El mundo de la moda ha sufrido sus más y sus menos, pero todos coincidimos en que la época de los 90 fue la etapa donde más popularidad adquirió. Aunque llevábamos varias décadas previas de transformación y tendencias que se han convertido en una guía para la evolución de muchas marcas, esa época habló de manera personal, pero sobre todo por lo que sucedía encima de las pasarelas. Desde Naomi Campbell, pasando por Claudia Schiffer, Gisele Bündchen, Cindy Crawford o Linda Evangelista, ponían cualquier colección a otro nivel y subían a la casa de moda en cuestión al Olimpo. Hemos visto cómo esto vuelve a suceder con Kate Moss en Gucci.

Desde que el juego de las sillas de la moda terminó, el siguiente paso era observar, expectantes, la evolución de estas marcas, puesto que el cambio de dirección creativa, en algunos de esos casos, era muy drástico. Ya no es sólo cuestión de levantar una marca, porque eso incluso puede llegar a ser sencillo. El problema principal se centraba en mantenerla, lo cual es aún más complicado. Pero cuando tienes una supermodelo, de esas que daban que hablar en los 90, ilustrando una de tus prendas, la conversación cambia.
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Gucci, un nombre con cambios
En el caso de esta firma italiana, desde que Tom Ford lo dejó, tuvo una época baja y con Alessandro Michele, volvió a subir al máximo nivel, puesto que la excentricidad del autor la ponía en el mapa y sus prendas eran las más deseadas. Su nombre era directamente asociado con Gucci y viceversa, hasta que decidió dejar la marca para emprender una nueva aventura. Después de eso, Sabato de Sarno cogió las riendas de la dirección creativa y apenas duró dos años. Ahora, en manos de Demna Gvasalia, su camino vuelve a tomar otro rumbo y la elegancia se reinventa. El que provocó el cambio tan drástico en Balenciaga se pone a bocetar para una de las firmas italianas más elegantes que existen.

Kate Moss, la modelo que se salía de los cánones de belleza
Su nombre no necesita presentación ni explicación, puesto que ha sido cara y musa de creadores como Alexander McQueen. Esta apareció en la escena cuando el mundo de las modelos de los 90 se encontraba en su máximo esplendor y, no vamos a mentir, fue como un golpe de realidad, puesto que destruía los cánones que se imponían en las modelos de la época. No era alta, tampoco, y tenía una belleza despampanante, pero su personalidad sobre la pasarela estaba a otro nivel. Con el tiempo, se fue convirtiendo en un referente para muchas mujeres y sus paseos por desfiles como Calvin Klein, John Galliano, Karl Lagerfeld o su debut hace dos años en el retorno de Victoria’s Secret, provocan que su nombre retumbe en una industria que se encuentra en plan cambio.

Gucci y Kate Moss, una unión que ha sido una explosión
Momentos antes de comenzar su último desfile, el público estaba expectante ante la idea que iba a presentar su nuevo director creativo. Lo que no se esperaban es que Kate Moss, de 52 años, fuera la cara que iba a abrir el desfile de Gucci. Lo que el georgiano propone es algo parecido a lo que hacía con Balenciaga.
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Sus colecciones critican, en parte, ese mundo del estatus y de tener que mostrar y, cómo no, ha caído en la firma perfecta. En una donde el negro predomina, la modelo británica abría el desfile con un ajustado vestido, en una tela brillante y con un toque novelero detrás, que ya le vimos algo parecido a Teyana Taylor en los Globos de Oro, con un custom de Schiaparelli.

La creación reinterpreta uno de los vestidos que es emblema de Gucci, rindiendo homenaje a la aparición de Mireille Darc en el largometraje de El gran rubio con un zapato negro de 1972. Si tenemos que describir el concepto de Demna para Gucci, lo podríamos definir de esta manera: ajustado, brillante y con una sutil reminiscencia a la época de Tom Ford. Si esto lo ponemos sobre cuerpos como el de la supermodelo británica Kate Moss, el éxito puede que sea seguro.
