‘Carbono-Hidrógeno-Oxigeno+1 átomo de Nitrógeno’, por Carlos Pérez-Carracedo

  • Carlos Pérez-Carracedo
Carlos Pérez-Carracedo
Carlos Pérez-Carracedo

La ciencia ha hecho unos avances increíbles y nos ha ayudado a entender muchas facetas de la conducta humana y el motivo de ciertos comportamientos.

El comportamiento de un individuo no es como estudiar sustancias químicas en un laboratorio, es mucho más complejo y peculiar. Estamos influenciados de forma muy sensible por las pasiones, las emociones, los deseos, los sentimientos y los pensamientos. Todo un proceso y unos protocolos extremadamente complejos que se entrelazan y colaboran para dar ciertos resultados individuales, pero también generales a cada uno de nosotros.

La fórmula química con la que he querido titular este artículo de hoy es una de las claves por las que se rige el comportamiento.

Fórmula de la dopamina
Fórmula de la dopamina

Me gustaría abordar muchos aspectos de nuestro comportamiento en base a esta fórmula, pero tengo pocas líneas para extenderme en demasía, por lo que únicamente abordaré un tema que seguro suscitará toda nuestra curiosidad, ya que quedarán muchos comportamientos explicados en base a este aspecto.

La fórmula química compuesta por Carbono, Hidrógeno, Oxígeno y Nitrógeno corresponde a la DOPAMINA, y lo que voy a abordar en estas líneas es el AMOR, y cómo la química de la dopamina influye en este aspecto.

La dopamina en el cerebro la descubrió una investigadora que trabajaba en el laboratorio del Hospital Runwell de Londres allá por el año 1957. Sin entrar en demasiados detalles neurocientificos, deciros que solo un 0,0005% de las células cerebrales segrega dopamina. En otras palabras, una de cada dos millones. Aun así, es una de las hormonas que más influyen en ciertos comportamientos, tales como el amor, el deseo o el placer; nuestros circuitos cerebrales de recompensa. La dopamina tiene mucho que ver con las adicciones y el juego, pero también con la creatividad, las artes literarias, la música, el éxito o algo tan espiritual como creer en una fuerza superior tenga el nombre que tenga.

Neuronas
Foto: Unsplash

La dopamina deriva de lo más profundo de nuestro cerebro, de los circuitos del deseo, un área llamada ‘ventral tegmental’, es una de las zonas que más dopamina segregan en nuestro cerebro.

Todos estos estudios tienen como base la investigación científica en macacos y ratas como tantos otros, y a medida que iban pasando los años, se iban descubriendo nuevos avances en relación con la dopamina y cómo esta influye en nuestro comportamiento.

Monos
Foto: Unsplash

«La dopamina es la hormona de la emoción futura»

Digamos que la dopamina es la hormona de la emoción futura, la emoción de lo desconocido pero deseado y ansiado. Desde ver un cruasán recién salido del horno en un escaparate de una bonita pastelería cuando pasamos al lado de ella, como la conquista de una mujer o un hombre. La dopamina se activa y desencadena una serie de reacciones químicas que hacen que desees con la expectativa evidente de comerte el cruasán o de culminar la conquista.

El cerebro distingue con mucha certeza dos sistemas por el que se rige, un sistema para lo que tienes y otro para lo que no tienes!

Radiografía del cerebro
Foto: Pexels

La dopamina actúa sobre el espacio que cubre el no tener, sobre la expectación de tener en un futuro ideal o soñado y la posibilidad de conseguirlo y culminarlo, una palabra que nos trae locos a todos, el ÉXITO. Entendemos que las cosas que aún no tenemos no las podemos usar o consumir, tan solo desearlas con buenas dosis de dopamina activada.

Quizá el mensaje más importante que me gustaría dejar leer entre líneas en este artículo y antes de llegar a su final, es entender, desde el punto de vista químico, y por tanto conductual, que encontrar el amor requiere de una serie de comportamientos, habilidades, fórmulas químicas completamente distintas a las que son necesarias para lograr que una vez alcanzado dure y se mantenga. Una cosa es la conquista y el romance y otra bien distinta el amor, que con el paso del tiempo modifica su naturaleza y desactiva la segregación de dopamina. Este es esencialmente el motivo por el cual las relaciones a partir de los 12 a 18 meses cambian su naturaleza y dejan de ser un romance dopaminérgetico para convertirse en otros sentimientos mucho más profundos, sinceros y duraderos.

Recién casados
Foto: Unsplash

Para sustentar esta afirmación se experimentó con ratas en un laboratorio descubriendo un pequeño lado oscuro de la dopamina. Se puso una comida muy rica en la jaula de una rata y se midió el pico de dopamina en ese instante, observando un incremento muy específico de la misma. Se siguió echando en la jaula comida muy rica, pero sin un orden cronológico de horario de forma aleatoria, y los picos de dopamina seguían muy activos. Sin embargo, cuando se siguió echando comida rica cada 5 minutos en la jaula de la rata la segregación de la dopamina cesó.

Rata
Foto: Unsplash

Esto trasladado al comportamiento humano indica claramente que cuando ya no existe sorpresa, cuando ya no existe error en la predicción, cuando uno no tiene que esperar cuando se alcanza la recompensa, cuando se cumple un sueño, cuando se alcanza una meta, la segregación de dopamina cesa.

Esto explica con objetividad que el romance, la sorpresa, la expectativa de lo desconocido, el descubrimiento, la falta de predicción tienen una caducidad y cuando ello ocurre y la dopamina deja de ser el driving power la naturaleza de nuestra relación debe cambiar.

Cambiar la naturaleza de nuestra relación y que pase de un romance lleno de descubrimientos y sorpresas a un amor sincero basado ya en lo conocido y descubierto siempre es difícil. El mundo en el que vivimos siempre nos da una salida fácil y rápida, el cerebro siempre tiende a escoger lo fácil por encima de lo difícil. Así que cuando la dopamina ya no tiene picos de excitación ¡muchas relaciones no sobreviven a la transición!

Pareja
Foto: Unsplash

La dopamina es la hormona del MÁS. Si vives debajo de un puente hará que quieras vivir en una tienda de campaña, si vives en un apartamento en las afueras hará que quieras vivir en un apartamento en el centro más grande, si vives en una finca en el campo hará que quieras vivir en un castillo y cuando hayas vivido en la mejor casa del mundo y tengas otras tantas repartidas hará que quieras subir en un cohete y viajar al espacio. Un camino infinito a la infelicidad y la insatisfacción. Si has conquistado a la mujer/hombre, hará que vayas directamente a la próxima conquista. Sencillamente MÁS.

Así que podemos concluir que la dopamina tiene como objetivo conseguir cosas o relaciones, una vez que se tienen, deja de ser un objetivo y cuando pasa a ser una realidad, la dopamina ya no tiene un objetivo por el que activarse.

Cuántas veces nos hemos sentido así, con un bajón. Una vez que hemos alcanzado el objetivo, pierde cierto interés y casi de forma inmediata ya estamos buscando nuevos retos, nuevas expectativas, nuevas sorpresas, nuevas experiencias.

Dopamina
Foto: Unsplash

Una vez dicho todo esto ya me imagino que cuando uno tiene un chute dopaminérgetico que genera constantemente deseo y placer pasional es complicado decirle adiós al menos en ese formato de picos de dopamina. Pero la capacidad para ‘engañar’ a la dopamina y realizar la transición hacia el amor que dure es claramente un signo de madurez en la vida.

La composición química del cerebro ante el romance, la pasión fruto del descubrimiento y la sorpresa es la dopamina. Sin embargo, la composición química de amor una vez realizada la transición, es la oxitocina, la serotonina y las endorfinas. Hay también una diferencia entre hombres y mujeres, ya que la oxitocina está más presente en las mujeres que en los hombres. En nosotros prima más la vasopresina, pero al fin y al cabo, las podríamos denominar a todas ellas como las moléculas del presente, ¡las del aquí y ahora!

Obedece a cierta normalidad química en el cerebro que a medida que se va consolidando una pareja, una relación, y pasamos del romance al amor, las relaciones sexuales pierden fogosidad, frecuencia al menos, y esto tiene una explicación. La oxitocina (la hormona de la felicidad) en las mujeres y la vasopresina en los hombres, son inhibidores naturales de la testosterona.

Todo indica desde el punto de vista químico del cerebro que los hombres con altos índices de testosterona en sangre son menos propensos a casarse.

Anillo de compromiso
Foto: Unsplash

La química también explica que cuando una relación estable se vuelve inestable, los niveles de vasopresina bajan y los niveles de testosterona suben, también la dopamina se vuelve a activar. Es también cuando se abre un nuevo marco de búsqueda de emociones nuevas.

Cuando la dopamina está en reposo se activa sin prisas de 3 a 5 veces por segundo pero cuando está excitada se activa de 20 a 30 veces por segundo.

Corazón roto
Foto: Unsplash

Los estudios antropológicos y la historia nos indican y hacen ver que los seres humanos quieren y necesitan compañía a largo plazo. A pesar del evidente atractivo que tiene tener muchas parejas, la mayoría opta por relaciones estables.

Tengamos en cuenta que la dopamina siempre querrá más, aunque nos mande a perseguir fantasmas, pero más no siempre suma, algunas veces resta. De todos es conocido la frase de que ‘menos es más’. La dopamina nunca se dará por satisfecha, tan solo querrá MÁS.

Podríamos decir que la dopamina en el amor siempre es el punto de partida, donde todo empieza, no el de llegada. Cuando el futuro se convierte en presente, la dopamina se desactiva y los sentimientos de emoción excitada, entusiasmo desbordante y energía incontrolable desaparecen, se moderan y naturalizan en el presente.

Cartel de 'Felices para siempre'
Cartel de ‘Felices para siempre’ / Foto: Unsplash

‘Cuidado con lo que deseas’ sería la frase para terminar este artículo, y empieza a conocerte un poco mejor para poder saber cuándo desactivar la dopamina y pasar de un enamoramiento a un amor duradero y bonito, activar las moléculas del presente y vivir relaciones duraderas y sanas. Al fin y al cabo, todos somos buscadores de felicidad incansables.

Es el viaje infinito de la vida.

Agradecer al Dr. Lieberman toda la información para redactar este artículo tan interesante.

Carlos Pérez Carracedo
Foto: Carlos Pérez Carracedo