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Dónde cenar en Madrid este San Valentín: la ‘wish list’ de los paladares más exigentes

Dónde cenar en Madrid este San Valentín: la ‘wish list’ de los paladares más exigentes
(Foto: Inteligencia Artificial)
Rocío Álvarez
  • Rocío Álvarez
  • Periodista multimedia especializada en belleza, viajes y estilo de vida. Durante mis años de vida, la lectura se ha convertido en una compañera fiel y gracias a ella descubrí mi vocación: crear y transmitir a través de las palabras. Con esta convicción me matriculé para cursar Periodismo en la Carlos III y después de años formándome encuentro mi sitio en el mundo: COOL. ¿Mi ley de vida? Nunca desistas, porque el día que lo hagas siempre pensarás en lo que podría haber sido.
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San Valentín tiene algo de ritual: elegir mesa, bajar las luces, alargar la sobremesa y dejar que la conversación fluya entre platos pensados para compartirse. La cena, más que un simple plan, se convierte en el escenario donde todo sucede: primeras citas, celebraciones que ya suman años o excusas perfectas para escapar de la rutina. Madrid despliega estos días propuestas diseñadas para la ocasión, desde menús especiales hasta ambientes que invitan a quedarse más de la cuenta. Esta es una selección de restaurantes donde reservar, y acertar, el 14 de febrero.

Osaka Nikkei

Si la idea es impresionar, o simplemente evitar la típica cena previsible, Osaka Nikkei juega en otra liga. Su cocina nikkei mezcla precisión japonesa e intensidad peruana en platos que funcionan especialmente bien para compartir: desde tiraditos preparados al momento o sashimis en la barra cruda hasta elaboraciones más rotundas como el Toro Tartar de atún rojo con ajo negro y caviar, el ceviche wasabi o las vieiras con ají amarillo y trufa.

La experiencia continúa con nigiris reinterpretados, como el de wagyu A5 o el de atún con trufa y ajíes peruanos, y platos más mestizos que suelen convertirse en protagonistas de la mesa: langostinos Tumbo Shrimp, pulpo Tako anticucho o las reconocibles Pisco Ribs glaseadas con miel cítrica.

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(Foto: Osaka Nikkei)

Rosewood Villa Magna

En este icónico hotel, San Valentín se celebra con una propuesta que combina lujo y cocina refinada. El menú especial incluye ostra Gillardeau con gel de yuzu, vieiras a la plancha con espuma de champagne y un risotto de boletus con crujiente de jamón ibérico, seguido de un plato principal como lubina salvaje con puré de chirivía y emulsión de limón o solomillo de ternera con reducción de vino tinto y trufa negra.

Para terminar, un soufflé de chocolate con corazón de frambuesa o un milhojas de crema y frutos rojos elevan la sobremesa. La propuesta se acompaña de cócteles de autor, desde un Martini de rosas hasta un Negroni aromático, que permiten prolongar la cita en un salón elegante y silencioso, ideal para conversaciones largas y miradas cómplices.

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(Foto: Rosewood Villamagna)

Isa Restaurant & Cocktail Bar

Isa invita a vivir una velada única donde el romance se encuentra con los matices más seductores de Asia. Una propuesta gastronómica exclusiva, diseñada solo para esta ocasión, que recorre platos fuera de carta creados expresamente para el menú de San Valentín, como el delicado usuzukuri de vieira, el canelón de cangrejo, el pargo kobujime o un postre de chocolate noir con frambuesa ácida pensado para cerrar la noche con un guiño dulce y sofisticado. La experiencia se completa con dos cócteles especiales, His & Hers, creados para brindar en pareja, y con imprescindibles como la ostra y el blini de caviar, protagonistas de la velada y del imaginario más hedonista de Isa.

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(Foto: Isa Restaurant & Cocktail Bar)

Ikigai Velázquez

Más introspectivo y gastronómico, Ikigai Velázquez funciona cuando la conversación gira alrededor del plato. La carta combina técnica japonesa con guiños franceses y españoles, y aquí sí hay bocados memorables: desde las gyozas de gamba blanca y papada ibérica, al korokke con cecina de wagyu, pasando por nigiris que se salen del guion como el de rodaballo con meunière de yuzu o el de toro con grasa de wagyu y caviar.

También hay platos más inesperados que funcionan muy bien en una cita, como el croissant-sando relleno de steak tartar, o principales como el magret de pato de las Landas, mientras que el cierre dulce puede pasar por el soufflé de sésamo.

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(Foto: Ikigai Velázquez)

Brasserie Lafayette

Con aire parisino, Lafayette apuesta por platos clásicos franceses adaptados a un entorno contemporáneo y elegante. Entre las entradas, destacan foie gras con reducción de Pedro Ximénez, sopa de cebolla gratinada y tartar de salmón con eneldo. Los principales incluyen filete de lubina con crema de champagne, magret de pato con salsa de frutos rojos y entrecôte a la mantequilla de hierbas.

La velada se completa con postres icónicos como crème brûlée de vainilla de Madagascar o tarta tatin con helado de canela, mientras que la carta de vinos y champagnes franceses eleva la experiencia a un nivel romántico y sofisticado, perfecto para una cita clásica y memorable.

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(Foto: Brasserie Lafayette)

Oroya

En la cuarta planta del The Madrid EDITION, Oroya juega la carta del flechazo con altura: cocina peruana contemporánea, vistas panorámicas y coctelería que alarga la sobremesa. La propuesta gira en torno a platos para compartir como la degustación de ceviches, el bao de pollo frito con vegetales encurtidos o la causa frita con colas de gamba roja y su coral, que combinan técnica y contraste de texturas.

También aparecen guiños más sofisticados, ostras con leche de tigre y lardo ibérico o gambón rojo en tempura con ají panca, que elevan la experiencia y funcionan especialmente bien en pareja. La cocina del chef Diego Muñoz se acompaña de una coctelería premiada donde el pisco sour y otras mezclas de autor son casi obligatorios, y postres como la lúcuma con chocolate y pistacho aportan el cierre dulce.

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(Foto: Oroya)

Numa Pompilio

Para los amantes de la cocina italiana, Numa Pompilio ofrece un menú de San Valentín que mezcla tradición y elegancia. La experiencia comienza con carpaccio de buey con rúcula y parmesano, burrata con tomate confitado y pesto o tartare de salmón con cítricos y alcaparras, seguido de pastas frescas como raviolis rellenos de trufa y ricotta o spaghetti con langosta y tinta de calamar.

Los principales incluyen lomo de ternera a la milanesa con salsa de vino o lubina al horno con hinojo y limón confitado. Los postres se inspiran en clásicos italianos, desde tiramisu de frutos rojos hasta panna cotta de vainilla con caramelo salado, todo en un entorno romántico, elegante y lleno de detalles cálidos.

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(Foto: Numa Pompilio)

Llama Inn

Para quienes prefieren una cita más vibrante que solemne, Llama Inn introduce el juego de sabores peruano-neoyorquinos en clave moderna. La carta invita a compartir desde snacks como la ostra en escabeche de ajíes o la vieira con puré de coliflor y mantequilla de ají amarillo, hasta ceviches que mezclan producto y acidez, el de vieira con yuzu kosho y pitahaya o el de calamar con boniato y leche de tigre de togarashi.

La propuesta combina técnica, color y contraste, algo que convierte la cena en una experiencia más dinámica que protocolaria, y explica por qué figuras públicas lo señalan como una parada clave para cenar en Madrid.

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(Foto: Llama Inn)

Leña

Si el plan romántico pasa por algo más rotundo, Leña transforma la brasa en espectáculo gastronómico. La cocina de Dani García gira en torno al fuego y al producto, con platos como la icónica burger con salsa Bull y queso havarti o pescados a la parrilla como el solomillo de atún y el bogavante con beurre blanc.

También hay entradas que combinan técnica y confort, burrata ahumada con pimientos asados o puerro al carbón con mortadela trufada, que abren la experiencia antes de llegar a las carnes protagonistas.

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(Foto: Leña)

Charrúa

Aquí el discurso gira en torno al producto y la parrilla de raíz uruguaya, una elección segura para una cita clásica pero contundente. Charrúa apuesta por cortes de carne seleccionados preparados al fuego, con esa liturgia carnívora que invita a compartir entrantes, vino tinto y conversación larga.

El atractivo está precisamente en esa honestidad gastronómica: un entorno cálido, servicio cercano y platos que priorizan el sabor directo, ideales para quienes entienden la cita como una experiencia sin artificios pero memorable.

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(Foto: Charrúa)

Rural

Rural se mueve en otro registro: cocina contemporánea que bebe del recetario tradicional y del producto de temporada. La experiencia suele construirse en torno a platos reconocibles reinterpretados , verduras tratadas con mimo, guisos refinados o carnes trabajadas con técnica actual, en un entorno relajado que favorece una cita más tranquila que espectacular.

Funciona especialmente bien si lo que buscas es una conversación larga con buena mesa de fondo, sin la presión escénica de otros espacios más llamativos.

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(Foto: Rural)

Kappo

Kappo es la elección para una cita que apuesta por la precisión japonesa y el formato casi ceremonial. Su propuesta se centra en la barra y en la temporalidad del producto, con nigiris trabajados al momento y cortes que priorizan textura y pureza, en una experiencia íntima y concentrada en el detalle.

El encanto está en esa cercanía al chef y en el ritmo pausado del servicio: una cena que se vive más que se consume, perfecta para quien quiere convertir San Valentín en una experiencia gastronómica con narrativa.

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(Foto: Kappo)

Brazza

En Chamberí, Brazza propone una cita con carácter cálido y algo canalla, donde la brasa es el hilo conductor y el ambiente invita a compartir sin demasiadas ceremonias. Su cocina mezcla raíz rioplatense y guiños mediterráneos bajo la dirección del chef Franco Malacisa, con una carta que funciona especialmente bien para una cena en pareja en torno a platos al centro.

Para empezar, funcionan muy bien las empanadas de carne cortada a cuchillo o las mollejas crocantes acompañadas de crème fraîche de chimichurri y limón, junto a opciones más ligeras como las alcachofas a la brasa con romesco y parmesano. En los principales, la experiencia gira en torno a la parrilla: desde una milanesa versionada (napolitana o fugazzeta) hasta cortes más rotundos como el filete de cuadril argentino con patatas a la chapa, el T-bone madurado 30 días o un tomahawk pensado para compartir, ese tipo de plato que convierte la cena en plan memorable. Para rematar, la pavlova con frutos rojos o los panqueques de dulce de leche aportan el cierre dulce que pide una noche especial.

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(Foto: Brazza)