Se cumplen 100 años del nacimiento de Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926 – 2011), una artista textil desconocida en España, pero pionera en la conquista del espacio a través de la tridimensionalidad de sus esculturas hechas con fibras y textiles.

Este 2026, y con motivo de su centenario, el Museo Reina Sofía acoge desde el 29 de abril Aurèlia Muñoz. Entes, una importante exposición que traza la trayectoria de esta imprescindible figura del arte español y recupera una notoriedad perdida, a pesar de haber trabajado y expuesto en todas partes del mundo desde los años 60 hasta los años 80 del s. XX.

En la muestra se verán los primeros trabajos, en formato de tapices y collages de «influencia surrealista mediterránea», según los críticos de su época; piezas tridimensionales tejidas con macramé de grandes dimensiones, instalaciones con esculturas hechas en telas que sobrevuelan los espacios; obras de su última etapa hechas con pasta de papel que hacía ella misma, más ligeras y sencillas de mover y montar.

Así como dibujos preparatorios y bocetos inéditos que revelan cómo eran sus procesos de creación. «El dibujo se adelanta siempre, en mucho, a la obra, Como el pensamiento a la acción», escribía la artista en 1964 en su texto Autoexamen.

Artista contemporánea, no artesana

Aurèlia Muñoz
Aurèlia Muñoz, Ocell-estel B2, 1982. Colección MACBA. Depósito de la Generalitat de Cataluña. Colección Nacional de Arte de Postguerra y segundas vanguardias. Fotografía: Josep Gri Espinagosa. @ Herederos de Aurèlia Muñoz. MACBA @ Reina Sofía con motivo de Aurèlia Muñoz. Entes

También fue Aurélia Muñoz una mujer libre, independiente e internacionalizada. Tres elementos inusuales en una España complicada para las mujeres artistas, no sólo por la escasez de su existencia en el mundo del arte, sino también por la disciplina textil que desarrolló, considerada un arte menor frente a la pintura, la escultura o la arquitectura.

Es preciso recordar que durante los primeros momentos de la Escuela de la Bauhaus, fundada por Walter Gropius en Weimar (Alemania) en 1919, el trabajo textil fue relegado en exclusiva a la formación de las alumnas, y se tuvo como una práctica puramente ornamental, sin concepto y sin proyecto. Una realidad que cambió más tarde en ese entorno de aprendizaje algo burgués, gracias a los trabajos –y empeños– de alumnas como Anni Albers y Gunta Stölzl, dos estudiantes que demostrarían que sus obras eran mucho más que piezas artesanas y que debían formar parte de los proyectos integrales de arquitectura e interiorismo de sus compañeros varones.

Precisamente, la artista barcelonesa tenía influencias formales de artistas como Paul Klee, pintor alemán nacido en Suiza y profesor de la Bauhaus. Desde el principio de su carrera se reivindicaba como una artista contemporánea y no como una artesana o una mujer dedicada a las labores textiles, Aurèlia Muñoz podría haber sido una de esas rebeldes de Weimar que elevaron sus telas y tejidos al mismo nivel que una escultura de Rodin. Es posible que ese paralelismo de pensamiento con las mujeres de la institución alemana no fuera sólo una casualidad.

«Me enfrento a los mismos problemas que un escultor»

«Águila Beige», 1977, Macramé con hilo de yute y sisal teñido a mano © Colección MoMA

«Me interesa mucho el espacio, siempre me ha interesado, y cada día me brinda más posibilidades para trabajar en él. Muchas de mis obras son tridimensionales y me suponen los mismos problemas a los que se enfrenta un escultor. Es verdad que la técnica y la textura son diferentes, pero en realidad vamos todos a un mismo fin», aclaraba Aurélia Muñoz en una entrevista a finales de los años 80.

Comenzó su carrera de una manera tradicional con pintura y dibujos; aunque pronto tuvo interés por el espacio y la conquista del mismo. En sus entrevistas, la artista explicaba que «siempre» había sentido interés por el arte contemporáneo, aunque la revelación por la práctica textil fue al encontrarse delante del Tapiz románico de la Creación (s. XI) de la Catedral de Gerona. «Ahí nació mi interés definitivo», apuntaba.

En los años 60, con la decisión de experimentar con el textil, empieza creando tapices, para los que usa materiales como algodón y lana, entre otros, para más tarde, más o menos a mitad de la década, comenzar a coquetear con la tridimensionalidad a través de la técnica de nudos o macramé –una técnica que aprendió de su tía mientras se recuperaba de la fractura de una pierna– con pequeños y medianos formatos que metía en unas urnas de cristal; no como una protección, sino como una parte misma de la obra. De ahí, cabalgó hasta la conquista plena del espacio con la ejecución de obras monumentales, algunas de las cuales se anclan al suelo, como la serie Entes, o sobrevuelan a los espacios y las figuras humanas, con la serie que llamó Pájaros-Cometas.

La primera exposición de Aurélia Muñoz se celebra en 1963 en la Galería Belarte de Barcelona. Allí pueden verse piezas de los primeros años, acompañadas de un texto escrito por el crítico y también artista Josep María de Sucre, miembro de la tertulia de Els Quatre Gats.

En este momento, la artista ya está casada, había contraído matrimonio con Josep Ventosa en 1948, y tiene dos hijos: José Carlos (14 años) y Sílvia (6 años), por lo que tenía que conciliar su vida familiar con su faceta creativa. Una coordinación que, según detallaba en los textos del Diario de mi vida, no era sencilla: «En una nota de este diario confiesa su aversión por las tareas cotidianas y repetitivas, y sus dificultades para crear en el entorno de una familia tradicional», explican en la cronología del especial centenario del MACBA.

Resolver un silencio anómalo

Esta exposición con motivo de su centenario viene también a resolver un silencio anómalo alrededor de Aurèlia Muñoz, una artista clave en el arte contemporáneo internacional que, además, tiene piezas colgadas en la colección permanente de uno de los museos más importantes del mundo: el MoMA de Nueva York. Este detalle, en absoluto baladí, da una pista del peso artístico de la española en el escenario internacional.

Ese mutismo alrededor de la catalana ya no es tal, gracias al camino de recuperación que comenzó la Galería José de la Mano, espacio galerístico especializado en traer al presente figuras españolas olvidadas o nada expuestas en nuestro país de los años 50, 60 y 70. Una labor de poner en valor, fundamentalmente, a artistas olvidados que trabajaron con notoriedad en los últimos años de la dictadura y los comienzos de la democracia.

«¿Mi madre en ARCO?»

Fue el artista geométrico Pedro García Ramos quien le habló a José de la Mano de Aurélia Muñoz. «Es un artista de nuestra galería, el que nos diseña todos los stands de ARCO, que trabajó con las instalaciones de Aurèlia Muñoz. Siempre nos hablaba de ella, me traía los catálogos antiguos y nos decía que teníamos que rescatarla», comenta el galerista en conversación con OKDIARIO.

El día del rescate llegó en 2020. ARCO ofrece a José de la Mano un espacio adicional en la feria de arte internacional y su galería decide dedicarlo a Aurèlia Muñoz.

«Llamamos a la familia, reconozco que aquella llamada fue un asalto a mano armada, del que ahora nos reíamos, pero es que nos pusimos en contacto con ellos como en diciembre o principios de enero, ¡y ARCO era en febrero! Les llamé y les dije: ‘Mirad, no me conocéis, pero me encantaría hacer este proyecto con Aurèlia Muñoz en la feria’. Su hija me contesto algo así como: ‘¿Mi madre en ARCO?’. Pues sí, y así es como comenzamos a trabajar con esta artista, y hemos pasado de aquella pequeña selección a la gran exposición se hace en el Reina Sofía que, además, ha rescatado un piezón que tenía en sus fondos y que jamás se ha expuesto», relata.

Fructíferas relaciones internacionales

Gracias al trabajo de los últimos años de José de la Mano ha sido posible recuperar la obra de Aurèlia Muñoz, quitándole la etiqueta de olvidada o desconocida. De acuerdo con Sílvia Ventosa, en un vídeo publicado por el museo con motivo de la exposición, ahora «su obra se ve de una forma diferente» porque ha salido «del gueto del textil, y esto es algo que ella tenía muy claro: no quería exponer en los espacios de artes decorativas, ella quería estar en los museos de arte contemporáneo».

Aurèlia Muñoz, Ocell estel S2 [Pájaro-cometa S2], 1982. @ Archivo Aurèlia Muñoz @ Reina Sofía con motivo de Aurèlia Muñoz. Entes.
 

Y sobre ese aspecto trabajó la propia artista durante su carrera, tejió redes y relaciones internacionales que le permitieron entrar a formar parte de colecciones de arte internacionales o museos de prestigio mundial dedicados al arte contemporáno.

«Fue una mujer muy avanzada para su época, es el único caso que conozco de una artista que dejara a su fallecimiento el archivo perfectamente ordenado y detallado. Ella tenía clarísimo que en el contexto tradicional español en el que ella vivía, en época de Franco, no podría hacer nada y no tenía posibilidades, así que se lanzó al extranjero. Desde el principio, Aurèlia Muñoz dedicaba ciertas horas del día con una secretaria a estar en contacto con los museos internacionales», explica José de la Mano.

Detalle de una de las obras de Aurèlia Muñoz. @ Colección MoMA

Expuso en EEUU, América Latina y Europa, y era una presencia casi permanente en las Bienales Internacionales de Laussane (Suiza), uno de los eventos del mundo textil contemporáneo más potente del momento, Venecia (Italia) y Londres (Reino Unido). Unas citas a las que siempre acudía con los ojos bien abiertos para absorber nuevas ideas y dispuesta a llenar su agenda. «Gracias a exponer en la Bienal de Laussane tuve la oportunidad de ver qué otras cosas se estaban haciendo en el mundo con respecto a esta disciplina textil y también me dio la ocasión de enriquecerme porque conocí a artistas internacionales que en este momento, y con el tiempo, se han convertido en amigos íntimos», señalaba Aurèlia Muñoz.

En sus acciones internacionales, trabó relaciones muy fructíferas con personalidades tan importantes como Mildred Constantine, crítica de arte y conservadora del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York o el diseñador textil estadounidense Jack Lenor Larsen, y con artistas extranjeros como Magdalena Abakanowicz, Jagoda Buić, Ritzi y Peter Jacobi, Elsi Giauque y Helen Duffy, entre otros.

Es por ello, detalla Jose de la Mano, que «de repente, hay obras suyas en colecciones particulares norteamericanas, en Japón, en Brasil, donde tuvo mucha relación con el arquitecto Oscar Niemeyer –seguidor de Le Corbusier–, etc. Y es que ella hizo una estupenda labor de relaciones internacionales que ningún artista hacía en España. Sin duda, tenía una gran visión, no he visto una cosa igual».

@MaríaVillardón

@ Portada Aurèlia Muñoz, 1970. Web Aurèlia Muñoz