañado por su nieta Victoria Federica de Marichalar, el emérito se instaló en el Hotel Vincci La Rábida, un antiguo palacete del siglo XVIII situado en el emblemático barrio del Arenal. Lejos de optar por residencias privadas, como en otras ocasiones, esta vez eligió un hotel con alma sevillana, donde la tradición arquitectónica convive con el confort contemporáneo.
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El refugio secreto del rey Juan Carlos en Sevilla
El edificio conserva intacta la esencia de las casas palacio andaluzas: patios interiores luminosos, decoración clásica y una atmósfera tranquila que invita a desconectar del bullicio exterior. Todo ello, a escasos metros de iconos como la Catedral de Sevilla o la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, donde el rey fue recibido con una sonora ovación durante la tradicional corrida del Domingo de Resurrección.
Pero si hay un rincón que convierte este hotel en un auténtico tesoro es su azotea. Desde allí, los huéspedes pueden contemplar la imponente silueta de la Giralda mientras disfrutan de la gastronomía local. Un escenario casi cinematográfico que explica por qué este lugar se ha convertido en refugio de figuras destacadas.

En cuanto a precios, el abanico es amplio: desde habitaciones más accesibles que rondan los 90 euros por noche, hasta opciones superiores que superan los 300 euros. Sin embargo, la auténtica joya del hotel es la exclusiva Suite Mirador, cuyo precio puede alcanzar los más de 500 euros por noche. En dicha suite es en la que se alojó el rey Juan Carlos. Este espacio cuenta con detalles que elevan la experiencia a otro nivel: terraza privada con vistas directas a la Giralda, salón independiente y una bañera de hidromasaje, un capricho al alcance de pocos .
La estancia del rey no fue sólo un viaje institucional, sino también un reencuentro familiar. A su llegada, fue recibido por sus nietos en un ambiente distendido, reflejo de la estrecha relación que mantiene con ellos. Poco después, se desplazó al exclusivo Real Club Pineda de Sevilla, donde compartió almuerzo con su entorno más cercano, incluida la infanta Elena.
