Dani García: «Para que la tortilla quede jugosa deja reposar las patatas fritas en el huevo media hora»
Hablar de tortilla de patatas en España es entrar en terreno sagrado. Pero cuando quien se pronuncia es Dani García, uno de los cocineros más influyentes del país, merece la pena escuchar con atención. Su versión de la tortilla no busca polémica gratuita, sino perfección técnica, respeto absoluto al producto y una textura muy concreta. Como él mismo resume desde el principio: «Este es el grosor perfecto».
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La receta de la tortilla de Dani García parte de una proporción muy clara: 1200 gramos de patata y nueve huevos. No hay cebolla. Y no es un olvido. Simplemente no aparece en su discurso ni en su elaboración, lo que deja claro que, en su caso, apuesta por una tortilla limpia, directa y centrada en el huevo y la patata, sin añadidos que distraigan.
Uno de los primeros puntos clave está en el aceite. Dani lo tiene clarísimo: «Aceite de oliva a 180 grados» para la patata. Pero aquí llega el primer gran truco de chef, uno que marca la diferencia y que él recalca como algo esencial:
«Uno de los trucos es emulsionar antes de añadir la patata con aceite de oliva. Importantísimo».
Este paso consiste en añadir directamente el aceite de oliva al huevo y dejarlo reposar. Nada de prisas. «Directamente el aceite de oliva al huevo y dejar reposar las patatas en él tranquilamente. Media hora», explica. Tras ese tiempo, comienza a batir poco a poco, añadiendo más aceite hasta lograr una mezcla casi montada, sedosa y brillante. El resultado es una base que ya apunta a algo distinto.
La cocción también se aleja del fuego agresivo. Dani García apuesta por una sartén doble al fuego, al mínimo, y aquí introduce un ingrediente inesperado: la mantequilla. «Y ahora un poquito de mantequilla. No me preguntéis por qué”, dice con ironía. La razón llega justo después:
«Quiero una tortilla blanquita y la mejor manera de hacerla es con nada. Un poquito de mantequilla».
La mantequilla no busca sabor protagonista, sino control térmico. «Para que el calor que transmita no haga que el huevo dore en exceso», explica. Para él, el color es crucial: «Para mí es muy importante que quede lo más blanca posible». Así se consigue una tortilla jugosa, casi cremosa, donde el huevo no se tuesta y mantiene una textura delicada.
El resultado final es una tortilla elegante, suave y profundamente aromática. Como él mismo apunta, el aceite de oliva sigue estando muy presente:
«Además del aroma de aceite de oliva, que es brutal y tremendo».
La tortilla de Dani García no busca convencer a todos, pero sí demostrar que, incluso en un plato tan popular, todavía hay espacio para la técnica, el detalle y una visión muy personal. Una tortilla sin cebolla, blanquita y con mantequilla que, contra todo pronóstico, funciona. Y mucho.