Cuarenta años después de que nadie volviera a poner a Baby en un rincón, Jennifer Grey está lista para regresar exactamente al lugar del que nunca se fue del todo: Dirty Dancing. La actriz ha confirmado que volverá a interpretar a Frances Baby Houseman en la esperada secuela del clásico de 1987, un anuncio que no sólo activa la nostalgia colectiva, sino que también reabre una de las historias más dolorosas de Hollywood: cómo una cirugía estética borró, literalmente, a una estrella del mapa.
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Estrenada en 1987, Dirty Dancing se convirtió en un fenómeno cultural sin precedentes. Recaudó más de 214 millones de dólares en todo el mundo, ganó un Oscar gracias a la inolvidable (I’ve Had) The Time of My Life y dejó escenas, coreografías y frases grabadas a fuego en nuestra memoria.
La química entre Jennifer Grey y Patrick Swayze era pura electricidad. Mientras él ascendía al Olimpo de las estrellas, ella (la novia de América, el rostro fresco y diferente) iniciaba un camino mucho más tortuoso.
El rostro que no encajaba (y que la hacía única)
«Tenía casi 30 años y había pasado gran parte de mi vida adulta intentando amarme tal como era»
Jennifer Grey no respondía a los cánones clásicos de belleza de Hollywood. Su nariz, con una protuberancia muy marcada, era parte esencial de su identidad. También, según le hicieron creer durante años, un obstáculo profesional. Tras el éxito de Dirty Dancing, la presión se intensificó. Su madre, la actriz Jo Wilder, le sugirió someterse a una rinoplastia para «facilitarle» el acceso a papeles protagonistas. Grey se resistió durante mucho tiempo.
«Tenía casi 30 años y había pasado gran parte de mi vida adulta intentando amarme tal como era», confesó en una entrevista con The New York Times. Aún así, decidió realizarse una primera operación muy conservadora: afinar la nariz sin perder su rasgo distintivo. Funcionó. Llegaron más ofertas. Parecía la decisión correcta.

Pero en 1992, durante el rodaje de Wind, un detalle mínimo (un cartílago que sobresalía en la punta) la llevó a pasar por quirófano por segunda vez. Nadie podía prever el resultado.
«El cirujano me miró y dijo: Nunca había visto un cambio tan dramático»
El momento en el que le retiraron los vendajes quedó grabado para siempre en su memoria. «El cirujano me miró y dijo: Creo que nunca he visto un cambio tan dramático«, relató Grey años después a Katie Couric, según recogió la BBC. Ella supo al instante que algo había ido mal.
La transformación fue radical. Tanto, que el público dejó de reconocerla. «Fue como si hubiera cometido un crimen imperdonable: despojarme deliberadamente de lo único que me hacía especial», escribió en sus memorias Out of the Corner. Los fotógrafos no sabían quién era. Los directores no la asociaban con Baby.
Caer, tocar fondo y reconstruirse tras ‘Dirty Dancing’
Durante años, Jennifer Grey vivió en una especie de limbo. Sin grandes papeles, lejos del foco y cargando con una culpa que no le pertenecía. «Ser tan incomprendida durante décadas me hirió profundamente», confesó.
La reconciliación llegó mucho después. En 2022 publicó Out of the Corner, unas memorias en las que revisa su caída, su dolor y su reconstrucción personal. «Nadie iba a rescatarme. Y cuando entendí eso, descubrí lo fuerte que era», escribió.

El regreso de Baby, sin copiar el pasado
«Baby ocupa un lugar muy profundo en mi corazón»
Hoy, con 65 años, Jennifer Grey vuelve a Dirty Dancing desde un lugar completamente distinto. La secuela contará con la producción de Nina Jacobson y Brad Simpson (Los Juegos del Hambre) a través de Color Force, guion de Kim Rosenstock y la propia Grey como productora ejecutiva.
Para la actriz, el regreso no es un ejercicio de nostalgia fácil. «Baby ocupa un lugar muy profundo en mi corazón. Durante mucho tiempo me pregunté dónde estaría hoy, cómo sería su vida. Necesité encontrar al equipo adecuado para construir algo que respetara la película original», ha explicado.
Grey también ha sido clara respecto a Patrick Swayze, fallecido en 2009. No habrá sustitutos ni intentos de repetir la magia. «No hay forma de reemplazar a alguien que ya no está. Nunca intentas recrear algo mágico. Vas hacia algo diferente».
