Tras ‘La sociedad de la nieve’, Pablo Vierci aborda el abuso infantil: «Es una epidemia invisible»
Hay historias que nacen de una obsesión. Otras, de una deuda. Para Pablo Vierci, El niño que heredó el silencio pertenece a ambas categorías. Durante años supo que quería escribir sobre el abuso sexual infantil, pero no encontraba la forma. «Es un tema invisibilizado en todo el mundo» cuenta. «Invisibilizado al punto de que, hasta hace poco, no existía entre comillas. Se sabía, pero no se hablaba». Ahora sí se habla. Y su nueva novela lo hace desde un territorio incómodo pero necesario: el de la herida que no se nombra y el silencio que la perpetúa.
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Pablo Vierci y su última novela: ‘El niño que heredó el silencio’
Pablo Vierci no rodea el tema. Lo aborda de frente, con cifras y con memoria generacional. «Somos la primera generación de adultos que habla del abuso infantil», afirma. «Cuando yo era niño, esto ocurría, pero no tenía nombre».
«Somos la primera generación de adultos que habla del abuso infantil»
Los datos, recuerda, son devastadores. En España, uno de cada tres jóvenes ha sufrido algún tipo de abuso sexual. A nivel mundial, UNICEF estima que una de cada cinco niñas y uno de cada siete niños lo padecen. Y la Organización Mundial de la Salud señala que uno de cada dos menores sufre algún tipo de violencia.
«Es una epidemia invisible», resume. «Y lo más inquietante es que el 80% de los casos son intrafamiliares o suceden en el entorno cercano. No estamos hablando de monstruos lejanos, sino de personas próximas».
En la novela, el abuso no es solo un hecho: es un sistema. Un mecanismo que se activa para preservar estructuras familiares.
«Cuando un niño intenta contar lo que le ocurre, muchas veces el adulto responde: «Te has equivocado, no pasa nada», explica Vierci. «Porque denunciar implica el colapso de la familia. Y ante la posibilidad del colapso, se elige lo más sencillo: minimizar». Pero esa minimización tiene un precio devastador.
«Ante el colapso, el adulto prefiere decir: no pasa nada»
«El abuso tiene dos facetas. El hecho en sí, que desborda al niño, que es un analfabeto emocional y no puede ponerle palabras a lo que siente. Y el silencio. El silencio es imprescindible para que el abuso se convierta en trauma». La frase resuena. No es solo lo que ocurre, sino lo que no se dice.
«El abuso tiene dos facetas. El hecho en sí, que desborda al niño, que es un analfabeto emocional y no puede ponerle palabras a lo que siente. Y el silencio. El silencio es imprescindible para que el abuso se convierta en trauma»
«El perpetrador permanece en la psique del niño como un parásito», añade. «Le condiciona el desarrollo. Se instala ahí y opera durante toda la vida».
Un ‘thriller’ para poder mirar
A pesar de la dureza del tema, El niño que heredó el silencio está construido como un thriller psicológico. El perpetrador muere en circunstancias ambiguas y la novela avanza entre la sospecha y la tensión. La elección no es casual.
«Yo utilicé la herramienta del thriller no para dulcificar el tema, sino para quitarle crueldad, para matizar lo siniestro», explica Pablo Vierci. «Quería que el lector llegara hasta la última página en estado de hipnosis».
«Yo utilicé la herramienta del thriller no para dulcificar el tema, sino para quitarle crueldad, para matizar lo siniestro»
Sabe que el rechazo inicial puede ser grande. «La gente tiende a ocultar esto bajo la alfombra. Si lo presentas de forma frontal, muchos se apartan. El suspense es una forma de acompañar al lector. De llevarlo de la mano».
Esa complicidad narrativa le permite introducir preguntas más profundas: ¿qué ocurre en la mente de un niño cuando no hay un adulto que lo proteja? ¿Qué sucede cuando el vínculo de apego se convierte en traición?
«Es el peor escenario imaginable», dice. «El niño queda solo y traicionado por quienes deberían cuidarlo».
Infancia: arcilla blanda
Más allá de la trama, la novela es también una reflexión sobre la infancia como territorio decisivo. «Somos arcilla blanda», afirma. «Nos moldeamos según el apego que tenemos. La infancia determina en gran medida si vamos a ser felices o no».
«Nos moldeamos según el apego que tenemos. La infancia determina en gran medida si vamos a ser felices o no».
Cita al psiquiatra francés Boris Cyrulnik y su idea de que seguimos viviendo bajo el «paradigma de la violencia y la dominación». Y recuerda una frase del historiador Lloyd deMause: «La historia de la infancia es una pesadilla de la que recién estamos despertando».
Para Vierci, la sociedad envía mensajes contradictorios. «Vivimos en una época que se supone más consciente, más libre. Pero todavía toleramos estructuras de poder que destruyen el desarrollo de los niños».
No habla desde el alarmismo. Lo matiza varias veces. «No se trata de mirar la infancia con paranoia. Se trata de prevención. De alerta. Igual que no dejarías a un niño solo en un parque de atracciones, no puedes dejarlo solo en entornos que no entiende».
El coraje después de ‘La sociedad de la nieve’
Su trayectoria literaria ha transitado por registros muy distintos. Pero el éxito internacional de La sociedad de la nieve, llevada al cine por Juan Antonio Bayona, le dio un impulso decisivo.
«Me dio el coraje suficiente para tocar un tema tan duro», reconoce Pablo Vierci. «Aprendí que los lectores no le temen a los temas desmesurados. Cada uno los coloca en su escala».
Si el público fue capaz de enfrentarse a una historia extrema de supervivencia, también podía afrontar esta violencia más silenciosa. Aun así, había una condición: la esperanza.
«No podía contar una historia así y terminar en una calle sin salida. El final es redentor, optimista. Tiene que haber una luz al final del túnel».
Le pregunto qué espera que ocurra cuando alguien cierre el libro. Su respuesta es directa: «Es un compromiso de mi generación. Nosotros lo vivimos como algo normalizado. Ahora se puede denunciar. Lo que quiero es que quien termine la novela no diga nunca más «»no pasa nada»».
«Que nadie vuelva a decir: no pasa nada».
Porque en esa frase aparentemente inocua se condensa la herencia más peligrosa: la del silencio.
El niño que heredó el silencio no busca incomodar por provocación. Busca incomodar para despertar. Y en ese gesto hay algo más que literatura: hay una toma de posición. «Esto se terminó», dice Vierci. «No puede seguir así».
Y quizá, precisamente por eso, esta novela no habla solo del pasado. Habla del presente. Y del tipo de adultos que decidimos ser.