Si durante el invierno buscamos los sitios cerrados y acogedores para huir del frío, ahora que la primavera empieza a dejar en el calendario los primeros días de calor del año, es momento de salir a disfrutar del aire libre. Vuelven a ideario las escapadas en fines de semana, las rutas por el monte y, mejor, la salida de las ciudades para ir a visitar esos rincones de la España rural que ponen su mejor perfil a la llegada de la primavera. A sólo dos horas de Madrid se encuentra uno de esos rincones que bien parece sacado de un paisaje del norte de Europa, donde los tulipanes llegan hasta donde la vista no es capaz de alcanzar. Hablamos de Socuéllamos, un pueblo de Castilla-La Mancha que encierra la floración más singular de nuestro país.
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Imagina sentarte frente a extensos campos de amapolas rojas. Este paisaje nos recuerda a esos paisajes naturales de Países Bajos, concretamente de Holanda, que tantas postales coloridas dejan en esta época. Pero por mucho que Keukenhof y otras ubicaciones de esta parte de Europa capten toda la atención, no hace falta viajar tanto para poder disfrutar de un paisaje más singular. En Socuéllamos, de hecho, se puede vivir esta estampa con los beneficios inmersos en una región vinícola y con un arraigado patrimonio histórico-artístico.

Este municipio no destaca por su extensión (pues apenas tiene 12.000 habitantes) pero el encanto de su entorno, la riqueza de su tierra y esta particular estampa en floración han hecho que cada año miles de turistas se acerquen a sus campos para poder contemplar la belleza. Un hito anual que es bien conocido como El mar rojo de La Mancha.
Hablamos de un pueblo donde el campo gana a la vida urbana, por lo que la mejor forma de descubrir su encanto es a través de sus rutas. En una región tan extensa y con una rica cultura de trabajo agrícola, podrás imaginar que escapadas naturales hay más que de sobra. En este pueblo, además, hay rutas para todos los gustos y todos los tipos de personas.

Las más conocidas y que tienen una extensión de unos 16 kilómetros son las de La Tinaja y Malagana. Durante esta caminata recorrerán diferentes paisajes donde la vegetación se alterna entre viñedos, olivares y almendros. De una longitud similar (15 kilómetros) es la ruta Monte de Lodares y Ermita de San Antonio, que comienza en la plaza de toros y va atravesando diferentes campos en floración y bodegas.
El viñedo de Europa
Castilla-La Mancha debe su fama internacional no solo a las aventuras de un hidalgo caballero al que dio vida Miguel de Cervantes. También porque aquí se asienta la cuna del vino, hasta el punto de que su inmensa extensión de viñedos han valido a esta comunidad autónoma con otro sobrenombre: el del viñedo de Europa.
Su máximo espolón y el lugar que ejerce de anfitrión para detenerse en la Ruta del Vino de Castilla-La Mancha es, como no, Socuéllamo. Aquí se encuentra la Torre del Vino, una construcción inaugurada en 2015 sobre la antigua estación de ferrocarril que actúa como museo y como embajador de la cultura de este producto en la región. Destaca, sobre todo, por su impresionante torre de 32 metros que ofrece a quienes la visitan una estupenda panorámica de los viñedos circundantes. El punto de partida perfecto para continuar con el resto de experiencias y actividades que organizan en esta institución, todas ellas relacionadas con la cultura y el aprendizaje del arte vinícola.
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De hecho, una forma de recorrer el encanto de este pueblo en floración y descubrir su pasión por el vino es a pie o en bicicleta por la Ruta Casa La Torre. Tiene una extensión de 21 kilómetros y en ella, además de admirar el paisaje de viñedos, también te tropezarás con algunas construcciones icónicas, como el molino hidraúlico tradicional que se encuentra en las orillas del río Záncara.

Continuamos por este pueblo entre viñedos para descubrir que la región de Socuéllamos no solo es la ruta de entrada hacia los campos de vid de esta comunidad autónoma, sino también la sede de muchas de las bodegas de la región. Alberga más de 15 bodegas donde poder disfrutar de experiencias, catas y visitas guiadas. Tales como Finca El Refugio, cuyos viñedos abarcan una amplia variedad de uvas internacionales y nacionales, entre ellas Cencibel, Merlot, Syrah, Cabernet Sauvignon, Verdejo y la Petit Verdot. O Las bodegas La Hoz, que albergan unas encantadoras instalaciones y cuentan con más de 500 hectáreas de viñedo propio repartidas entre variedades de uva autóctonas y foráneas.
