Las nuevas tensiones geopolíticas en Oriente Medio, tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Irán y la posterior respuesta del país islámico, han vuelto a introducir la incertidumbre en la economía global. Los analistas anticipan efectos en el consumo, la industria o la tecnología. El turismo, tradicionalmente sensible al contexto internacional, tampoco es ajeno a esta inestabilidad. Sin embargo, la reacción a viajar no está siendo la que cabría esperar. Lejos de producirse una oleada de cancelaciones, el sector está registrando un fenómeno más matizado: ajustes logísticos, mayor demanda de información y un creciente apoyo en expertos. Desde Arvin Abarca, fundador de una agencia especializada en grandes viajes, confirma que el impacto está siendo «limitado y localizado».
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«En situaciones así, lo primero es atender con prioridad a viajeros afectados por cambios aéreos. En paralelo activamos protocolos de información y acompañamiento para todos nuestros clientes» explica Arvin Abarca, fundador y CEO de GrandVoyage.
«El viajero mantiene su decisión de viajar. Lo que cambia es su comportamiento: pregunta más, compara más y exige mayor cobertura»
La principal incidencia se ha producido en rutas con escalas en Dubái o Qatar, donde se han registrado cancelaciones puntuales y, sobre todo, más reprogramaciones de vuelos de lo habitual. Pero no existe, por el momento, un patrón de cancelación masiva. «El viajero mantiene su decisión de viajar. Lo que cambia es su comportamiento: pregunta más, compara más y exige mayor cobertura».
«Cuando el contexto internacional se tensiona, el viajero no deja de viajar. Lo que hace es planificar mejor y apoyarse más en expertos», añade Abarca.
Ese matiz es clave. Tras la pandemia, el viajero internacional interiorizó conceptos como flexibilidad, seguros ampliados y seguimiento constante del itinerario. La coyuntura actual refuerza esa tendencia. En algunos destinos, las agencias ya están incorporando pólizas con mayor cobertura, y el cliente valora especialmente la posibilidad de contar con asistencia personalizada en tiempo real.

No se renuncia a viajar, pero el viaje se gestiona con mayor prudencia
También se observa una preferencia creciente por países percibidos como estables, con infraestructuras sólidas y buena conectividad. Este verano, destinos como Japón, Canadá, Perú, Islandia o Corea del Sur consolidan su atractivo. En el caso de Perú, además, se acerca la temporada seca en los Andes, el mejor momento para visitar Machu Picchu, mientras que Japón y Corea del Sur combinan seguridad urbana, infraestructura eficiente y una oferta cultural y gastronómica de alto valor añadido.

El turismo de largo radio y alto presupuesto no funciona por impulsos, sino por planificación estratégica, asegura el experto en viajes. En ese sentido, el escenario geopolítico actual no paraliza el sector, pero sí lo profesionaliza aún más. El viajero no renuncia a la experiencia; la gestiona con mayor prudencia y más información.
En un entorno volátil, la diferencia no la marca el destino, sino la capacidad de anticipación. Y ahí, el asesoramiento especializado se convierte en un activo estratégico más que en un simple intermediario, nos explica Arvin.
