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Los cinturones tejidos en Guatemala que conquistan Madrid: «Hay quien los colecciona como obras de arte»

Cinturón
(Foto: Latch)
Marta Morales
  • Marta Morales
  • Graduada en Estudios Ingleses por la UA. Tras estudiar el Máster en Comunicación de Moda y Belleza (VOGUE) por la UC3M empecé a escribir para Glamour y Vogue, en ‘print’ y en digital, aunque terminé queriéndome enfocar en el sector del lujo. Por este motivo empecé mi andadura en COOL the lifestyle. Y aquí me encuentro, ejerciendo de redactora y periodista multimedia, especializada en belleza, moda, viajes y estilo de vida. Además, en mi afán por aprender y compartir lo que más me gusta, en junio de 2023 finalicé el Máster en Formación para profesora en la Universidad CEU San Pablo. Puedes seguirme en Instagram @martamoralesb.
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Durante años, los cinturones han sido ese accesorio que nadie defendía. Estaban ahí, cumpliendo, sin levantar la voz: negro, marrón, previsible. Un elemento más funcional que emocional. Algo que tiene que estar, pero que rara vez se elige con entusiasmo. Hasta que alguien empezó a hacerse la pregunta incómoda: si todos lo llevamos, ¿por qué todos parecen iguales? La respuesta, según los fundadores de Latch, Sofía Martínez-Sapiña y César Claver, que además son pareja, nace de una necesidad muy concreta: «La motivación nació de una necesidad personal: encontrar un accesorio que rompiera con la monotonía del cinturón de cuero marrón o negro de toda la vida«, explican.

«Queríamos crear algo que fuera el protagonista del outfit y no sólo un elemento funcional»

Esa frase resume bastante bien la tendencia actual: el cinturón ha dejado de ser soporte técnico del pantalón para convertirse en declaración estética. Ya no se esconde. Se enseña. Y, en muchos casos, manda más que la propia prenda que sujeta.

Uno de los cambios más claros en el mercado es la explosión del color. Durante décadas, el cinturón era una especie de adulto serio dentro del armario. Ahora se ha relajado. Aparecen verdes, rosas, tonos crema, combinaciones inesperadas. La gente se cansó del silencio cromático.

Los cinturones tejidos en Guatemala que conquistan Madrid: «Hay quien los colecciona como obras de arte»
(Foto: Latch)

«Todo parecía tener sentido cuando vimos el apetito por marcas con el ‘color’ como elemento común»

Pero no todo es estética. También hay una tendencia fuerte hacia lo consciente. «Existe mayor conciencia sobre la compra consciente, sobre productos de calidad y hechos para durar temporada tras temporada», comentan. El cinturón, que antes se compraba sin pensar demasiado, ahora se elige casi como si fuera una inversión emocional. No sólo tiene que combinar: tiene que durar, envejecer bien y contar algo.

En ese contexto, lo artesanal ha ganado protagonismo. «Cada unidad contiene elementos de varias manos de artesanos que lo hacen único», explican. Y rematan con una idea que suena casi poética: «No hay dos cinturones iguales». En un mundo de copias infinitas, la diferencia se ha convertido en lujo.

Otra tendencia importante es la versatilidad sin etiquetas. El concepto unisex ya no es un eslogan, sino una forma real de diseñar. «La principal ventaja es la versatilidad absoluta», dicen. Y lo aterrizan con ejemplos muy cotidianos: hombres combinando chinos verdes o rosas con cinturones vibrantes, mujeres llevándolos con vestidos o pantalones de tiro alto sin seguir ninguna norma rígida.

Cinturones
(Foto: Latch)

Incluso dentro de la propia marca conviven dos filosofías estilísticas que reflejan otra tendencia del mercado: la dualidad. «Originals es nuestra esencia, diseños más atrevidos, colores que contrastan«, explican. Mientras que «Country Club es más sobria y elegante, pensada para un entorno más casual o de oficina». Es decir, el mismo universo, dos estados de ánimo.

Y luego está la tendencia más curiosa de todas: el cinturón como objeto de colección. Ya no se compra uno. Se acumulan, se rotan, se combinan según el día.

«Ver cómo nuestros clientes quieren coleccionar diferentes modelos como si de una obra de arte se tratase»

Incluso hay algo casi romántico en la forma en la que una pareja diseña junta algo tan cotidiano. Entre decisiones de color y equilibrio estético, el cinturón se convierte en un lenguaje compartido. Y eso también se nota en cómo se llevan: coordinados sin ser idénticos, conectados sin ser uniformes.

Quizá esa sea la gran tendencia real: el cinturón ha dejado de ser un final. Ahora es una excusa para empezar a hablar de estilo. Y, en algunos casos, de cómo dos personas pueden convertir un objeto pequeño en una idea bastante grande.