En el desfile de Michael Kors durante la New York Fashion Week, uno de los momentos más esperados del calendario, el foco no sólo estuvo en la pasarela. En el front row, entre celebridades y flashes, un accesorio se impuso con fuerza inesperada: los guantes. Más allá de abrigos y botas, este clásico asociado históricamente a la elegancia recupera ahora su estatus como pieza clave del invierno. Sofisticados y con actitud, los guantes vistos en primera fila demostraron que pueden transformar cualquier estilismo y convertirse en el gesto definitivo de tendencia esta temporada.
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Si miramos atrás, los guantes tienen un origen histórico fascinante. Durante los siglos XVIII y XIX, eran mucho más que una protección contra el frío; eran un símbolo de clase y refinamiento. En la aristocracia europea, los guantes de piel fina o bordados eran una forma de comunicar poder y buen gusto, y existían reglas estrictas sobre cómo y cuándo llevarlos. En el siglo XX, con la democratización de la moda, los guantes comenzaron a asociarse también a la feminidad y el glamour hollywoodiense, especialmente los largos, que se convirtieron en un icono de sofisticación en alfombras rojas y películas clásicas. Hoy, esa historia se mezcla con la modernidad: las pasarelas y las influencers los muestran como un accesorio versátil, atrevido y completamente adaptable a estilos urbanos o elegantes.

Cómo combinarlos sin esfuerzo es una de las claves para incorporarlos a nuestro armario. Los guantes funcionan de maravilla con abrigos clásicos de lana, trenchs y chaquetas de cuero, pero también pueden elevar estilismos más casuales, como jerséis oversize o capas amplias. Los colores neutros como negro, gris, beige o marrón son perfectos para un look elegante y sofisticado, mientras que los tonos más intensos –rojo, verde botella, azul eléctrico– funcionan como puntos focales que aportan un aire atrevido. Una de las ventajas actuales es que ya no es obligatorio combinar los guantes con bolso o calzado, lo que permite jugar con contrastes de color y texturas. Además, se pueden llevar tanto en contextos formales como informales, demostrando que este accesorio ha dejado de ser exclusivo de la alta sociedad para convertirse en un elemento democrático de estilo.

Entre todas las opciones, los guantes de piel largos son, sin duda, los más icónicos. Disponibles desde el ante hasta el cuero brillante o mate, estos modelos aportan un aire dramático y elegante que funciona tanto con vestidos de fiesta como con abrigos estructurados. Los guantes largos que superan el codo evocan un glamour clásico al estilo Audrey Hepburn, mientras que los más cortos permiten un look más casual pero igual de sofisticado. Además, hay una gran variedad de acabados: lisos, arrugados, con costuras visibles, en tonos clásicos como negro, blanco, burdeos o chocolate, y en versiones más atrevidas con estampados o detalles metálicos. Su versatilidad los hace ideales tanto para la ciudad como para ocasiones especiales, y su simple presencia transforma un conjunto sencillo en algo memorable.

En definitiva, los guantes han vuelto para quedarse. Son un accesorio que combina historia, elegancia y modernidad, capaz de aportar color, textura y actitud a cualquier look de invierno. Esta temporada, invertir en un buen par de guantes –especialmente si son de piel larga– no es sólo práctico, sino también una forma de marcar estilo y personalidad. Porque si algo nos demuestra la moda, es que los pequeños detalles son los que hacen grande un outfit.
