«La Marquesa de Goya vuelve a casa y todos debemos estar contentos. Total, la historia nos cuesta la tontería de 900 millones de pesetas. Lord Wimborne, sonriente, dice que ahora todos estamos de acuerdo y que, por tanto, espera que el Gobierno español no siga adelante con la querella. Esto se arregla entre caballeros, según parece. La marquesa vuelve a casa. Dios quiera que sea la última, porque seremos un reino, y constitucional, pero si cada vez que recuperamos una marquesa nos sale a este precio, terminaremos por odiar los pinceles del genial aragonés. La marquesa, alegremente, vuelve a casa, de la que salió hace tres años (1983) por 25 millones de pesetas y en calidad de secuestrada en alguna bodega. El Gobierno español, satisfecho: seis millones de dólares (900 millones de pesetas) no son nada tratándose de Goya».

Este texto –titulado 900 millones, una tontada–, firmado por Héctor Anabitarte, se publicó en el periódico La Tarde el 11 de abril de 1986, de acuerdo con el Archivo Digital del Museo del Prado. Fue el momento en el que se conocía que la Marquesa de Santa Cruz, un retrato pintado por Goya en 1805, había sido recuperado por el Ministerio de Cultura, entonces dirigido por Javier Solana, a cambio de esa cuantiosa suma de dinero.

Esta cantidad, según los mismos informes de la pinacoteca, se consigue en ese momento gracias a la movilización «sin precedentes» de 3,5 millones dólares aportados por más de 75 entidades privadas y empresas, como Coca-Cola, El Corte Inglés, Alsa, Durán Subastas, Nestlé, Alianza Editorial, etc., coordinadas por la Fundación Apoyo a la Cultura y con el aval del Banco Central. Los otros 2,5 millones de dólares restantes salieron a cargo de los Presupuestos Generales del Estado.

La prensa siguió el caso con atención. Cada paso era analizado y contado en los periódicos con el máximo detalle. El caso de la Marquesa de Goya despertó un gran interés mediático, los periódicos trataban a la protagonista del lienzo casi como una estrella de rock sumergida en una de sus giras más asombrosas y relataban todos los detalles sobre el litigio que se estaba viviendo en Londres entre España y Lord Wimborne, el propietario de la obra.

Y es que este caso lo tenía todo: Goya, un gran maestro español; una marquesa vestida de musa, coquetona y bellísima; un capricho nazi, las relaciones de Franco y Hitler; adquisiciones forzosas, acciones ilegales, falsificación de documentos y un enfrentamiento en la Corte Suprema de Reino Unido, con la intervención, incluso, del despacho de abogados de la mismísima reina Isabel II de Inglaterra.

«¿Puede un cuadro reclamado por la Interpol subastarse?»

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Cuadro de ‘La Marquesa de Santa Cruz’ de Goya en el Museo del Prado. @EFE

En el Ministerio de Cultura no daban crédito a la noticia que daba The Sunday Times en la primavera 1986: Christie’s, la prestigiosa casa de subastas, iba a subastar el 11 de abril la obra de la Marquesa de Santa Cruz de Goya por una cifra que podría superar los 1.700 millones de pesetas. Miguel Satrústegui, técnico del ministerio, calificaba entonces de «inaceptable» que Christie’s fuera a «proceder a la subasta de un cuadro objeto de un delito. Haremos todo lo posible por recuperar la obra por vía judicial. ¿Puede un cuadro reclamado por la Interpol subastarse? Sostengo que no».

Cuando se conoce esta subasta en Christie’s, la maquinaria institucional con Solana y el abogado Rodrigo Uría a la cabeza para traerla de vuelta a las colecciones españolas se pone en marcha. Creen que hay grandes posibilidades de «éxito» de traer a la Marquesa de Goya a España, tras su salida ilegal de nuestro país en 1983.

La noticia de la exportación de la obra, ilícita al no contar con el permiso de exportación de Cultura, fue conocida el citado año por las autoridades españolas gracias a una llamada telefónica anónima desde Nueva York a la Dirección General de Bellas Artes, la cual alertaba de la presencia de esta pintura de Goya en EEUU.

Detalle de la Marquesa de Santa Cruz donde se ve el elemento de la cruz gamada, según Himmler. Goya, 1805. @Museo del Prado

Una llamada anónima desde Nueva York alerta de la presencia de la obra en EEUU

El cuadro, propiedad de la familia del banquero bilbaíno Félix Fernández Valdés, había sido vendido en 1983 al español Pedro Saorín Bosch, con negocios en Argentina. Tras el cierre de esa venta, la obra desaparece y Cultura da aviso a la Interpol: «Hay un procedimiento judicial abierto en el Juzgado número 17 por los delitos de contrabando y falsificación de documentos públicos», apunta Satrústegui, quien dará una conferencia en el Museo del Prado para contar todos los detalles.

Cuando sale a subasta en 1986, el cuadro de Goya ya era propiedad de un grupo de empresas, con base en paraísos fiscales, presididas por Lord Wimborne, a quien Saorín Bosch se lo vendió a través del marchante inglés, Michael Simpson, en abril de 1983 en Suiza. Al parecer, y según los abogados de Wimborne, Saorín Bosch dijo al marchante de arte que el Gobierno español le debía un favor y que, por ello, la Marquesa de Santa Cruz tenía el permiso de exportación y toda documentación en regla.

Simpson asesoró a Wimborne y le aconsejó la compra del Goya, con el fin de venderlo más tarde. De hecho, se lo ofrecieron al Museo Paul Getty por 12 millones de dólares, que declinó la compra al ser alertado por su agregado cultural en Washington de que la obra estaba acorralada por el delito. La venta de Wimborne se truncó y comenzaron las negociaciones con las autoridades españolas, al tiempo que hacía declaraciones a la prensa extranjera donde tildaba la burocracia española de «incompetente».

«La obra es mía, no soy responsable de la incompetencia de la burocracia española»

Detalle de la Marquesa de Santa Cruz. Goya, 1805. @ Museo del Prado

Los intentos de frenar la subasta no daban sus frutos, Christie’s daba la callada por respuesta. De modo que Cultura acudió a la Corte Suprema del Reino Unido, para que los jueces del país pudieran determinar la falsedad de la documentación que acompañaba al cuadro en vías de subasta.

Finalmente, se llega a un acuerdo y se paga a Lord Winborne los 900 millones de pesetas, la mitad de su valor en el mercado. La Marquesa de Santa Cruz aterriza en el aeropuerto de Barajas el 19 de abril de 1986 en un vuelo regular de Iberia, procedente de Londres y acompañada de Manuela Mena, conservadora del Museo del Prado y especialista en Goya.

La marquesa de Santa Cruz, «la abuela en camisa»

Detalle de la Marquesa de Santa Cruz. Goya, 1805. @ Museo del Prado

La obra fue pintada a principios del s. XIX, cuando Joaquina ya era marquesa de Santa Cruz gracias a su matrimonio con José Gabriel Silva, ministro de Estado con Fernando VII y, curiosamente, el primer director del Museo del Prado. El cuadro permanece en la colección del marqués de Santa Cruz hasta que lo hereda Luis de Silva, el más pequeño de la saga en 1896.

En 1916 el cuadro todavía no se había mostrado al público, sale por primera vez en una fotografía de una publicación de Beruete de ese mismo, explicando que en la casa de los marqueses se referían al cuadro de Goya como «la abuela en camisa». Tiene la oportunidad de ver la pintura porque en ese momento está en el Banco de España por un problema jurídico, ya que el bien pertenecía a varios herederos.

En 1928 la obra se expone con motivo del Centenario de la muerte de Goya, la familia descendiente de los Silva prestan a su «abuela en camisa» para la gran exposición. Años más tarde, en abril del 1941, con la obra ya presente en el Museo del Prado, la Dirección de Bellas Artes informa al director de la pinacoteca, Fernando Álvarez de Sotomayor, que Franco tiene la firme intención de regalar el cuadro de la Marquesa de Santa Cruz de Goya a Hitler.

«Ya sabe que el Generalísimo desea hacer un regalo de importancia a Hitler y que la atención del enviado del Führer se fijó en el retrato de la marquesa, en cuya lira aparece una cruz gamada. Esta misma noche el cuadro debe quedar a disposición del Generalísimo, que señalará el día de la entrega al Embajador de Alemania. Le supongo satisfecho, como yo, de esta solución que viene a resolver un problema que nos tenía un poco inquietos», termina la misiva.

¿Por qué Franco quiso regalar la obra a Hitler?

El enviado de Hitler era Himmler, el jefe de las SS nazi, quien visitó el Prado en el marco de las negociaciones de Hendaya entre España y Alemania en 1940, y se quedó prendado de la pintura –a la espera de ser recogida de nuevo por la familia tras la Guerra Civil Española– por el citado elemento ornamental, que no era un símbolo nazi, sino un lauburu vasco o un motivo etrusco, como ha comentado Carlos G. Navarro, conservador del Museo del Prado.

Como compensación a la familia Silva, propietaria de la obra, Franco desembolsa 1,5 millones de pesetas por el retrato, debiendo una pequeña fracción de 9.000 pesetas por las tres copias que el director de Bellas Artes había encargado al pintor Núñez Losada, que se darían a cada uno de los herederos. Finalmente, el propósito del Generalísimo no se consuma por el cambio de rumbo de la Segunda Guerra Mundial, y la obra pasa a manos de los Fernández Valdés por 1,6 millones de pesetas, habiendo un vacío documental de 1944 a 1947.

Marquesa de Santa Cruz
Montaje de la obra original de la Marquesa de Santa Cruz y una de sus copias. @EFE

Ahora, y con el fin de conmemorar los 40 años de la recuperación de la Marquesa de Santa Cruz, una de estas tres copias, recién recuperada por José de la Mano –uno de los galeristas con mejor olfato artístico de nuestro país–, se expone en el Museo del Prado junto a la obra original de Goya de 1805. Un montaje especial con el que se conmemora la recuperación de una pieza fundamental del arte español y el punto de inflexión en la protección de las obras de maestros españoles.

Hay obras de arte que se convierten en cuestiones de Estado, y la Marquesa de Santa Cruz, el retrato de Joaquina Téllez Girón firmado por Goya ha sido, sin duda, una de ellas.

@MaríaVillardón