Venus y Cupido, de Peter Paul Rubens (1577-1640), puede volver a verse en las salas del Museo Thyssen tras más de un año de restauración. Se ha hecho limpieza de los barnices, que se oxidan con el tiempo y camuflan el brillo original de los pigmentos, y también se ha sometido a la obra a un importante estudio técnico que ha revelado nuevos detalles de la forma de trabajar de Rubens, una figura muy importante para la Corona española, debido a su doble rol dentro de la Corte: pintor de cámara de Felipe IV y diplomático clave durante el s. XVII, que trabajó para la Corte gracias a la mediación de Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II y gobernadora de los Países Bajos.

En este caso, estamos ante una obra compuesta por una Venus, la diosa del amor, de formas rotundas y piel clara que nos recuerdan a las figuras monumentales, por ejemplo, de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano obra que sabemos que conoció y admiró. La deidad, con un pecho descubierto, apenas tapada por unas telas blancas y un manto en tonos rojizos, se mira en un pequeño espejo sujetado por Cupido, el cual identificamos gracias a dos de sus símbolos: sus alas en la espalda junto al arco y las flechas. 

Rubens era un apasionado de los clásicos; los estudió e intentó comprender e imitar su deseo de equilibrio y perfección dentro de su propia forma de trabajar. Sin embargo, como apunta Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, estamos ante la representación de una mujer «fragmentada», casi como una escultura clásica que se ha desmembrado de su base. «Y esto nos indica que estamos ante un recurso anticlásico y nos confirma que Rubens es más que un alumno de maestros como Tiziano», apunta. 

Pedía una restauración «a gritos»

Venus y Cupido, de Rubens, después de la restauración. @ Museo Thyssen

De este conjunto, llaman la atención algunos detalles y, sin duda, uno de ellos es el detalle del bajorrelieve de la base donde está apoyada la aljaba de flechas de Cupido. El estudio por Rayos X e infrarrojos nos permite observar que estamos ante una parte del lienzo que nos indica que Rubens tenía clara la composición desde el principio, como pasa prácticamente en el conjunto completo, en el que no se ven repintes, otros dibujos o arrepentimientos. 

Sobre este aspecto, Alejandra Martos, la restauradora del Museo Thyssen que ha trabajado sobre Venus y Cupido, señala que «hemos sabido que Rubens pintó este cuadro –encontrado en casa del pintor cuando se hizo el inventario tras su muerte– sabiendo desde el principio lo que quería retratar, ya que el trazo del dibujo por debajo de la pintura es claro y limpio». 

Otra particularidad de la obra es que Rubens sólo aplicó una capa de imprimación de blanco de plomo bajo las figuras, lo que revela una clara «intención de hacer que resaltaran muchísimo frente al resto. Es como si quisiera que la luz saliera de ellas», destaca Martos. Una luminosidad que, de acuerdo con sus palabras, está atrapada por el barniz amarillento que nos indicaba el paso del tiempo y  pedía «una restauración a gritos». 

La importancia del apoyo de laboratorio

Refletografía infrarroja de Venus y Cupido de Rubens. @ Museo Thyssen

Reconoce también que ponerse frente a este cuadro de Rubens, no da miedo, pero sí respeto, sobre todo en lo que se refiere a la limpieza. «Esa parte de la intervención es probablemente el paso que siempre puede dar un poquito más de… porque es irreversible. Lo que te llevas, te lo llevaste. Por eso el apoyo del laboratorio, el apoyo de los estudios para saber exactamente con qué material estamos trabajando, qué tenemos delante, qué podemos utilizar y hacer un seguimiento con el laboratorio si en algún momento hay alguna duda. Estamos apoyados por la parte científica todo el rato».

Aunque la capa pictórica se conservaba en buen estado, apunta Martos, la obra presentaba «pérdidas en pequeñas zonas, que se habrían estucado y reintegrado durante una restauración antigua, así como algunos craquelados con leves levantamientos de pintura». A pesar de esa buena conservación, podemos diferenciar algunos desgarros en la zona central de la obra, debido quizá a un reentelado realizado en el pasado, que también se han tratado en esta intervención.

Pequeños cambios en la composición

Detalle de Venus en el cuadro de Rubens con Rayos X. @ Museo Thyssen

Para que el público conozca a fondo cómo ha sido el proceso de restauración, el Museo Thyssen ha preparado un montaje especial (Sala 19) para esta obra que se podrá ver hasta el 13 de septiembre de 2026. Venus y Cupido se acompañan de textos e imágenes explicativas que revelan los secretos bajo la pintura.

Si hubo o no hubo rectificaciones en la composición, como pasa en la mirada de la figura femenina: Venus en un principio miraba de frente, pero Rubens finalmente posó la mirada de lado y en un espejo que sujeta Cupido entre las manos. O los pies del pequeño Eros, ligeramente distintos entre el dibujo adyacente y el original. 

Esta emblemática obra, que Rubens tenía en su casa, es una copia de una obra de Tiziano, perdida durante el s. XIX y que formó parte de las colecciones reales españolas. Este lienzo, copiado por Rubens durante una de sus estancias en la corte madrileña, es conocido a través de otras versiones que se han conservado, como la Venus frente al espejo de la National Gallery de Washington (EEUU). 

Alejandra Martos, la restauradora del Museo Thyssen que ha liderado el proyecto. @ Museo Thyssen

@MaríaVillardón