En Hollywood, cada objeto que aparece en pantalla puede convertirse en una declaración de intenciones. Relojes suizos, coches eléctricos, trajes italianos… y, de vez en cuando, una botella de vino. Lo curioso es que, en la nueva película Una batalla tras otra, una de las grandes candidatas de la temporada de premios con 13 nominaciones a los Oscar, el vino que aparece en manos del protagonista no es un Burdeos millonario ni un Napa Valley de culto. Es un tinto nacido en Toledo. Hablamos con los enólogos.
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En una de las escenas, el personaje interpretado por Leonardo DiCaprio bebe un vino español muy concreto: Los Conejos Malditos, elaborado por la bodega Bodegas Más Que Vinos. Una elección que, en términos cinematográficos, dura apenas unos segundos. Pero que en el mundo del vino tiene algo de pequeño milagro comercial. Porque Hollywood suele mirar a Francia cuando se trata de vino. O, en su defecto, a California. Castilla-La Mancha, históricamente, no suele aparecer en el guion.
Cuando Hollywood descubre Toledo
«Llevamos más de 15 años con una plaga de conejos, de ahí el nombre de Los Conejos Malditos»
La bodega no tenía ni idea de que su vino aparecería en la película. La noticia llegó, como suele ocurrir en estos casos, por una llamada inesperada. «Nos avisó nuestro importador en EEUU cuando se estrenó la película y lo recibimos con mucha sorpresa y alegría«, explican los enólogos Margarita Madrigal, Alexandra Schmedes y Gonzalo Rodríguez.
El nombre Los Conejos Malditos podría parecer una estrategia de marketing diseñada por algún creativo con exceso de café. En realidad, describe un problema bastante real. Durante más de una década, los conejos han sido uno de los mayores enemigos de los viñedos de la zona. «Llevamos más de 15 años con esta plaga de conejos que nos baja mucho la producción, nos sube los costes y todo lo tenemos que asumir nosotros, y sobre todo en las pequeñas parcelas de viñas viejas que no podemos vallar», informan.

La idea de convertir ese problema agrícola en una etiqueta nació durante una visita de sus importadores estadounidenses. «Surgió elaborar un vino que reflejase y visibilizara esta cuestión, pero sin un tono dramático, para lograr hacer de un gran problema una oportunidad». En otras palabras: si no puedes derrotar a los conejos, al menos conviértelos en marca.
Tres amigos, una bodega y la Meseta de Ocaña
La historia de Bodegas Más Que Vinos empieza en 1999, cuando tres amigos (Margarita Madrigal, Alexandra Schmedes y Gonzalo Rodríguez) decidieron convertir su pasión enológica en un proyecto profesional. Primero lo hicieron como consultores, asesorando a bodegas tan reconocidas como Valduero, Remírez de Ganuza, Alvear, Valserrano o Barón de Ley.
Después decidieron hacer su propio vino. El lugar elegido fue Dosbarrios, en la Meseta de Ocaña, a 750 metros de altitud. Allí cultivan viñas viejas, en secano y sin riego, bajo un enfoque ecológico que hoy suena muy contemporáneo, pero que ellos aplicaban mucho antes de que la sostenibilidad se convirtiera en palabra de moda.
«Desde nuestros inicios hemos creído y realizado siempre una viticultura sostenible y ecológica, respetuosa con el medio que nos rodea, para preservar y mejorar el ecosistema en el que trabajamos», explican. Ese compromiso les valió en 2022 el certificado Sustainable Wineries for Climate Protection.

El vino que bebe DiCaprio
«Queríamos una etiqueta que llamara la atención, desenfadada… que hiciera sacar una sonrisa»
El vino que aparece en la película es un tempranillo de maceración carbónica, un estilo pensado para beber joven y sin demasiada ceremonia. Según la bodega, presenta color cereza intenso, aromas a bayas rojas y ciruelas y un perfil fresco con recuerdos de grosella, mora y regaliz, con taninos suaves y un final jugoso. En otras palabras: el tipo de vino que alguien podría abrir en una cena informal… o, aparentemente, en una escena de Hollywood.
La etiqueta del vino también tiene su propia historia. Fue diseñada por el ilustrador estadounidense Dustin Harbin, amigo de los importadores de la bodega en Estados Unidos.
La intención era clara: «Queríamos una etiqueta que llamara la atención, desenfadada y que transmitiera el problema pero que hiciera sacar una sonrisa«. En el mundo del vino (donde abundan los castillos, los escudos heráldicos y las tipografías solemnes), un conejo rebelde tiene algo de refrescante.

¿Puede una escena cambiar el destino de una botella?
«Las personas que conocen nuestro vino sí se han dado cuenta de su presencia en la película»
¿Creen que esta visibilidad cambiará la percepción del vino español en el cine y fuera de España? La bodega responde con un realismo muy castellano: «No, la verdad, sería estupendo, pero no todo el mundo se fija en ello”.
Aunque sí reconocen una pequeña esperanza, la de que su aparición en el filme impacte en la demanda de Los Conejos Malditos: «Eso sí lo esperamos con mucha ilusión, ya que las personas que conocen nuestro vino sí se han dado cuenta de su presencia en la película«.
