Barcos

Jeff Bezos vende su velero de 127 metros por 500 millones por sus altísimos costes de mantenimiento

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El lujo extremo también tiene sus límites, incluso cuando hablamos de una de las mayores fortunas del planeta. La noticia de que Jeff Bezos estaría buscando comprador para su imponente velero Koru, valorado en unos 500 millones de dólares, no sólo revela una operación inmobiliaria marítima más, sino que destapa el lado menos romántico de poseer una de las embarcaciones más grandes y espectaculares del mundo. Entre problemas logísticos, costes desorbitados y una exposición mediática constante, el yate que simbolizaba el poder y el estilo de vida del fundador de Amazon se ha convertido, paradójicamente, en una carga difícil de gestionar.

¿Por qué Jeff Bezos está intentando vender su megayate, Koru?

Cuando Jeff Bezos encargó Koru, no lo hizo pensando en discreción. Este coloso de 127 metros de eslora, uno de los mayores veleros del mundo, fue concebido como una declaración de poder, una pieza única construida por Oceanco y entregada en 2023.

Sin embargo, lo que en papel parecía una obra maestra de la ingeniería naval ha demostrado ser, en la práctica, un gigante difícil de domesticar. Según fuentes cercanas citadas por Page Six, Bezos estaría discretamente tratando de venderlo porque simplemente es demasiado grande para gestionarlo con comodidad.

La cifra lo explica casi todo: mantener Koru y su barco de apoyo, Abeona, cuesta alrededor de 30 millones de dólares al año. Y aunque para alguien con el patrimonio de Bezos no supone un problema económico, sí limita el número de potenciales compradores y convierte la operación en algo mucho más complejo que una simple venta de lujo.

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Demasiado grande para el mundo real

Uno de los grandes problemas de Koru es que, literalmente, no cabe en muchos de los lugares donde su propietario querría llevarlo. Este detalle, que podría parecer anecdótico, se ha convertido en un quebradero de cabeza constante.

En 2025, el yate fue rechazado para atracar durante el Gran Premio de Mónaco debido a su tamaño. Tampoco pudo acercarse a la laguna de Venecia durante la boda de Bezos con Lauren Sánchez, obligando a replantear la logística de uno de los eventos sociales más comentados del año.

Incluso en Estados Unidos, el barco ha tenido limitaciones: algunas zonas de Florida no pueden acogerlo, lo que obliga a mantenerlo alejado de puertos más exclusivos y cerca de áreas industriales.

Este tipo de inconvenientes desmonta el mito de que más grande siempre es mejor. En el universo de los superyates, el tamaño puede convertirse en un enemigo silencioso.

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Un símbolo de lujo… y de exposición constante

Koru no sólo destaca por su tamaño, sino también por su estética y sus detalles casi cinematográficos. La embarcación cuenta con piscina de fondo de cristal, tres jacuzzis, helipuerto (en el barco de apoyo) y capacidad para 18 invitados atendidos por una tripulación de más de 30 personas.

En la proa, una escultura de madera que representa a Lauren Sánchez como una figura mitológica añade un toque personal, y mediático, que no pasa desapercibido.

Pero precisamente esa visibilidad constante es otro de los factores que habría influido en la decisión de venderlo. El yate es tan reconocible que resulta difícil mantener la privacidad, algo que, para alguien como Bezos, puede ser más valioso que cualquier lujo material.

A bordo han pasado celebridades como Oprah Winfrey, Leonardo DiCaprio o Katy Perry, consolidando el barco como un auténtico club flotante para la élite global. Pero ese mismo atractivo lo convierte también en un imán para paparazzi y curiosos.

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Entre la ingeniería y la polémica

La historia de Koru no ha estado exenta de controversias desde su construcción. Uno de los episodios más comentados ocurrió en Rotterdam, cuando se planteó desmontar un puente histórico para permitir el paso del yate debido a la altura de sus mástiles.

Finalmente, la solución fue retirar los mástiles temporalmente, evitando así una crisis patrimonial, pero el episodio dejó claro hasta qué punto esta embarcación desafía las infraestructuras tradicionales.

Además, su tamaño y características han generado debates sobre sostenibilidad y el impacto medioambiental de este tipo de megayates, especialmente en una época donde la conciencia ecológica es cada vez más relevante.