La torrija que repitió Leonor en este restaurante de Pontevedra ahora tiene su nombre: «El postre de la princesa»
Frente a la imponente Escuela Naval de Marín, con la brisa atlántica acariciando cada mesa y unas vistas abiertas a la ría que invitan a quedarse horas, se encuentra La Cantina del Muelle, un rincón gastronómico que ha pasado de ser un secreto local a convertirse en destino imprescindible. ¿La razón? Un postre tan especial que conquistó a la princesa Leonor de Borbón hasta el punto de darle nombre.
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Ubicado en el paseo marítimo de Marín, este restaurante destaca no sólo por su enclave privilegiado, prácticamente suspendido sobre el agua, sino también por una propuesta culinaria que rinde homenaje al producto gallego. Aquí, la cocina se construye desde la frescura del mercado y el respeto por la tradición, pero con un giro creativo que define el estilo de su chef, Alfonso Díaz.
Sentarse en La Cantina del Muelle es embarcarse en un viaje por los sabores del Atlántico. En su carta conviven clásicos como el pulpo, la merluza ahumada o el salpicón de rape con elaboraciones más sofisticadas como las vieiras al albariño con champiñones y fiuncho. Tampoco faltan propuestas contundentes como el jarrete en arroz o una cuidada selección de embutidos, todo pensado para compartir y disfrutar sin prisas, como dicta la cultura gastronómica gallega.
Sin embargo, si hay algo que ha catapultado definitivamente la fama del local es su ya célebre «postre de la princesa». Todo comenzó en septiembre de 2024, cuando Leonor, durante su formación en la Escuela Naval, visitó el restaurante junto a varios compañeros. Tras una comida abundante y variada, llegó el momento del dulce: unas torrijas reinventadas que rompían con lo tradicional. El detalle que lo cambió todo fue que la princesa repitió. Ese gesto espontáneo bastó para que el equipo del restaurante rebautizara el plato, convirtiéndolo en un símbolo. Desde entonces, pedir el «postre de la princesa» se ha vuelto casi un ritual para quienes visitan el lugar.
¿Y qué tiene de especial? Se trata de una torrija elaborada sin huevo ni aceite, algo poco habitual, logrando una textura sorprendentemente suave y ligera. La receta incorpora nata y caramelo, creando un equilibrio entre lo cremoso y lo dulce que la hace inolvidable. Es una reinterpretación moderna de un clásico de Semana Santa, pero con identidad propia.