Gastro

Albert Beniflah, dueño del restaurante donde cenó el Real Madrid: «Aquí se busca más que una cena o copa»

Albert Beniflah, CEO y fundador de Grupo Mosh. (Foto: Grupo Mosh)

Madrid suma una nueva dirección imprescindible a su mapa de ocio y gastronómico. Se llama 61. y, aunque mantiene ese punto de misterio que tanto seduce, su nombre ya corre de boca en boca entre quienes saben dónde cenar (y dónde quedarse después) en la ciudad. El último suceso que lo ha convertido en objeto de deseo llegó la semana pasada, cuando los jugadores del Real Madrid, como Vinicius Jr. y Kylian Mbappé, se reunieron allí. La escena, discreta pero comentada, confirmó lo que muchos intuían: 61. no es sólo un restaurante, es el nuevo punto de encuentro de una generación que entiende el ocio como experiencia.

Detrás del proyecto está Albert Beniflah, CEO y fundador de Grupo Mosh, responsables de iconos del ocio en la Costa del Sol. Charlamos con él para entender qué significa este desembarco en Madrid y por qué 61. va mucho más allá de la gastronomía.

«Cuando uno mira el recorrido desde 2016 hasta hoy, entiende que había algo natural en dar este paso. Nacimos y crecimos en Marbella, consolidando proyectos como Mosh, Playa Padre o La Cabane, y el reciente Motel Particulier, pero siempre tuvimos claro que nuestro concepto no pertenecía solo a un lugar, sino a una manera de vivir»

Esa manera de vivir encuentra en Madrid el escenario perfecto. «Madrid es una ciudad que no duerme, que vibra, que mezcla culturas y perfiles con una naturalidad extraordinaria. Para nosotros era el siguiente paso lógico dentro de un plan de expansión muy meditado. 61. no es solo una apertura; es la consolidación de una etapa y el inicio de otra en una capital que marca tendencia en Europa».

(Foto: 61.)

Un ADN propio, reinterpretado para Madrid

«Madrid no es Marbella, y no pretendemos que lo sea. Aquí el ritmo es más urbano, más vertical, más imprevisible»

El universo Mosh siempre ha girado en torno a una experiencia integral: gastronomía, música, diseño y atmósfera en equilibrio. En 61., ese ADN se mantiene, pero evoluciona.

«Hay un ADN que siempre está presente: la búsqueda de la excelencia, el equilibrio entre gastronomía, música, diseño y esa sensación de experiencia integral que envuelve al cliente desde que entra hasta que se va. Esa mezcla es muy nuestra».

La diferencia está en el ritmo. «En 61. mantenemos esa esencia, pero cambiamos las proporciones. Madrid no es Marbella, y no pretendemos que lo sea. Aquí el ritmo es más urbano, más vertical, más imprevisible. La propuesta evoluciona durante la noche, la iluminación cambia, la música se transforma y el espacio se reinterpreta constantemente».

En otras palabras: si en la Costa del Sol el tempo lo marca el atardecer frente al mar, en Madrid lo impone la energía vibrante de la ciudad.

(Foto: 61.)

Brasas de autor y estética cuidada al milímetro

«Madrid tiene un público cosmopolita, exigente y muy acostumbrado a viajar… todo dialoga con ese perfil sofisticado que busca algo más que una cena o una copa. Busca vivir algo distinto»

En el centro de todo está la cocina de Franco Franceschini, chef ejecutivo del grupo. Su raíz argentina se expresa en brasas de autor que elevan cada plato y aportan carácter a la propuesta.

«La propuesta gastronómica liderada por Franco Franceschini mantiene esa identidad tan nuestra, con brasas de autor y raíces argentinas, pero se adapta al momento y al contexto», explica Beniflah. «Madrid tiene un público cosmopolita, exigente y muy acostumbrado a viajar. Eso nos obliga a estar a la altura, a sorprender, a cuidar cada detalle. La coctelería, la selección musical, el diseño del espacio… todo dialoga con ese perfil sofisticado que busca algo más que una cena o una copa. Busca vivir algo distinto».

Ese cuidado por el detalle se percibe también en los uniformes del equipo, diseñados por Casoná, firma española cuya diseñadora trabajó con Raf Simons  cuya máxima es la de ser sostenibles y usar textiles de casas de lujo.

Jugadores del Real Madrid en 61. (Foto: Vinicius)

Las estrellas que apoyan lo nuevo de Mosh

«Más que embajadores, son parte de una comunidad que comparte valores»

El apoyo de perfiles del mundo deportivo y cultural (además de los jugadores blancos, también se ha dejado caer por allí Ester Expósito), ha acompañado la apertura madrileña, pero Beniflah insiste en que el proyecto no gira en torno a nombres concretos.

«Desde el inicio, hemos tenido la suerte de contar con el respaldo de perfiles que entienden muy bien nuestra manera de concebir el ocio. Más que embajadores, son parte de una comunidad que comparte valores, sensibilidad estética y una forma determinada de disfrutar la música y la gastronomía”.

Y matiza: «Su apoyo ha sido importante en esta llegada a Madrid, pero siempre desde la naturalidad y la discreción. No buscamos convertir el espacio en un escaparate, sino en un lugar donde todo el mundo, independientemente de su perfil, pueda sentirse cómodo y vivir la experiencia con autenticidad. Para nosotros, la identidad de 61. no la construyen los nombres propios, sino la coherencia del proyecto y la energía que se genera cada noche».

(Foto: 61.)

Un ‘art-dining club’ casi clandestino

«Las redes son una herramienta, pero no pueden ser el único motor. El boca-oreja tiene algo orgánico, casi romántico»

61. se define como un art-dining club. La experiencia cambia, se transforma y sorprende. «Nos fascina la cultura de los espacios que se descubren. No creemos en lo evidente ni en lo inmediato. El acceso discreto, la sensación de estar entrando en algo diferente, forma parte de la experiencia».

En un momento donde se busca la viralidad, Grupo Mosh apuesta por otra vía. «Nos interesa más la permanencia que la viralidad. Las redes son una herramienta, pero no pueden ser el único motor. El boca-oreja tiene algo orgánico, casi romántico. Cuando alguien recomienda 61. porque realmente lo ha disfrutado, esa recomendación vale más que cualquier tendencia efímera».

La exclusividad, aclara, no es excluir. «Es cuidar. Es garantizar que la experiencia mantenga su nivel, que el equilibrio no se rompa. Preferimos crecer con coherencia antes que hacerlo con ruido».

(Foto: 61.)

¿Existe algún guiño especial que sólo descubren quienes cruzan sus puertas? La respuesta mantiene el encanto de lo inesperado: «Sí, y preferimos que siga siendo así. Pero podemos decir que 61. está pensado para que cada visita sea distinta. El arte se renueva semestralmente, el ambiente evoluciona a lo largo de la noche, la música cambia el pulso del espacio. Hay detalles en el diseño, en la iluminación, en pequeñas decisiones que no se anuncian, pero que se sienten». 61. no busca ser uno más. Busca convertirse en experiencia. Y, a juzgar por quiénes ya se sientan a su mesa, lo está consiguiendo.