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Rosalía y el pueblo catalán donde creció entre viñedos, coches tuneados y 8.000 habitantes

(Foto: Gtres)

Aunque hoy la cantante llena estadios y colapsa ciudades con cada lanzamiento, sus raíces están en la tranquila comarca del Baix Llobregat, en Sant Esteve Sesrovire, a apenas 20 minutos de Barcelona. Con poco más de 8.000 habitantes, este pequeño municipio catalán ha pasado de ser un rincón apacible a convertirse en un destino de peregrinación para los fans de una de las artistas más internacionales del siglo XXI: Rosalía.

Fue en este paisaje rural-industrial donde, con sólo 13 años, Rosalía vivió un encuentro que cambiaría su vida: mientras recorría el pueblo en coches tuneados, una voz atravesó el rugido de los motores y llegó hasta ella. Era Camarón de la Isla, y aquel instante de serendipia marcaría el inicio de su obsesión por el flamenco.

«Iba en coches tuneados y cantaba por Camarón»

Las colinas de Sant Esteve Sesrovire guardan vestigios romanos y caminos que conectaban con Barcino, la antigua Barcelona. En 1008 ya se documenta la parroquia de Sant Esteve y, durante siglos, la zona estuvo bajo la influencia feudal de la baronía de Castellvell. Con el tiempo, las masías se convirtieron en centros de cultivo de viñedos y cereales, configurando un paisaje que aún hoy mantiene ese aire de autenticidad rural.

(Foto: Turisme Baix Llobregat)

Pero Sant Esteve Sesrovires es mucho más que historia: es tradición y modernidad conviviendo en armonía. La famosa Ruta de las Masías permite recorrer más de 20 edificaciones centenarias como Ca n’Estella o Can Julià, mientras que las bodegas del Penedès, como Clot dels Oms y Rabetllat i Vidal, ofrecen una experiencia sensorial que conecta al visitante con la tierra. En otoño, la Feria del Vino y del Cava transforma la Plaça del Doctor Tarrés en un festín de aromas, sabores y cultura, recordando que la tierra que vio crecer a Rosalía también respira creatividad y vida.

El contraste entre lo tradicional y lo moderno es, quizás, la clave para entender el arte de Rosalía. Su flamenco se reinventa con electrónica, R&B y hasta ópera, y en su nuevo álbum Lux continúa explorando esta dualidad: luces y sombras, raíces y vanguardia, lo terrenal y lo divino. Es un reflejo del pueblo que la vio nacer, donde la serenidad de sus colinas se mezcla con el pulso industrial de sus polígonos, donde la historia convive con la juventud inquieta y los coches tuneados siguen siendo parte de la memoria local.