En pleno corazón de Lavapiés, el diseñador Daniel Chong presentó su nueva colección The Working Class, una propuesta que sitúa en el centro del discurso de la moda aquello que habitualmente permanece invisible: los oficios, el trabajo manual y la estética cotidiana de la clase trabajadora. El desfile, multitudinario y fiel al espíritu cercano de la firma, reunió a rostros conocidos como Sofía Cristo, Eduardo Navarrete, Iván Reboso, Odei Jainaga, Víctor Gutiérrez, Pino Montesdeoca, Iván Martínez y la artista La Huesito.
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La colección nace de una premisa clara: mirar lo cotidiano con otros ojos. Frente a una moda históricamente vinculada a lo aspiracional o a lo idealizado, Chong reivindica la belleza que se encuentra en los códigos visuales del trabajo diario. Uniformes, tejidos resistentes, bolsillos funcionales, herramientas o incluso las marcas del desgaste forman parte de un imaginario que el diseñador traduce al lenguaje de la moda. No se trata de romantizar el trabajo, sino de reconocer su valor estético y social, otorgando protagonismo a prendas y oficios que habitualmente pasan desapercibidos.
Uno de los elementos centrales de la colección es el mono de trabajo, una prenda que atraviesa gran parte de los cuarenta looks presentados. Más allá de su estética, Chong se interesa especialmente por su carga simbólica. El mono representa la honestidad del diseño funcional: nace de la necesidad de proteger el cuerpo y facilitar el movimiento durante el trabajo. Llevarlo a la pasarela implica dar visibilidad a la clase trabajadora dentro de un espacio históricamente asociado al lujo, creando un diálogo entre mundos que rara vez se encuentran.

La colección también destaca por su paleta cromática intensa, una decisión que rompe deliberadamente con el predominio actual de los tonos neutros en la industria. Naranjas, verdes, amarillos o fucsias dominan las prendas y remiten directamente al universo visual de muchos entornos laborales, donde el color cumple funciones de visibilidad, seguridad o identificación profesional. Con ello, Chong propone una moda más directa, energética y conectada con la calle.
En términos técnicos, The Working Class refuerza la apuesta textil del diseñador con cuarenta looks de hombre, mujer y piezas unisex. El punto de algodón reciclado adquiere protagonismo junto a tejidos técnicos y propuestas de upcycling, elaboradas a partir de prendas de reestock. Esta decisión responde a una combinación de convicción, proceso creativo y necesidad del sector. Para Chong, trabajar con materiales existentes obliga a repensar las prendas y conecta directamente con la lógica de los oficios: aprovechar, reparar y transformar.
La colección también plantea una reflexión sobre el género en la moda contemporánea. Inspirada en uniformes y ropa de trabajo –prendas históricamente universales–, la propuesta apuesta por una ropa más abierta y flexible, donde lo importante es la funcionalidad y no a quién va dirigida. Según Chong, la moda avanza hacia una mayor libertad en este sentido, permitiendo que cada persona se apropie de las prendas a su manera.

A pesar del crecimiento internacional de la marca, presente en casi 200 puntos de venta, Lavapiés sigue siendo el punto de partida conceptual del diseñador. El barrio representa la diversidad cultural, la vida urbana y el contacto directo con los oficios, elementos que alimentan constantemente el universo creativo de la firma. Mantener ese vínculo es, para Chong, una forma de recordar que la moda no sucede únicamente en las pasarelas, sino también en la vida real.
Tras más de 16 años consolidando su marca principalmente a través de accesorios, esta colección textil no redefine el ADN de Daniel Chong, sino que lo amplía. La ropa permite desarrollar con mayor profundidad ideas que siempre han estado presentes en su trabajo: la relación entre moda y vida cotidiana, el valor del oficio y la importancia de lo hecho a mano.
Con The Working Class, Daniel Chong demuestra que la pasarela puede ser también un altavoz para las historias de quienes construyen el mundo día a día, recordando que el futuro de la moda pasa por ser más cercana, más plural y más conectada con la realidad social.
