Gastro

Antonio de Juan (Talentchef) sobre el futuro de la restauración: «La IA no sustituirá a las personas»

(Foto: Talentchef/Freepik)

En el último capítulo de And Just Like That, Carrie Bradshaw atraviesa las puertas de un restaurante. Entre un servicio completamente automatizado, la escritora se encuentra con una sorpresa inesperada: para evitar el supuesto drama de comer sola, el local le coloca frente a la mesa un peluche gigante que simula ser su acompañante. Un gesto tan surrealista como inquietante que abre una pregunta inevitable: ¿es este realmente el futuro de la restauración?

Lo cierto es que, aunque parezca ciencia ficción, no estamos tan lejos de esa escena. Restaurantes en Tokio, Dubái o incluso Londres ya han experimentado con brazos robóticos que preparan cócteles, cartas digitales accesibles sólo desde el móvil o sistemas de inteligencia artificial que deciden por ti qué vino marida mejor con tu plato. La automatización empieza a colonizar la hostelería: en algunos locales, el camarero ya no toma nota, lo hace directamente una app. La experiencia es rápida, funcional… pero, ¿qué se sacrifica por el camino?

«La tecnología puede agilizar procesos, pero jamás reemplazar la emoción de un gesto auténtico»

Antonio de Juan, fundador y presidente de Talentchef, especialistas en diseñar conceptos gastronómicos icónicos para hoteles y grupos de restauración en más de veinte países, lo tiene claro: la gastronomía nunca ha sido únicamente alimento; es atmósfera, narrativa y contacto humano.

«La restauración del mañana debe ser profundamente humana. La tecnología puede agilizar procesos, pero jamás reemplazar la emoción de un gesto auténtico, de un recuerdo compartido en torno a la mesa. Nuestro trabajo en Talentchef siempre parte de una idea sencilla: crear experiencias que emocionen, porque son esas emociones las que convierten un restaurante en un destino inolvidable», explica Antonio de Juan, presidente y fundador.

(Foto: Cortesía)

Y es que, más allá de los avances tecnológicos (cuyo coste puede oscilar entre miles y hasta millones de euros, dependiendo del nivel de automatización), el debate de fondo no es económico, sino emocional. Porque sustituir al camarero que recuerda tu vino favorito por un algoritmo, o al chef que sale a sala por un avatar digital, es restarle alma a la experiencia.

Además, ¿qué hay de malo en comer solo? Durante décadas ha sido visto como un estigma, pero cada vez más se reivindica como un acto de libertad, un ritual de autocuidado, incluso un lujo. Comer solo puede ser tan sofisticado como una cita romántica (con uno mismo), y ese concepto podría inspirar nuevos espacios gastronómicos donde la intimidad y el disfrute personal sean protagonistas.

Algunos restaurantes de vanguardia ya han explorado esta línea: desde barras japonesas diseñadas para la experiencia individual hasta locales en Copenhague que celebran el silencio y la pausa como parte del menú. Pero la clave, según Talentchef, no es eliminar la emoción, sino potenciarla: usar la tecnología como aliada, nunca como sustituta en la restauración.

Carrie Bradshaw en una escena de And just like that. (Foto: HBO Max)

Ejemplos como el Tesla Diner, recién inaugurado en el corazón de Hollywood, evidencian que la frontera entre ocio, gastronomía y tecnología se desdibuja cada vez más. Concebido por Elon Musk como un híbrido entre autocine retro y estación de carga futurista, este espacio combina camareros en patines con el robot humanoide Optimus, hamburguesas servidas en cajas con forma de Cybertruck y pantallas LED gigantes que proyectan clásicos de ciencia ficción. Un concepto que mezcla nostalgia con vanguardia y que, como la escena de Carrie Bradshaw en And Just Like That, plantea la misma pregunta: ¿buscamos restaurantes que nos sorprendan por su despliegue tecnológico o experiencias que nos conmuevan de verdad?

En la hospitalidad que viene, la diferencia la marcará la capacidad de emocionar, de convertir cada comida en un recuerdo. Y ahí, el alma humana sigue siendo insustituible.