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Aimar, el ‘niño prodigio’ de Verdeliss, encarna el lujo de la Generación Z: la educación como nuevo estatus

(Foto: Verdeliss)

En 2026, el lujo está dejando de ser únicamente un símbolo de estatus y ha empezado a convertirse en una inversión en capital humano. La generación Z (la primera completamente digital) está redefiniendo el significado de la exclusividad: no se trata de poseer, sino de saber, crear y contribuir. En este contexto surge un perfil que, por su historia y por su trayectoria, representa con precisión esta transformación: Aimar Seminario Unzu, hijo de la influencer Verdeliss, un joven de 20 años al que ya consideran niño prodigio, que ha decidido construir su futuro con talento y disciplina.

Esa tendencia se percibe con claridad en iniciativas como las de la Fundación Amancio Ortega, que ha destinado más de 400 becas a estudiantes españoles para cursar estudios en Estados Unidos y Canadá. Una acción que no sólo democratiza el acceso a universidades de élite, sino que también reafirma un cambio cultural: la educación internacional y de alto nivel se ha convertido en el nuevo lujo, en el nuevo símbolo de éxito.

De la pista de atletismo al lenguaje de los algoritmos: el niño prodigio

Nacido en Pamplona en 2005, Aimar pertenece a una generación que ha crecido expuesta al foco público, pero que ha sabido desarrollar una identidad propia. El mayor de ocho hermanos ha pasado de ser un rostro visible en redes a convertirse en un ejemplo de discreción, rendimiento académico y compromiso social.

Hoy cursa Ingeniería Informática y su talento quedó confirmado hace dos años, cuando se proclamó ganador de las Olimpiadas de Informática de Navarra, una competición que distingue a los estudiantes con mayor capacidad en programación y pensamiento computacional.

Una generación con talento y conciencia

Pero el perfil de Aimar no se agota en su rendimiento académico. Su trayectoria muestra un equilibrio que cada vez es más valorado en la élite: cabeza y corazón.

Su compromiso con la Cruz Roja, su sensibilidad ante situaciones de crisis y su voluntad de ayudar cuando la sociedad lo necesita muestran que, para él, el éxito no es sólo personal, sino colectivo.

Aimar también conoció el mundo de la visibilidad desde joven: a los 13 años abrió su propio canal de YouTube y alcanzó los 100.000 suscriptores. Hoy, aunque rehúye el foco, sigue siendo una presencia querida en las redes de su madre.