El pintor danés, creador de la técnica ‘la habitación vacía’, expone en el Museo Thyssen
La transición entre finales de siglo XIX y principios de siglo XX fue una gran época para el arte europeo. El contexto artístico, marcado por una profunda innovación, dejó para la historia algunos de los nombres de los hoy considerados como grandes maestros de la pintura. Entre ellos, otros eclipsados por el destello de la fama construyeron su relato al margen de la popularidad, pero dejando una gran huella en la historia del arte. Es el caso de Vilhelm Hammershøi, hoy considerado como uno de los artistas escandinavos más importantes de esta época. Por eso, el Museo Thyssen ha rendido homenaje a esta figura del arte por primera vez en España acogiendo su exposición El ojo que escucha.
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Más de cien obras recorren el trabajo del artista desde un punto de vista casi bibliográfico, mostrando su carácter, evolución e influencia en el mundo del arte de principios del siglo XX. La muestra se encuentra expuesta en la sala de exposiciones temporal de la planta baja del Thyssen hasta el día 31 de marzo.
La influencia del artista
Situarte frente a un cuadro del artista Hammershøi evoca una extraña sensación de familiaridad, aún si nunca has estado frente a una obra suya. Extraño, ¿verdad? Lo cierto es que, aunque su nombre no ha sido de los más escuchados en los últimos años dentro del circuito del arte de a pie, su obra ha alcanzado influencias mucho más allá de lo esperado.
Su técnica conocida como «la habitación vacía», el encaje de los recursos dentro del marco, interiores silenciosos, minimalistas y llenos de atmósfera han sido fuente de inspiración y guía inmaterial para muchos trabajos audiovisuales. El ejemplo más que más cercano puede alcanzar a quienes se adentran en el mundo Hammershøi se encuentra en el cine contemplativo moderno.
Sabemos más que de sobra la relación e influencia que el arte ejerce sobre el mundo del cine y en películas como Ida (2013), de Paweł Pawlikowski, las referencias al artista que toma el director parecen dar (casi literalmente) vida a los cuadros del artista danés. En esta película en concreto, muchos de los planos recuerdan a cuadros como Interior with Young Woman Seen from the Back.
Este ejemplo podríamos extrapolarlo a otros films, como The Master (2012), de Paul Thomas Anderson o A Ghost Story (2017), de David Lowery, para asomarnos un poco más al universo creativo de este artista, cuya obra influenció en las directrices del arte escandinavo.
Sobriedad y alma como sello
La forma más sencilla de adentrarnos al universo Hammershøi probablemente sea comprendiendo qué estilo fue el que inspiró al danés. Porque su estilo fue bastante poco peculiar dentro de los movimientos artísticos del momento: no había un solo estilo que le definiese.
Hablamos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, un momento donde las élites del arte se movían por una serie de movimientos artísticos caracterizados por el dinamismo, el dramatismo y, sobre todo, el color. Algunos como el art nouveau, el impresionismo, el cubismo o el impresionismo colmaban la escena artística del momento. Dejando a la posteridad nombres imborrables de la historia como Picasso, Klim, Monet, Vincent van Gogh, entre otros.
En el polo opuesto aparecía la obra de Hammershøi. Silenciosa, emocional, austera, sobria. Surgió en un mundo de color y contraste con una apuesta muy singular alejada de las vanguardias, de las corrientes académicas o de las innovaciones técnicas de sus compañeros de profesión. Más bien, centrada en interiores silenciosos, el dramatismo proveniente de las figuras de espaldas, la luz nórdica difusa y una paleta gris y limitada, completamente opuesta a lo común en esa época.
«La ambigüedad de sus cuadros mantiene abiertas múltiples vías de interpretación que en las últimas décadas se han enriquecido gracias a la búsqueda de conexiones con otros artistas europeos y a la contextualización con sus contemporáneos daneses», apunta el comunicado emitido por el Museo Thyssen.
Esta identidad queda plasmada al caminar por la muestra El ojo que escucha, un título que remite a la relación metafórica entre su pintura, el silencio y la aparente calma que transmite, y el interés del artista por la música. Puede verse uno de los elementos más representativos e influyentes de la vida del artista en sus cuadros: su mujer Ida Ilsted.
Junto a otros tantos objetos cotidianos, el artista representaba parte de su vida sobre el lienzo. Incluso durante sus últimos años se puede observar la predominancia por la autorrepresentación como pintor, muestras que forman hoy parte de la exposición del Thyssen.