Entre la calma infinita de encinas, senderos de tierra y el silencio que sólo el campo sabe ofrecer, está Dehesa Arriba, la finca de más de 300 hectáreas en Puebla de la Maestre (Badajoz) que la modelo y empresaria Eugenia Silva ha convertido en su refugio personal y familiar. No es sólo el paisaje, impresionante por su extensión y serenidad, sino todo lo que esa tierra representa: raíces, recuerdos, momentos felices y penas profundas.
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El refugio en el campo extremeño de Eugenia Silva
«La casa lo es todo para mí», confiesa Silva, y no es una exageración. La finca se extiende por unas 300 hectáreas de dehesa pura, un paisaje mediterráneo emblemático dominado por encinas, alcornoques y pastizales donde antaño pastaron cerdos ibéricos y ganado, un ecosistema natural que en Extremadura constituye gran parte de su identidad rural.
Esta tierra no es sólo valiosa por su tamaño o por el encanto del campo extremeño, sino por su vínculo emocional para la familia de la modelo: perteneció a su abuela paterna y es donde su padre vivió y fue enterrado.

Un cortijo con vida propia
En el corazón de Dehesa Arriba se encuentra el cortijo familiar, una vivienda clásica de campo que Silva reformó con cariño para convertir en hogar.
A diferencia de construcciones modernas, aquí se respira tradición rural: muros encalados blanquean con la luz del sol, puertas de madera y tejas antiguas coronan estancias que invitan a la calma.

Dehesa Arriba es una finca rústica situada en el término municipal de Puebla de la Maestre, en la provincia de Badajoz, muy cerca de la frontera con Sevilla.
La decoración interior responde a ese mismo espíritu: rústica en esencia, pero con toques bohemios y chic que suavizan lo tradicional sin perder autenticidad.

Silva respetó el ambiente original de la casa de campo, dotándola de un carácter acogedor con piezas que combinan lo sencillo con lo sofisticado, sin estridencias.
La casa principal de la finca no es una villa ultra‑diseñada, sino un cortijo tradicional reformado respetando su historia.

La clave de la decoración, según ha explicado Eugenia, es que fue»una aventura»: no se hizo con un único estilo predeterminado, sino que surgió de viajes, ferias, anticuarios y mercadillos, buscando piezas con personalidad que encajaran con la historia de la casa y del lugar.
Desde platos antiguos en la sala de estar hasta detalles personales que reflejan la vida familiar. La cocina, corazón de esta casa, es el lugar donde se conjugan la memoria de infancia con la realidad del presente, entre fotografías, utensilios tradicionales y luz natural que entra por grandes ventanas abiertas al campo.

