El Museo Goya de la Fundación Ibercaja en Zaragoza estrena una nueva etapa y lo hace, además, sumergido de lleno en la tecnología más vanguardista. Estamos, de hecho, ante uno de los espacios culturales, académicos y tecnológicos dedicados al arte de Francisco de Goya y todas sus influencias anteriores y posteriores más ambiciosas del s. XXI. Una propuesta museística y artística alrededor del pintor de corte del rey Carlos IV que merece visitarse desde cualquier punto de España y del mundo.

Más de 4.600 metros cuadrados ofrecen a los visitantes nuevas experiencias e innovadoras formas de abordar el trabajo de Goya, un artista universal no sólo por haber trascendido nuestras fronteras, sino también por su capacidad de retratar la condición humana, desde lo más inocente a lo más mezquino. Un modo de retratar el alma que, sin embargo, no vemos en otros artistas anteriores de la pintura española, como puede ser el mismísimo Velázquez.

La ampliación ha cambiado de ubicación la fachada principal de piedra, que incorpora detalles inspirados en los grabados de Goya; ha incorporado una terraza mirador con vistas a la Basílica del Pilar para hacer eventos e impartir conferencias; ha abierto un Centro de Estudios Francisco de Goya, con más de 1.400 volúmenes especializados; y además, el Museo Goya ha ampliado el espacio dedicado a las exposiciones temporales hasta los 315 metros cuadrados.

Interior del Museo Goya de Zaragoza. @ Cortesía

La reapertura, que coincide con los 150 años de la Fundación, llega acompañada de Solo Goya. El arte de ver, una audaz exposición comisariada por el arquitecto Luis Fernández-Galiano que reúne 41 obras de Goya procedentes de todo el mundo, desde el Museo del Prado, el Museo Thyssen, la National Gallery de Londres o los Uffizi de Florencia hasta de colecciones particulares y privadas de EEUU y otros lugares, la mayor parte de las cuales piden máxima discreción.

Entre las obras expuestas, destacan piezas muy conocidas como La duquesa de Alba (vestida de blanco y fajín rojo, acompañada de un perrito), La Tirana, La marquesa de Villafranca pintando a su marido, El quitasol o el célebre Autorretrato ante su caballete, procedente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución con la que, por cierto, están trabajando en una próxima exposición temporal, la cual se antoja «también muy interesante», según afirma en conversación telefónica May Forcén, la directora del Museo Goya de la Fundación Ibercaja.

Junto a estas piezas, icónicas en la trayectoria del pintor aragonés, también hay otras obras esenciales que nos permiten recorrer la riqueza y la complejidad de Goya, observando cómo su pintura luminosa va apagando sus colores para dejar paso a la crítica social, a través de obras como El albañil herido, hasta la plena oscuridad reflejada en sus grabados, a los que el museo dedica una planta completa.

Miró a la sociedad directamente a los ojos

Salas de la exposición temporal con los retratos de Cayetana de Alba y La Tirana, de Goya. @ Museo Goya

Sobre esta ambiciosa exposición temporal, Forcén destaca el gran esfuerzo que se ha hecho para traer todas estas obras a Zaragoza y verlas juntas en una misma sala casi por primera vez. «Algunas de ellas», relata, «han sido muy complicadas de traer; como es el caso de los retratos de Las Barruso, madre e hija, que salieron a subasta en Christie’s en 2023, se compraron por 16,4 millones de dólares por un particular de Reino Unido y no se han vuelto a ver hasta ahora que han venido hasta aquí».

Las Barruso son dos retratos que representan a Leonora Antonia Valdés de Barruso y su hija María Vicenta Barruso, madre e hija de 45 y 15 años, respectivamente, ambas sentadas en sillones de interior burgués. La más joven tiene sobre el regazo la figura de un perrito, mientras que la otra simplemente sujeta un abanico cerrado en sus manos, un símbolo que nos indica que estamos ante una mujer comprometida o casada. Las dos figuras miran al espectador y van ataviadas con la moda de la época, el corte imperio en los vestidos de delicadas telas, joyas, moño alto y tocado floral.

De acuerdo con Manuela Mena, ex conservadora del Museo del Prado y especialista en Goya, estaríamos ante dos de los primeros retratos de mujeres de la burguesía, mujer e hija de un comerciante de telas relacionado con las Reales Fábricas de Seda, Oro y Plata de Talavera de la Reina (Toledo). De ahí la riqueza, por ejemplo, de las telas estampadas de los butacones sobre los que descansan las protagonistas.

@ Cortesía Museo Goya

Con respecto al préstamo de La Duquesa de Alba por parte de la Fundación Casa de Alba, Forcén subraya que estamos ante una de las pinturas más representativas del pintor y también ante una de las más difíciles de ver fuera del Palacio de Liria, ya que este retrato es para los Alba casi como una estrella de rock dentro de su colección de arte.

«Han sido muy generosos dejando que traigamos la obra, un lienzo que, además, aporta mucho a la muestra temporal porque está muy bien acompañada. Entrar en la sala y ver a La Duquesa de Alba junto a La Marquesa de Villafranca y La Tirana es un privilegio que pocas veces podrá repetirse. Sólo por estas tres obras merece la pena venir a ver la exposición, por eso las hemos colocado casi dando la bienvenida», detalla Forcén con entusiasmo.

Cayetana de Silva Álvarez de Toledo fue retratada por Goya en múltiples ocasiones. En este cuadro, en cuestión, la aristócrata tiene alrededor de 35 años, va vestida con un vestido de gasa y una gran lazada-fajín a la cintura en color rojo, que además hace juego con el tocado floral de su cabello, larguísimo, suelto y algo salvaje, como si fuera una metáfora de su personalidad enérgica y libre, incluso estando casada.

Por su parte, Fernández-Galiano apunta que en esta exposición temporal sólo hay obra «del gran pintor aragonés y universal, y es universal porque habla de la condición humana, algo que aquí se expresa sobre todo a través de los retratos, pero también porque se enfrenta al Siglo de las Luces, mostrando también sus sombras. De ahí que una de sus secciones sea Las luces y las sombras, con la parte más amable de Goya y a veces la más oscura; y otra de ellas sea La condición humana, donde se retrata a la sociedad de su tiempo y a su círculo más íntimo».

Otra de las secciones de esta muestra temporal se denomina Los lazos del afecto, un apartado que está dedicado a los afectos de Goya. Un espacio íntimo dedicado a las amistades y la familia del artista aragonés que está dominado por un pequeño Autorretrato en el taller procedente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, iluminado de una forma espléndida que le dota de todo protagonismo. «Parece que la luz sale de la ventana que la figura tiene al fondo, como si la iluminación fuera natural», aporta la directora.

Salas de la exposición temporal donde vemos a Las Barrusa de Goya. @ Museo Goya

Goya viste calzón, chaquetilla corta y un sombrero alto provisto de unos canutillos metálicos donde colocaría una serie de velas que le servirían para dar los últimos detalles. «Los últimos toques para el mejor efecto de un cuadro los daba de noche, con luz artificial», contaba Javier Goya, el hijo del aragonés. Goya, al igual que hizo Velázquez en Las Meninas, se retrata en sus propias obras acompañado de su caballete, sus pinceles y su paleta de colores, y lo hace con el fin de dignificar su profesión de pintor.

«Las relaciones personales fueron muy importantes para él, tenía unos lazos afectivos muy fuertes; de ahí que se haya conservado una abundante correspondencia con amigos y también algunos retratos muy importantes, como de su hermano Camilo, sus consuegros o el Retrato de Asensio Julià, prestado por el Museo Thyssen, donde vemos la inscripción: ‘Goya a su amigo Asensi’, y un fondo de andamios y objetos relacionados con la pintura que nos dan una pista de su profesión. Asensio parece ser que colaboró con el pintor en la decoración al fresco de la ermita de San Antonio de la Florida de Madrid», añade.

La crítica social también es uno de los grandes giros en la obra de Goya, como queda demostrado en obras como La boda o Albañil herido, la cual podemos ver ahora en Zaragoza procedente del Museo del Prado. Un cuadro de gran formato que representa a un obrero herido que acaba de caer de los andamios y es ayudado por sus compañeros, ambos con rostros de preocupación.

Algunos autores han relacionado este tema con un decreto de 1784 promulgado por Carlos III que exigía daños y perjuicios de los maestros de obras por la caída de los obreros y preveía ayudas a los heridos y sus familias.

Autorretrato de Goya en una de las salas del Museo Goya. @ Cortesía

Fuerte inversión en tecnología para un museo del s. XXI

Además de la temporal, que merece la pena una visita única y detenida, queda por visitar las nuevas estancias y, sobre todo, disfrutar de toda la inmersión y la experiencia tecnológica que ofrece el Museo Goya a los visitantes. «El empleo de la tecnología en el museo ha sido una de las grandes apuestas, siempre teniendo claro que el verdadero protagonista es Goya y su obra. Por tanto, hay una presencia digital fuerte, pero como una herramienta que ayuda a la contextualización de las obras, a conocer las técnicas, como las del grabado a través de vídeos, o a ampliar información sobre aspectos particulares», explica Forcén.

Un espacio de referencia para los académicos con 1.400 volúmenes

Novedoso es también el Centro de Estudios Francisco de Goya, con más de 1.400 volúmenes especializados y fondos documentales procedentes de colecciones de referencia. De acuerdo con Forcén, estamos ante «uno de los puntos fuertes del museo y un espacio que nace con el propósito de retomar el origen del centro, que se llamó en su inauguración en 1979 Museo e Instituto de Humanidades».

«Por tanto», termina, «es una forma también de recuperar lo clásico y lo académico, y de construir un ámbito donde se potencie la investigación alrededor de Goya y se convierta en un punto de encuentro para especialistas, estudiantes y creadores».

Solo Goya. El arte de ver puede disfrutarse hasta el 10 de enero de 2027 en el Museo Goya de la Fundación Ibercaja de Zaragoza.

@MaríaVillardón