Puig y Estée Lauder se unen en una fusión cosmética que refuerza la elegancia española, admirada por la Reina Letizia
La historia de Puig es la de uno de los mayores imperios familiares de la industria de la belleza en Europa. Nacida en Barcelona en 1914, la compañía logró su primer gran éxito con el pintalabios Milady (1922), pionero en España. Hoy, la empresa está presente en más de 150 países, consolidándose como un actor global.
El reciente interés del mercado, impulsado por una posible fusión con Estée Lauder valorada en 35.000 millones de euros, refleja el peso de Puig en el sector del lujo. La compañía ha construido un potente portafolio de marcas y se ha posicionado en el segmento premium de perfumería, moda y cosmética. El crecimiento de la firma no se entiende sin la segunda generación de la familia Puig. Mariano y Antonio Puig fueron clave en la internacionalización del negocio, llevando sus productos a mercados como Estados Unidos. Uno de los hitos fundamentales fue la alianza con Paco Rabanne en los años 70, que marcó su entrada en el lujo.
Durante las décadas de 1980 y 1990, Puig dio un salto estratégico con adquisiciones clave. Destacan la compra de Carolina Herrera (1995) y Nina Ricci (1998), operaciones que consolidaron su presencia en Estados Unidos y Francia y transformaron la empresa en un grupo global. Actualmente, la compañía está liderada por la tercera generación, con Marc Puig como presidente y CEO y Manuel Puig como vicepresidente. Bajo su dirección, el grupo ha apostado por la innovación, la sostenibilidad y la expansión internacional, reforzando su presencia en Europa, América Latina y mercados emergentes.