«Soy un aficionado de la pintura. Nunca he seguido cursos en las academias donde se estudiaba arte. Comencé a trabajar en años muy negros del franquismo y no pensamos en estudiar en academias oficiales ni nada de eso. He trabajado con ese espíritu de pura afición, porque me gusta hacerlo, y poco a poco me fui convirtiendo en un señor independiente que se dedicaba a su manera a filosofar con las manos». Estas palabras de Antoni Tàpies (Barcelona, 1923) resumen de una manera sencilla lo que vendrá cuando abandonó su carrera de Derecho por la producción artística.

A lo largo de este 2024 se celebran los 100 años de su nacimiento, una efeméride que trae diferentes exposiciones de su obra. Una de ellas es Tàpies Centenario, en la Galería Leandro Navarro de Madrid, una muestra que está sirviendo como telonera de la gran retrospectiva sobre el catalán que hará el Museo Reina Sofía, comisariada por Manuel Borja-Villel, y que se presentará esta semana.

Exposición en la Galería Leandro Navarro. @M. Villardón

En esta ocasión, Íñigo Navarro, director de la galería madrileña, ha traído 17 piezas, entre las que hay esculturas, collage y pinturas, que abarcan el periodo desde 1955 al 2000. «Tàpies es una pieza fundamental dentro del arte español y hemos querido, tras muchos años de trabajar con su obra, hacer una exposición individual aquí. Ha sido complejo traer obras, pero estamos muy ilusionados», explica el galerista.

Según Toni Tàpies, hijo del artista y presente en el catálogo de la exposición en la citada galería, esta selección ofrece una visión integral de la producción del artista, destacando la evolución y la diversidad de su expresión artística a lo largo de su carrera.

El rechazo a lo académico

Antoni Tàpies en su estudio de Barcelona, 1973. Fotografia de Lee Miller. @Lee Miller Archives, Regne Unit, 2023.

Tàpies no estudió en las academias oficiales disponibles durante la dictadura, fue autodidacta y, como él decía, construyó su propia academia. «Cuando empecé, copié mi cara muchas veces, era el modelo que tenía más a mano. Así aprendí a dibujar», explicaba en algunas de sus intervenciones.

Tàpies vivió un ambiente social marcado por la amistad de su familia, sobre todo su padre, con personajes del republicanismo catalán de la época, así como por la intensa actividad política de su abuelo materno. Durante la Guerra Civil acompañaba a su padre las dependencias de la Generalitat y tras la contienda, todo cambió mucho para los simpatizantes del republicanismo.

Todo ello marcará la pintura, el espíritu y la trayectoria de Tàpies. Su consciencia social y lo vivido lo llevaron a rechazar todo lo que tenía que ver con lo oficial, con el académico, con el óleo, los pinceles o la pincelada blanda, despertaban en este pintor un feroz rechazo.

«Las primeras reflexiones que hice como aprendiz de artista fue eliminar todo lo que oliera a la pintura que se hacía en ese momento, esa pintura que estaba al servicio de los nuevos ricos del régimen. Para mí, era como un símbolo de conservadurismo, así que todo lo académico me sonaba a cosa retrógrada que debíamos superar. Cogí alergia total a las pinturas al óleo y a los pinceles tradicionales, que servía para llenar las telas tradicionales», detalla cuando habla de su independencia como artista frente a otros pintores que sí comulgaban con el estilo propagandístico del franquismo, más en línea con la pintura histórica. La abstracción era un movimiento artístico degenerado.

Caja con cesta. Antoni Tàpies. Foto: M. Villardón

«Hay aspectos de mi obra que se pueden ver como violentos. Un poco de esto tiene que ver con el rechazo a la situación en la que vivíamos, pronto sustituí la pincelada blanda por rasguños con cuchillos o con la espátula. En aquellos años, un simple trazo en un papel ya era un compromiso y la abstracción, un signo de militancia», explicaba.

Todo ello, aliñado, con su afición al dibujo y al conocimiento que tenía de artistas relacionados con las vanguardias como Picasso, Braque, Léger, Mondrian, Brancusi, Duchamp, etc. Lo cual, sumado a lo anterior, le ayudó a conocer y a conformar su propio lenguaje, tan reconocible.

Obras que comenzaron con trazos picassianos, algo primitivos en sus retratos, recordando a las máscaras como rostros que a menudo pintaba el cubista –Señoritas de Avignon–, para más tarde interesarse por la abstracción y la materia, los collage y los assemblages, dando volumen a obras que, a priori estaban tradicionalmente preparadas para un abordaje más clásico.

Navarro explica que quien conoce a Tàpies siempre piensa en la abstracción, sin embargo, en esta exposición «se ve como también utiliza la figuración y la transforma, podemos ver desde cuadros en los que hay partes del cuerpo humano o enseres, como un cuadro que tiene un cazo, hasta escultura o un maravilloso tapiz. Y todas ellas tienen todo lo que le interesa en el arte».

Siendo aún muy joven, Tàpies ya exponía su obra de forma individual, la primera de ellas en Galeries Laietanes, en Barcelona, a finales de 1940, aunque la clave de su carrera será la década siguiente. Becado por el Gobierno galo, vive en París y allí entra en contacto con el marxismo, una consciencia que le lleva a hacer diferentes obras con carga social y a entrar en el circuito del arte internacional, frenado en España por su autarquía. En 1953 gana un premio en la II Bienal de São Paulo y hace sus dos primeras exposiciones en EEUU, un país que poco a poco iba a nutrirse de todo el exilio artístico europeo, tanto con la llegada de pintores como coleccionistas.

Trabajando en el estudio de J. Gardy Artigas, 1983. @Fondo de F. Català-Roca

Viaja a Nueva York y expone de forma individual de la mano de la Martha Jackson Gallery, con la que trabajará en varias ocasiones a lo largo de su carrera, llamando la atención de artistas contemporáneos, e incluso algo más mayores, como los expresionistas abstractos, Motherwell, Klien o De Kooning. «Fue uno de mis mayores éxitos en aquella exposición en EEUU, que aquellos artistas importantes se fijaran en mí. Con ellos tuve siempre amistad».

De alguna forma, el modo en el que Tàpies aborda sus obras es muy parecida a cómo lo hace este grupo de artistas, de plena actualidad tras la Segunda Guerra Mundial. En esta etapa se establece el Tàpies más tradicional, poniendo de manifiesto que su arte es matérico y con textura, creando superficies opacas confeccionadas con polvo de mármol mezclado con pigmentos de una gama de colores limitada.

Óvalo y objetos. Antoni Tàpies. @Galería Leandro Navarro

La consolidación de su arte se desarrolla hasta los años 70, momento en el que también comienza a meter objetos en sus obras, pero siempre objetos usados, muebles viejos, ropa sucia, paja, etc. Era un reflejo del paso del tiempo, la huella del hombre en ellos y una crítica a la sociedad de consumo.

«No puedo evitar sentirme desconcertado por las tragedias que ocurren en el mundo y que empeoran cada vez más a medida que avanzamos hacia finales del milenio. Sin referirme a la guerra, no puedo ignorar el hecho de que nuestra supuesta sociedad del bienestar es, ante todo, una sociedad de consumo que se basa en la destrucción de la naturaleza, innumerables injusticias y sufrimiento generalizado», explicaba.

Según Núria Homs, conservadora de la Fundació Tàpies, en su producción «hay una doble vertiente. Por un lado, una actitud de rebeldía que empuja y anima a la lucha: al dar valor a lo más simple —la paja, el polvo, la caja de madera, las partes del cuerpo menos atractivas—, Tàpies denuncia el funcionalismo excesivo y la primacía de la producción excesiva y la acumulación de bienes típicos del capitalismo».

Nada parece ser casual

Detalle de Caja con cesta. Antoni Tàpies. @M. Villardón

«Sentía amor por los materiales desechables como una caja de cartón insignificante que convierte en un bronce majestuoso, cartón de embalaje, papel secante, etc. Son materiales sencillos a los que da una gran profundidad, invitando a la reflexión. No deja indiferente, todo en él es una invitación a la contemplación», explica Navarro. Y es que nada en Tàpies es cuestión de azar, sino algo muy pensado, como muestra la forma que tenía de trabajar. «La inspiración llega en el taller. A mí me gusta caminar mucho por el taller sin hacer nada, sólo paseando como un preso en una celda. Lo hago siempre y poner mi cabeza en funcionamiento», detallaba.

«Todas sus obras son producto de mucha meditación. Él pintaba exclusivamente en los meses de verano, siempre estaba en el campo y rodeado de naturaleza. El resto del año se dedicaba a leer, reflexionar, viajar y pensar, en definitiva, preparar la labor estival. Es una obra hecha con mucho pensamiento, por eso perdura, es muy profunda», señala.

El propio Tàpies relata a Borja Villel en una entrevista en 1995 que el pedido de materiales, como lienzos y paneles, los hace antes del verano. «Ese proceso no es nada trivial, todo lo contrario, me cuesta mucho decidir. Paso días enteros haciendo listas, estimaciones, conjeturas, etc.», comenta.

Atrae a muchos artistas jóvenes

Exposición en la Galería Leandro Navarro. @M. Villardón

Uno de los aspectos más sorprendentes de esta exposición es que «está atrayendo a muchos artistas jóvenes». Es decir, añade, «deja ver que su pintura sigue vigente e inspirando a artistas a generaciones nuevas y eso tiene mucho valor. Siempre hay referentes en el arte que guían a otros, Tàpies sin duda es uno de ellos».

El catalán, al igual que ocurre ahora con su figura, también apreció a artistas de una generación anterior a la suya, aunque en su caso confesara que había que matar lo de antes para crear lenguajes nuevos. «En cada época hay una saturación de estilos, los jóvenes vienen y tienen la idea de hacer lo contrario de lo que hacían los padres. La generación anterior a la mía, la de Joan Miró, al que tanto aprecio, usaban mucho los colores primarios, los que se fabrican, y esto me provocó una cierta alergia y un deseo de buscar también colores diferentes», decía.

El paso del tiempo acrecentó su interés por los temas de actualidad, como la guerra de Yugoslavia, dejando impacto directo sobre sus obras, las cuales dejaban la puerta abierta a la reflexión sobre el mundo que vivimos y que dejamos, sin olvidar ni a la naturaleza ni a las personas. Siempre latía en su producción artística el peso de los acontecimientos del mundo.

«Me gustaría que me recordaran como una persona que ha tenido la buena fe de contribuir y poner un grano de arena a la sensibilización de la gente, ayudar un poco a la cultura de mi país», expresaba.

@MaríaVillardón